viernes, 9 de junio de 2017

LIDERAZGOS Y RUPTURAS

Jorge Gómez Barata

Los veteranos y los sobrevivientes de la II Guerra Mundial, así como las generaciones de posguerra en Europa Occidental y Oriental, Japón, China,  Corea e Israel, y los países afroasiáticos beneficiados con la descolonización, crecieron bajo los paradigmas ideológicos, la ayuda económica, la protección militar y el respaldo político de alguna de las superpotencias.

Las enormes capacidades militares y la agresividad de Alemania y Japón, que bajo las banderas del fascismo, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo y los afanes de conquistas territoriales, exigieron de Estados Unidos y la Unión Soviética un esfuerzo bélico sin precedentes y que concitó la admiración de la humanidad. Al finalizar la guerra, Roosevelt y Stalin eran líderes mundiales extraordinariamente populares.

El enorme capital político acumulado por el desempeño de norteamericanos y soviéticos en los campos de batalla y la actitud de colaboración con sus aliados y ex enemigos, de lo que fueron expresión el Plan Marshall y la asistencia de la Unión Soviética a los países de Europa Oriental, China, Corea y Mongolia dio cohesión a los dos grandes sistemas mundiales. 

A la solidaridad económica, ambas partes sumaron las exigencias en materia de defensa y seguridad, derivadas de las circunstancias de la Guerra Fría, que requirió el rearme y la formación de grandes ejércitos europeos y asiáticos, y sobre todo, “el paraguas nuclear”, lo cual conllevó a enormes gastos, particularmente onerosos para la Unión Soviética, obligada a sacrificar metas asociadas a su desarrollo nacional.

Para Estados Unidos la II Guerra Mundial fue como una “edad de oro”. Al prestigio derivado de sus éxitos económicos, su liberalismo y su trato a la emigración, se sumó la prosperidad de la posguerra. En esos procesos consolidó su liderazgo en occidente que se amplió al sumar al coro a Japón, Corea del Sur, Taiwán, Israel e Irán. Con la OTAN Europa cedió su independencia militar a cambio de la protección por Estados Unidos. A Washington le encantó la fórmula. Lo mismo ocurrió con la Unión Soviética y sus satélites.   

Como parte de una dinámica desplegada en la guerra y la posguerra, intensificada después del colapso soviético y el restablecimiento del capitalismo en Rusia, los países ex socialistas y ex soviéticos y un creciente número de estados emergentes; a lo cual se sumó China, a la vez cliente y proveedor de Estados Unidos, se concretó un proceso de globalización de alcance planetario.

Favorecido por numerosos acuerdos, tratados de libre comercio, compromisos diversos, el funcionamiento de la Unión Europea, la  Organización Mundial de Comercio y por el desarrollo de nuevas tecnologías y los avances en las facilidades de transporte, se reforzó el complejo tejido de la economía global de lo cual, Estados Unidos, mayor economía mundial, es un elemento clave.

En esa dinámica comenzaron a esbozarse nuevos esquemas de liderazgo  mundial compartido, a lo cual, sorteando avatares como las guerras contra el terrorismo, las administraciones norteamericanas fueron adaptándose para, además de extraer ventajas económicas y políticas, ejercer un protagonismo en la solución de los problemas globales, empeño en el cual la contradictoria administración de Barack Obama mostró cierto virtuosismo.

El nuevo presidente, Donald Trump ha expresado puntos de vistas diferentes y variables, adoptando decisiones difíciles de comprender. Entre  ellas figuran la cancelación del Tratado Transpacífico, la crítica al TLCAN o NAFTA y más recientemente la retirada del Acuerdo de Paris sobre Cambio Climático, todas de enorme consecuencias y pronóstico reservado.

Estados Unidos puede separarse del mundo que había contribuido a construir, retar a Europa, desafiar a China y Japón o colisionar con Rusia, lo que no puede hacer es pretender que continúen apreciándolo como a un aliado y acatándolo como a un líder.

Existe el riesgo que en lugar de descubrir un nuevo camino, los Estados Unidos se internen en un ramal ciego o avancen por una vía que no conduce a ninguna parte. Ojalá sepan lo que hacen. Allá nos vemos.

La Habana, 06 de junio de 2017

El presente artículo fue originalmente publicado en el diario Por Esto


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