domingo, 25 de junio de 2017

NUEVO PRETEXTO PARA MÁS BLOQUEO

Jorge Gómez Barata   

“En Hegel ―dijo Federico Engels― no son falsas las respuestas, sino las preguntas”. A partir de premisas erróneas, inevitablemente se arriba a conclusiones equivocadas. No importa si se hace en Washington, La Habana o cualquier otro lugar donde se trate de: “Hacer las cosas del mismo modo y esperar resultados diferentes…” Donald Trump acaba de descontinuar la más inteligente de las estrategias aplicadas por Estados Unidos contra Cuba, para retomar la más absurda.

Años atrás, la dirección cubana llegó a la conclusión de que el modelo socialista vigente en la Isla, en su diseño original, no funcionaba, y era preciso transformarlo, lo cual parece posible en lo que se refiere a su base, que es la propiedad estatal y social, y a las esencias del sistema político, pero no al modo de gestionar la economía, el ordenamiento institucional y la cosa pública en general.

El esquema de la gran empresa estatal socialista, regida por la planificación centralizada y dirigida verticalmente por el gobierno desde los ministerios u otras organizaciones parecidas no tiene futuro, porque el pasado dio su veredicto. Se trata de un esquema que fracasó en la Unión Soviética y en otra decena de países europeos, que persistieron en el empeño durante más de medio siglo.

Una conclusión así no significa proponer un retroceso hacia el restablecimiento de la propiedad privada, cosa que no han hecho China ni Vietnam, sino explorar otros modos de gestionar la economía, comenzando por encontrar o aplicar fórmulas capaces de armonizar la propiedad estatal con la eficiencia. La base de la economía puede ser estatal, pero la gestión y la administración, así como el reparto de los lucros puede ser diferente.

¿Por qué la lógica de colocar una empresa de propiedad estatal bajo gestión extranjera mediante un contrato de administración, como ocurre en la industria hotelera, no puede aplicarse en los centrales azucareros, las plantaciones de cítricos, las granjas avícolas o la crianza de ganado mayor; y por qué el esquema de gestión privada, que se acepta a un asociado foráneo, no puede extenderse en idénticos términos a un consejo de dirección estatal o privado, integrado por nativos y que funcione con total autonomía?

Es curioso como el error no tiene fronteras ideológicas, a Donald Trump y a sus asesores les preocupa no el carácter estatal de las empresas cubanas, sino quién las administra, y el modo como son gestionadas. Uno no se explica qué diferencia percibirán ellos en el hecho de que una empresa estatal cubana sea administrada por entidades de los ministerios de economía, construcción, industria, turismo, o de las fuerzas armadas

En una conferencia en la que ayer participé, renombrados especialistas sostuvieron el criterio de que Obama y su administración “renunciaron a cambiar a Cuba”, para permitir a Cuba “cambiar por sí misma”. Obviamente se trata de un pensamiento excesivamente sofisticado e inalcanzable para Trump y su corte de aduladores.  

La estrategia de Obama para influir en la evolución cubana con las relaciones, el comercio, y los intercambios, era una apuesta que, según su juicio, podía tener éxito; mientras la línea de Trump es la del fracaso asegurado. No porque alguien lo diga, sino porque la historia lo demuestra. No aprender del pasado conduce a repetir, una y otra vez, los mismos errores.

Hostilizar a Cuba porque sus militares participen en la construcción de hoteles e infraestructuras, o en la administración de algunos, es un pretexto para más bloqueo. La verdad es que siempre estuvieron allí. Allá nos vemos.

La Habana, 25 de junio de 2017

El presente artículo fue originalmente en el diario Por Esto. Al reproducirlo favor indicar la fuente.


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