lunes, 19 de junio de 2017

SIN ESTADOS UNIDOS SE PUEDE

Jorge Gómez Barata

Nunca tuve demasiadas expectativas respecto a la presentación del presidente Donald Trump. Era obvio que no sería para bien. Me interesan mucho más los pronunciamientos de los dirigentes cubanos, principalmente los que provienen de los operadores de la economía y del presidente Raúl Castro que marcan las pautas de las políticas internas.

Si bien la distensión y los progresos en la normalización de las relaciones con Estados Unidos, en la medida en que aflojan el bloqueo, favorecen los procesos internos de Cuba, principalmente los de naturaleza económica, la dinámica política y social en la Isla no depende de las relaciones con Estados Unidos.

El perfeccionamiento de la sociedad cubana con punto de partida en las reformas del modelo económico, es endógeno y aunque funcionalmente la economía cubana ha sido influida por el bloqueo estadounidenses, sus estructuras no dependen de la asociación con los Estados Unidos y los pasos que se dan en su evolución, obedecen a necesidades y conclusiones propias, previas al inicio de las gestiones que condujeron a los avances en las relaciones bilaterales.

El bloqueo estadounidense, sostenido por más de medio siglo, ha tenido consecuencias devastadoras sobre la economía cubana, especialmente en los últimos 25 años cuando la isla se vio privada de la complementación y la asistencia soviética y afrontó una crisis económica como ningún otro país del hemisferio.

En ese momento se hizo evidente que, privado de los apoyos externos, el modelo económico basado en la economía estatal pura, y en la centralización y verticalidad total, no resultaba viable y en las condiciones y las dimensiones de la economía nacional, existían espacios que podían ser llenados por la inversión extranjera y la actividad económica privada.

Entonces se autorizó el trabajo por cuenta propia que ahora evoluciona hacia la formación de pequeñas y medianas empresas privadas y cooperativas que pueden constituir un dinámico sector no estatal.

Al encuentro de esos procesos, a mi juicio manejados con excesiva cautela, vino la correcta apreciación del presidente Barack Obama acerca del fracaso de las políticas de bloqueo, aislamiento y agresión practicadas por las administraciones estadounidenses desde 1959, lo cual conllevó a algunas medidas que promovieron ambientes propicios, constatados por el presidente, el Secretario de Estado, así como por decenas de funcionarios y expertos estadounidense de alto rango que han visitado la Isla.

No obstante su ridícula e indecorosa exhibición de poder, el presidente Donald Trump puede estorbar ciertos procesos, aunque no cancelar la tendencia a la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y, menos aún, paralizar los procesos de perfeccionamiento y desarrollo de la economía cubana que, pese a sus enormes dificultades, posee su propia dinámica, puede encontrar caminos y opciones y se alimentan de sus propios éxitos.    

La respuesta del gobierno cubano a la burda agresión, no sólo hace honor a la palabra empeñada y deja abierta todas las puertas para negociar, incluso con esta administración, sino que alienta los movimientos internos. Tengo la certeza de que, en lugar de paralizar el perfeccionamiento en curso, la nueva y agresiva política anunciada por Trump, lo estimulará y como otras veces, los cubanos lograran cambiar el signo de ciertos acontecimientos para, incluso, convertir reveces en victorias.

No comerciar con Estados Unidos es un obstáculo, pero no depender de ellos es una conquista. Con relaciones más o menos normales, Cuba podía avanzar de modo más sosegado y quizás más rápido, pero sin ellos, también puede hacerlo. Allá nos vemos.

La Habana, 19 de junio de 2017

El presente artículo fue originalmente en el diario Por Esto. Al reproducirlo favor indicar la fuente.


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