martes, 18 de julio de 2017

EN CUBA. OTROS SECTORES NO ESTATALES

Jorge Gómez Barata

Siempre supuse que las reformas emprendidas por el presidente Raúl Castro trascenderían los ámbitos económicos, no porque alguien lo quisiera, sino porque nadie puede evitarlo. Las sociedades modernas funcionan como sistemas, y además de por las legislaciones y las directivas, se rigen por su dinámica propia. En esa dimensión, la economía manda, aunque no excluye, sino todo lo contrario, auspicia.  

Seguramente la dirección cubana también lo sabe, pero, de cara a experiencias lamentables como las de la Unión Soviética donde con el agua sucia botaron la criatura, trata de administrar, hasta ahora con éxito, dos fenómenos que por separado son difíciles, y juntos pueden resultar letales: la crisis y la rectificación.

Al unirse en tiempo y espacio la crisis con la necesidad de rectificar, como le ocurre a Cuba, se forma una especie de “tormenta perfecta”, que se torna más grave porque tiene que capear los dos temporales sin su dirección histórica que, por imperativos de la realidad, ha de dejar la escena.

Ello obliga a tomar nota de los posicionamientos sociales, y sobre todo a no desperdiciar ni un minuto en asuntos triviales, entre ellos las discusiones bizantinas, tolerables cuando divierten, e inadmisibles cuando dividen.

La dirección política cubana, en primer lugar, el partido y el estado, han aprendido a convivir y a construir una relación armónica con el sector no estatal de la economía nacional. De modo más discreto, pero eficaz se convive con otros “sectores no estatales” en los ámbitos de la cultura, la información, la imprenta, e incluso la ideología.

En el sector de la cultura han surgido fenómenos tan notables como el cine y el video independientes, ramas exitosas que tienen el añadido de no ser exclusivamente nacionales, porque en ocasiones disfrutan de financiamientos o aportes externos, y de cooperación binacional, y hasta multinacional para determinados filmes o proyectos. Todo ello sin agredir a las políticas culturales vigentes.

En esos mismos ámbitos prosperan agrupaciones musicales, compañías de danza, proyectos privados que brindan espectáculos y servicios fotográficos, de audio, tanto a particulares como a entidades públicas. A ello se suman innumerables establecimientos que realizan reproducciones de discos, filmes, libros, documentos, obras de arte, y casi cualquier trabajo.

Esferas como la moda, los tratamientos de belleza, la cosmetología, la organización de fiestas y eventos, algunas acciones de salud como tratamientos en gimnasios y otras instalaciones, gestionados por profesionales competentes que se formaron en entidades estatales, y han emigrado al sector privado.

Por supuesto no faltan elementos de intrusismo profesional, y emprendimientos insólitos, que la mayoría cree no necesitar, pero que se suman por un lado humano que los acepta, como son curanderos, milagreros y otros de parecido perfil.

En el ámbito de la información han prosperado las plataformas, portales, blog y observatorios, que comienzan a ejercer funciones de fiscalización, difusión y generación de contenidos en prácticamente todos los ámbitos, incluidos las doctrinas económicas, los enfoques filosóficos e ideológicos, y los procesos políticos nacionales e internacionales.

La explosión de creatividad y el ejercicio responsable de libertades en los sectores no estatales ni estrictamente económicos autogestionados, complementan y hacen armónico el éxito y la contribución de los emprendedores, que triunfan en los ámbitos de la producción, los servicios, la agricultura, el arriendo, y decenas de otras actividades.

No me parece correcto asumir, como si fuera un revés, que esta pluralidad significa que el estado y el Partido han perdido el monopolio de las esferas de la cultura, la información, y las ideas, sino de constatar, que responsablemente han dado paso al costado para experimentar también nuevas formas de ejercer la dirección social y política, hacer y dejar hacer. 

De este modo, paulatinamente, la gestión social va convirtiéndose en una empresa conjunta en la cual cooperan el estado y otros actores sociales. Se trata tal vez de un capítulo, por cierto, fecundo, del nuevo contrato social que se gesta.

No hay que lamentar que haya personas que no comprendan estos procesos, tiene reservas con algunos de sus ángulos, especialmente cuando rozan la política y las ideologías. Incluso no es una fatalidad que se opongan vigorosamente. En definitiva, gobernar sin oposición también tiene riesgos. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de julio de 2017

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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