viernes, 2 de junio de 2017

INFORMACION, SOCIEDAD Y SISTEMA POLITICO

Jorge Gómez Barata

Un sujeto genuinamente informado es política y socialmente activo, y culturalmente avanzado. Por el contrario, la desinformación desestimula el activismo político, anula las posibilidades de participación, afecta el debate social, y empobrece la cultura política. A eso y más conlleva el secretismo que rige la política cubana, y que es mayor en la medida en que los asuntos son de más interés e importancia.

Cuando la falta de información alude no solo a asuntos de seguridad nacional, o a procesos en los cuales cierta discreción se justifica, sino que abarca todo el acontecer, incluso sucesos triviales; afecta también a las personas que ocupan altas funciones y puestos decisorios.

La prensa es el más eficaz, universal, imparcial y confiable de los mecanismos de difusión para  todas las categorías de personas. Al llegar a sus despachos, los ministros, parlamentarios, altos jefes militares, incluso el presidente procuran la prensa para enterarse de las novedades que necesitan o les interesan. Cuando no las encuentran andan a ciegas, o dependen de mecanismos, personas, u órganos que al filtrar las noticias y comentarios que les trasmiten, están en condiciones de seleccionar e incluso de manipular.

La desinformación genera ignorancia y es particularmente dañina para el sector académico. Los maestros y profesores, incluso los catedráticos universitarios de más alto rango, no pueden enseñar lo que no conocen, ni incluir en sus argumentos informaciones que no poseen. Así le ocurre también a los autores de libros y textos, incluso a los periodistas que también han de enterarse.

Un brillante y audaz periodista cubano conduce un programa llamado: “Pasaje a lo desconocido” de eso y más se trata el periodismo, lo otro es hacer proselitismo, rumiar conceptos, algunos de ellos desfasados y predicarle a los conversos.   

Es especialmente inaceptable la potestad de los operadores políticos para decidir cuales sucesos o asuntos de interés sectorial pueden o no ser conocidos. Las personas que se dedican a la moda, la cosmetología, o la farándula, tienen derecho a recibir y obtener información sobre esos asuntos al margen de que las autoridades los consideren banales o intrascendentes. Lo mismo ocurre con los ciudadanos que gustan del beisbol o el boxeo profesional y otra multitud de asuntos.

Obviamente el estado tiene derecho a dictar determinadas políticas informativas en las áreas y asuntos que le conciernen, y sobre los cuales tiene jurisdicción, también los periódicos y otros medios de difusión cuentan con prerrogativas para establecer perfiles y políticas editoriales, aunque todo eso tiene límites. Los hechos sociales y su difusión son “bienes sociales”, “patrimonio público” sobre los cuales ninguna persona o institución tiene derechos de propiedad. Los funcionarios son custodios de la información, no sus dueños. 

El éxito de los esfuerzos por el perfeccionamiento de la sociedad cubana pasa por la actualización y modernización de los procesos comunicacionales e informativos, en la cual la prensa no es objeto, sino sujeto. Una prensa mejor debería preceder al mejoramiento de las instituciones y contribuir al mismo.

Para hacer más eficaz su trabajo, los periodistas, profesionales responsables, moralmente solventes, preparados y especializados para ejercer la opinión, necesitan de mayor autonomía y libertad. No se trata de la manida discusión acerca de la libertad de prensa, ni de una libertad especial, ni el resultado de una conquista gremial.

Los periodistas necesitan de la misma libertad de que disponen los escritores, poetas, pintores, escultores, diseñadores, arquitectos y otros profesionales cuya labor es esencialmente creadora. Al respaldar con su firma, su imagen, o su voz sus criterios, los periodistas se someten al escrutinio de millones de personas que los distinguirán y los preferirán por su competencia profesional, el apego a la verdad, la capacidad para comprender a sus semejantes, su vocación de servicio y el valor para enfrentar los poderes.

Una prensa mejor, más abierta y competente, contribuirá a reforzar los consensos sociales y a la forja de una sociedad más culta y protagonista, reforzará el sistema político, mejorará el funcionamiento de las instituciones y hará más feliz al pueblo. Allá nos vemos.

La Habana, 30 de mayo de 2017


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