lunes, 31 de julio de 2017

Centenario Bolchevique. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué?

Jorge Gómez Barata

La Revolución Bolchevique de 1917 no solo es el más trascendental evento político del siglo XX, sino el más sui generis cuya excepcionalidad emana del escenario formado por la sociedad rusa. Se trata de la única revolución cuyo programa fue una ideología, la única que no necesitó apelar a las masas para alcanzar el poder político, y que triunfó en la capital para luego extenderse por el país.

El relampagueante éxito de Lenin se explica no solo por la capacidad de convocatoria de sus ideas, sino por la pertinencia de un enfoque que convirtió en capital político el enorme descontento de la sociedad rusa, que se hizo insoportable para todos los sectores sociales.

En octubre de 1917 confluyeron tres eventos: la “Revolución de 1905”, que introdujo la DUMA (parlamento). La “Revolución de Febrero,” que forzó la abdicación del zar y la disolución del Imperio, y naturalmente la Primera Guerra Mundial. Del resto se encargó la vanguardia bolchevique que, por medio de los soviets movilizó a los trabajadores de la capital, y sublevó parte de la guarnición de Petrogrado para hacerse con el poder de un modo rápido e incruento.

No fue como a veces se afirma un golpe de estado al Gobierno Provisional, aunque tampoco un movimiento generado exclusivamente por la labor política de los bolcheviques, sino una peculiar conjunción de factores. En cualquier caso, lo cierto es que Lenin y sus compañeros no tuvieron que elaborar un consenso nacional.

Se trató de una revolución desplegada desde un extremo del espectro político, y que al apelar a la alianza obrero–campesina, descartó las corrientes políticas no bolcheviques, las clases medias, y la intelectualidad, promoviendo el establecimiento de la “dictadura del proletariado”, enfoques que provocaron el pánico y la ira de la burguesía liberal, la nobleza, y los caciques locales, que apoyados desde el extranjero, desataron una vasta y cruenta cruzada contrarrevolucionaria.

 Se trata de un proceso que en un país multinacional, multiétnico y confesionalmente plural, prescindió de alianzas y compromisos con otras fuerzas políticas lo cual, en parte explica el clima de desconfianza que dio lugar a la represión y a las luchas internas, primero contra Trotski, y luego contra cualquier manifestación de disenso, incluso contra las opiniones diferentes.

Stalin, poseedor de un férreo carácter y de una extraordinaria determinación, rasgos imprescindibles en las circunstancias que enfrentó, incurrió en el error de liquidar a las figuras políticamente más preparadas y cultas, capaces de colaborar de modo eficaz para hacer de la obra socialista un fenómeno participativo, abierto y razonablemente democrático. Sin Lenin y Trotski, pero también sin Kírov, Bujarin, Zinóviev y Kámenev y toda la vanguardia política forjada por Lenin, el proceso bolchevique se privó a sí mismo de toda posibilidad de perfeccionamiento.

Otro error fue el empeño por exportar a China y a Europa Oriental no solo sus modelos de sociedad y sistema político, sino sus soluciones basadas en la imposición y en la homogeneidad ideológica más que en el diálogo con diferentes fuerzas sociales y corrientes de opinión, opción nunca acatada en ninguna parte, y que condujo a los sucesos de Hungría, Polonia y Checoslovaquia, y a los disensos de Yugoslavia y Albania.

A todo ello se sumó el establecimiento de un modelo económico y político improvisado, sin experiencias que lo avalaran ni bases científicas, sustentado en intuiciones y sentimientos humanitarios que dieron lugar innovaciones tan audaces como la entronización de la exclusividad de la propiedad estatal, la colectivización de la tierra, la planificación centralizada, la dirección vertical, incluso a la supresión de la democracia y el traslado a la economía del centralismo democrático.

El autoritarismo y el dogmatismo convirtieron la necesidad en virtud y aquellas formulas fueron sacralizadas y aun hoy hay quienes, de buena fe, las defienden como artículos de fe.   
 
En todo ello tuvo un extraordinario significado la hostilidad, la oposición, los bloqueos y los sabotajes, que durante setenta largos años impulsó occidente contra la URSS, a lo cual se sumó el desgaste que significó la Guerra Fría y la carrera de armamentos, lo que obligó a relegar prioridades del desarrollo económico y social y las demandas del pueblo.

Un factor decisivo fue la ausencia de democracia, que privó al partido y al país del aporte de sus ciudadanos y militantes, así como de la intelectualidad y la academia, dando lugar a la demora y a la incapacidad para introducir reformas y perfeccionar el sistema. El conjunto explica el colapso. Allá nos vemos.

La Habana, 30 de julio de 2017


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