sábado, 29 de julio de 2017

CUBANOS EN ESTADOS UNIDOS Y POLITICAS HACIA CUBA

Jorge Gómez Barata

Desde 1959, los líderes del exilio, así como los congresistas, intelectuales y empresarios cubanos radicados en Miami, con la excepción de algunos académicos y periodistas, trataron de aproximarse a la Casa Blanca, al Congreso y a otras agencias, para medrar en la formulación de políticas contra la Revolución Cubana. Los que más avanzaron fueron los congresistas, senadores y alcaldes. La pionera fue Ileana Ros-Lethinen, seguida por Lincoln Diaz-Balart.

En cuanto al Senado, el debut fue de Melquiades (Mel) Martínez, Senador por Florida quien junto a Carlos Gutiérrez fue de los pocos que han desempeñado altos cargos en la administración, el primero como Secretario de Desarrollo Urbano y el otro de Comercio. Como alcaldes hicieron lo suyo, Raúl Martínez en Hialeah, Tomas Regalado y Joe Carollo, Manuel (Manny) Díaz y Xavier Suárez en Miami.    

Por la rama del anticastrismo directo, bregaron cientos de personajes y organizaciones. Por esa ruta anduvieron Raúl Masvidal y Jorge Mas Canosa que, apoyados por Richard Allen, en 1981 constituyeron la Fundación Nacional Americana, un club de millonarios cubanos que fue la más eficaz organización de lobby y acción, incluso terrorista contra Cuba. No puedo asegurar que Mas Canosa haya tenido una influencia real o decisiva en la elaboración de políticas contra Cuba.

En esa dinámica, a fines de los años setenta, se abrió un paréntesis cuando, Fidel Castro, se percató de ciertos matices presentes en el discurso y el comportamiento hacia el país de algunos elementos de la comunidad cubana en Miami que los diferenciaban de terroristas y alcahuetes, por lo cual promovió y encabezó los diálogos de 1978, hasta hoy el más fecundo y productivo de los eventos entre la nación y la emigración.

Los diálogos de 1978 se mencionan en plural porque hubo dos. Los encuentros de Fidel con un grupo de exiliados entre los cuales estuvieron Bernardo Benes, Jorge Roblejo Lorié, Manuel Espinosa, Manuel Viera, Eduardo Ruedas, José Reyes y otros y el encuentro fraterno y emotivo con un contingente de jóvenes integrantes de la Brigada Antonio Maceo entre los cuales figuraron Lourdes Casal, Francisco Aruca, Andrés Gómez, Rafael Betancourt con los cuales Fidel confraternizó y a los que apoyó resueltamente.

Otro momento tuvo lugar en los años noventa cuando en medio de la incertidumbre creada por la debacle del campo socialista, el recrudecimiento del bloqueo y el Período especial, al decir de Nicolás Ríos: “Los moderados debutaron en sociedad…” y se creó una situación en la que un grupo de personas de la comunidad relanzaron el diálogo y la aproximación respetuosa y constructiva al país y al proceso revolucionario entre los cuales, recuerdo  además del propio Ríos, a Amalio Fiallo, Lorenzo Gonzalo, Lázaro Fariñas, Ángel Fernández Varela, Francisco Aruca, Orlando Lastre, Luis Ortega, Max Lesnik, Xiomara Almaguer y Eddy Levy, Roberto Solís, y otros muchos, incluyendo a Eloy Gutiérrez Menoyo.

Si bien ninguna de estas personas disfrutaba de influencia en el Congreso o las administraciones, sí la tenían en la sociedad miamense de la época en la cual, con la atrevida candidatura de Magda Montiel, se intentó llevar al Congreso Federal a un representante cubano que no fuera contrarrevolucionario, objetivo todavía por alcanzar.

Hasta donde se puede suponer, Bernardo Benes respecto a la administración de James Carter y Carlos Gutiérrez, ex Secretario de Comercio que apoyó las políticas de Obama hacia Cuba, no parece haber otros cubanos prominentes que aprovecharon su acceso a la Casa Blanca para promover políticas no hostiles ni agresivas contra Cuba.

Recientemente Iroel Sánchez, una destacada figura política cubana y de los más influyentes blogueros en la Isla, en un artículo publicado en la Pupila Insomne, reveló que el joven académico cubano Arturo López-Levy: “…Diseñó para la New American Foundation en 2011 lo que devino la estrategia obamista en la Isla, de búsqueda de los mismos objetivos con nuevos métodos…”  

De este modo, López-Levy parece ser el único cubano que logró clavar “una pica en Flandes” convirtiéndose en la figura que, en lo que respecta a las políticas hacia la Isla ha logrado alcanzar una mayor influencia. Con todas las merecidas críticas que puedan hacerse a quienes asistieron al presidente Obama en la elaboración de sus decisiones respecto a Cuba, hicieron más beneficio que daño.

Lamentablemente ahora estamos de regreso. La única persona con un barniz cubano que parece tener alguna influencia ante el presidente Trump es Marcos Rubio. ¡Vade retro! ¡En mala hora! Allá nos vemos. 

La Habana, 29 de julio de 2017

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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