viernes, 23 de junio de 2017

LAS FAR EN LA ECONOMIA. LO QUE TRUMP IGNORA

Jorge Gómez Barata

La Revolución en Cuba la realizó el Ejército Rebelde que rápidamente se transformó en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y aunque ello no promovió una tendencia militarista, confirió considerable relevancia al estamento militar. A ello contribuyó la agresividad de Estados Unidos que obligó a dar prioridad a la defensa.

La prioridad hizo que las entidades militares y las tropas fueran conducidas por los principales comandantes y los cuadros más calificados, recibieran los mayores recursos y contaran con un temprano asesoramiento soviético, lo cual les permitió desarrollarse y tomar ventaja como la más calificada y competente institución del estado cubano. Los métodos, las exigencias organizativas y las regulaciones de la actividad militar contribuyeron a ello.

La primera relación de las FAR con la economía nacional fue como cantera de cuadros. Muchas personas, jefes, ingenieros y técnicos, al servir en las fuerzas armada adquirían formación profesional, conocimientos, habilidades organizativas y capacidad de dirección que se necesitaban en la economía estatal que, como resultado de las nacionalizaciones y los programas de desarrollo, se expandía rápidamente. 

La fuga de talentos resultante de las políticas migratorias estadounidense y otros procesos nacionales, generaron escases de personas cualificadas y crearon espacios que era preciso llenar.

Por otra parte, el crecimiento de las fuerzas armadas cubanas en sus tres ramas (tropas terrestres, aviación, marina) creó la necesidad de estructuras técnicas y profesionales capaces de realizar tareas duales (de aplicación militar y civil) como: construcciones de campamentos, pistas, bases, túneles, vías de comunicación, refugios, transportes terrestres y aéreos, combustibles.

El crecimiento del número de tropas y su especialización requirió la organización de aparatos de intendencia, abastecimiento, economía, contabilidad y administración. Con el desarrollo surgió una vasta red de centros de enseñanza militar y de salud, talleres, imprentas, instalaciones para vivienda, recreación, descanso, actividades culturales, atención médica del personal militar que en no pocos casos incluía a sus familias. 

A esas realidades es preciso sumar la necesidad de aparatos de planificación capaces de estudiar y prever las necesidades del estamento militar, calcular las necesidades, administrar los convenios de colaboración con la parte soviética y realizar tareas afines. De alguna manera, en su propia actividad, las FAR se convirtieron en una poderosa y eficaz organización económica que formó y aportó miles de sus cuadros.

Tanto es así que hubo un momento en que aquellas actividades duales, crecieron tanto que en las fuerzas armadas ocurrió una operación inversa a la que ahora se le critica y aquellas dependencias asumieron formas de organización, administración y gerencia propias de la vida civil, dando lugar al nacimiento de las empresas militares que, en cierto momento, adquirió una independencia relativa respecto a los mandos operacionales estrictamente militares.

Por lo general los operarios y las direcciones intermedias de estas dependencias son trabajadores civiles.

Eventualmente, en situaciones de contingencias o emergencias, el país demandaba la participación de las FAR en grandes tareas de construcción, cosechas y otros trabajos eventuales, como ocurre en muchos países donde las estructuras militares circunstancialmente se vinculan a tareas asociadas con necesidades del país y de la población. 

Hasta donde puedo percibir, la más reciente e institucionalizada participación de los militares en la operación de la economía nacional son paliativos asociados a la administración de la crisis derivada de la caída de la Unión Soviética, asistencia para la transición del modelo económico y, dado la importante reducción de las fuerzas armadas, aprovechar estructuras creadas que habían mostrado eficiencia.

En realidad, la presencia militar en la economía tuvo siempre un carácter eventual. Nunca nadie ha pensado que la economía nacional pudiera ser manejada desde estructuras castrenses ni en la militarización del trabajo. La conducción centralizada de la economía es una premisa del socialismo en Cuba.

Debe observarse que las instituciones y los mandos militares no intervienen para nada en la planificación de la economía nacional, asumiendo un papel puramente operativo en calidad de ejecutores. En los lineamientos como tampoco en la conceptualización del modelo del desarrollo económico, no se le concede relevancia alguna.

Por otra parte, la absoluta centralización en el manejo de los recursos, especialmente del dinero, impide que ninguno de los eslabones, excepto las instancias superiores, puedan captar ningún porcentaje de los ingresos ni disponer de ellos. Los lucros de todas las empresas cubanas engrosan los fondos del estado que dispone de ellos mediante procedimientos usuales. Trump puede estar tranquilo. Allá nos vemos.

La Habana, 23 de junio de 2017

El presente artículo fue originalmente en el diario Por Esto. Al reproducirlo favor indicar la fuente.


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