jueves, 6 de julio de 2017

CENTENARIO BOLCHEVIQUE. REALIDADES Y MITOS

Jorge Gómez Barata

A diferencia de otras formaciones sociales surgidas del proceso histórico el socialismo es una creación intelectual, un mega proyecto en el cual se mezclan seculares sueños de justicia social con la conceptualización realizada por Carlos Marx, que lo dotó de criterios científicos. Aunque considerablemente modificada, los bolcheviques trataron de insertar aquella narrativa en la realidad rusa, europea y mundial.

Carlos Marx, que por primera vez utilizó el término “capitalismo” para denominar el modo de producción vigente en la época en que realizaba sus estudios, acuñó también los términos socialismo y comunismo, para nombrar otras fases del desarrollo histórico por las que, según su credo, pasaría la convivencia humana hasta rebasar la etapa caracterizada por la explotación del trabajo asalariado por el capital, lo cual consideró una especie de prehistoria. 

Según su punto de vista, semejante mutación sería producto de la acumulación de circunstancias económicas y sociales, principalmente por el desarrollo de las fuerzas productivas, y como antes había ocurrido con el feudalismo y el capitalismo, tendría lugar de modo más o menos simultaneo en los países más desarrollados de Europa.

El pensador alemán no fue un subversivo en el sentido moderno de la palabra, no militó ni encabezó partido alguno, nunca conspiró ni actuó clandestinamente, tal vez lo hubiera sorprendido saber que el camino que conduciría a la nueva época histórica que avizoró, pasaría por una aniquiladora guerra civil que arruinaría la economía.

Para él, el socialismo era una categoría histórica, una nueva formación social, que mediante sucesivas mutaciones, sustituiría al capitalismo. En esencia, lo que avizoró no fue la revolución en un país, sino una época de revolución social.

Las cosas no ocurrieron así. A mediados del siglo XIX, a partir de una matriz marxista, el pensamiento social se bifurcó en tres grandes corrientes críticas del capitalismo.  La más radical fue el comunismo, que acogió la idea de que el capitalismo podía ser liquidado por vía de la lucha de clases, y la democracia liberal sustituida por la dictadura del proletariado. La socialdemocracia y el pensamiento social cristiano, auspiciado por el papa León XIII, asumieron opciones reformistas que no se planteaban liquidar al sistema, sino mejorarlo.

En 1899 Alexander Millerand se transformó en el primer socialista en desempeñarse como ministro en un gobierno burgués europeo, y en 1914 los partidos socialdemócratas europeos se aliaron a la derecha nacionalista, y votaron a favor de los créditos para la Primera Guerra Mundial. En medio de aquel conflicto triunfó la Revolución Bolchevique, que implantó la dictadura del proletariado en Rusia.

La muerte de Lenin y el encumbramiento de Stalin, quien aunque sostuvo el proyecto revolucionario y lo hizo avanzar, entronizó deformaciones que el socialismo no logró resolver, y que andando el tiempo, lo condujeron al colapso que puso fin a la existencia de la Unión Soviética y del llamado socialismo real.

En el contexto de los años noventa, el triunfalismo de la derecha conservadora entronizó el neoliberalismo, y atentó contra los estados de bienestar que el reformismo socialdemócrata había logrado edificar, y que en parte ha podido sobrevivir.

La situación mundial contemporánea se ha matizado diferenciándose de los grandes debates ideológicos del siglo XX, y planteándose problemas enteramente nuevos, entre ellos la lucha por la justicia social, contra la pobreza y la exclusión, y por el desarrollo y el progreso general.

De momento las formulas moderadas, que utilizando las herramientas institucionales disponibles, incluso la vía electoral, como ocurre en América Latina, y el perfeccionamiento de los regímenes socialistas sobrevivientes en China, Vietnam y Cuba, donde se auspician reformas tendientes a la apertura y la democratización, son no solo la única sino la mejor opción. Un mundo mejor es posible, pero ha de ser conquistado con los recursos disponibles y con tácticas políticamente rentables. Los hechos están a la vista. Allá nos vemos.

La Habana, 04 de julio de 2017

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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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