domingo, 2 de julio de 2017

EL SILENCIO Y LA PAZ

Jorge Gómez Barata

Después de meses de histeria y bravuconadas; acciones y reacciones, juegos de guerra y amenazas mediante las cuales Estados Unidos y Corea del Norte llevaron la confrontación retorica a límites aterradores o ridículos, durante las últimas semanas ha reinado un silencio casi absoluto. Los portaviones estadounidenses tiraron el ancla y Corea del Norte cesó las peligrosas pruebas con misiles. ¿Por qué? La respuesta es obvia: están negociando.

Por ahora no se sabe dónde lo hacen, quiénes participan ni cuánto tardarán. No obstante, mientras hablan, no pelean y, en algún momento, conoceremos qué acordaron y en qué no lograron ponerse de acuerdo. En cualquier caso, podemos estar tranquilos. Nada puede ser peor que la confrontación con que amenazaban y no habrá guerra porque ninguno puede ganar.

En abril pasado, durante el encuentro de Donald Trump con su homólogo chino Xi Jinping en el exclusivo club y residencia Mar-a lago que, en Palm Beach, posee el presidente estadounidense, ocurrió un hecho político sin precedentes. El jefe de la superpotencia imperial le pidió al mandatario rival que mediara ante las autoridades norcoreanas e interpusiera sus buenos oficios para evitar una confrontación militar.

La encomienda debe haber sido música para los oídos de Xi, no solo por el honor que puede significar, sino porque para la República Popular China es de la mayor importancia frenar la escalada y evitar la confrontación militar. Por añadidura, la tarea carece de mayores complejidades. El presidente chino tiene acceso expedito a la máxima jerarquía norcoreana, autoridad para dialogar con ella y, la utilice o no, posibilidades de presionar.

Por esa misma época, el entonces flamante presidente electo de Corea del Sur Moon Jae-in expresó su disposición de dialogar con el Norte y hacer cuantos esfuerzos fueran necesario, no solo para detener la escalada y la retórica, sino para ir más allá y dar pasos efectivos en la normalización de las relaciones entre dos estados que representan a un solo pueblo. Sus antecedentes políticos lo hacen creíble.

Si bien es extraordinariamente raro que un presidente de Estados Unidos pida a uno de China que medie en un conflicto, también lo es que una funcionaria norcoreana, en este caso, Choe Son-hui, directora para Estados Unidos de la cancillería, que regresaba a su país luego de sostener un intercambio en Oslo con académicos y ex funcionarios norteamericanos, entre ellos Thomas Pickering, ex embajador de Estados Unidos en la ONU y Robert Einhorn, ex consejero para la no proliferación nuclear, declarara: “Si se dan las condiciones apropiadas, podemos dialogar …”

Casi inmediatamente después de tales declaraciones y gestos, llegó el silencio. Ojalá sea un buen augurio. Allá nos vemos.

La Habana, 01 de julio de 2017


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