martes, 13 de junio de 2017

LAS DIMENSIONES DE UN HECHO

Jorge Gómez Barata

Sin desdorar otras opciones, el discurso anticapitalista de cierta izquierda latinoamericana es  pertinente en tanto se refiere a la injusticia social, la explotación conducente a la depauperación de la clase trabajadora y generadora de pobreza y exclusión. No ocurre lo mismo cuando la propuesta demanda la destrucción del sistema en su conjunto, incluyendo el modo de producir y administrar los procesos económicos.

El perfil socialista de una sociedad es determinado por el modo como el estado, es decir, el poder político, mediante combinaciones, presiones, alianzas y actos jurídicos legítimos, es capaz de imponer la justicia social, organizando la distribución de la riqueza social de modo justo. Obviamente para distribuir con justicia como quiere el socialismo, es preciso producir con eficiencia, como hace el capitalismo.

En los últimos 150 años, respecto al capitalismo han ocurrido: tres procesos:

  1. Los bolcheviques lo liquidaron y establecieron la economía estatal y un modelo político llamado dictadura del proletariado, sustituido después por otro denominado “estado de todo el pueblo”. Ese modelo se exportó a una decena de países europeos, y a China, Mongolia, Vietnam y Cuba. En 1960 la mitad del mundo era socialista.

  1. En varios países de Europa Central y Escandinavia, la socialdemocracia logró “administrar” el capitalismo para, mediante mecanismos legales y económicos, instalar los llamados “estados de bienestar”. Con otro formato, otra filosofía, y otro modelo político, China y Vietnam han avanzado en el empeño por aprovechar las ventajas del modo de producir del capitalismo para practicar el socialismo.

  1. En la Unión Soviética y los países ex socialistas, donde el capitalismo había sido descartado presuntamente de modo irreversible, fue restablecido. Como para poner en solfa la teoría de la lucha de clases, el tránsito no fue realizado por la clase burguesa, que tampoco asumió el poder por el simple hecho de que no existía. En aquellos lares el capitalismo fue reconstruido por las mismas personas que operaban el socialismo de estado, que dicho sea de paso, todavía gobiernan, el más conspicuo de sus representantes de es Vladimir Putin.

En esta categorización, derivada de la observación y del sentido común y no de conclusiones científicas, omito a Estados Unidos, porque se trata de un capitalismo “particular”, no por sus formatos económicos sino por un modelo político que le ha proporcionado desplegar potencialidades y sumar contradicciones que no existen en ninguna otra parte

En China y Vietnam, donde no se renuncia al predominio de la propiedad estatal, mantienen el modelo político de matriz soviética, han adoptado prácticas productivas, métodos gerenciales, y opciones financieras propias del modo de producir del capitalismo, sin por ello menoscabar las políticas sociales socialistas, ni ceder el control del poder que detentan los partidos comunistas. Aunque a su aire: “Sin prisas ni pausas” Cuba recorre esos caminos, por cierto trillados.

Cuando, como ocurre en América Latina, no se desarrollan instituciones estatales capaces de imponer al capital reglas asociadas al bien común, no se aplican políticas laborales y sociales que aseguren el bienestar popular, ni se observan los preceptos democráticos y el estado de derecho. No sólo es salvaje el modo de producción, también lo es el modelo político en su conjunto. No sucede así allí donde la evolución ha marchado por otras caminos.

En cualquier caso: “La verdad es mezcla” No es una sentencia, es un credo. Allá nos vemos.

La Habana, 11 de junio de 2017


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