martes, 1 de agosto de 2017

CENTENARIO BOLCHEVIQUE. EL PARTIDO

Jorge Gómez Barata

La hoja de ruta que, sin dinero, tropas, armas ni programa condujo a Lenin desde los estrechos círculos conspirativos en la lejana Suiza a la toma del poder político en la sexta parte del planeta, comenzó por la construcción del partido. 

El marxismo llegó a Rusia alrededor de 1860 y alcanzó auge con la publicación de El Capital en 1872. En 1883 en Ginebra, Suiza Georgi Plejánov y cuatro emigrados rusos, fundaron el Grupo para la Emancipación del Trabajo, de inspiración socialdemócrata. A principios de 1900, Lenin se unió a ellos.

El crecimiento del grupo y la difusión del marxismo dio lugar al nacimiento del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) cuyo primer congreso se efectuó en 1898 y al que Lenin no asistió por encontrarse deportado en Siberia. Al escapar en 1900 y llegar Suiza, reinició la colaboración con Plejánov. 

En 1903, durante el II Congreso del POSDR, en torno a cuestiones tácticas y estratégicas, se definieron dos facciones Bolchevique (mayoría en ruso) y Menchevique (minoría). La primera fue encabezada por Lenin. No se trataba de adversarios, sino de revolucionarios con enfoques teóricos y tácticos diferentes. En la elección del Comité Central los leninistas fueron mayoría. Plejánov trató de conciliar las posiciones con lo cual Lenin estuvo en desacuerdo. Nunca le interesaron las alianzas ni los compromisos.  

La fallida Revolución de 1905, alentó las tendencias unitarias presentes en el III Congreso que, no obstante, cedieron en 1906 cuando Bolcheviques y Mencheviques se reunieron por separado. En 1910 la división se hizo definitiva y por primera vez Lenin (bolchevique) y Trotski (menchevique) estuvieron posiciones teóricas diferentes lo cual no impidió la participación de ambos en la Revolución de Octubre.

En la forja de aquel partido realizada fuera de Rusia, los debates fueron intensos, aunque no masivos, en ellos nunca participaron más de cincuenta personas, entre otras cosas porque Lenin no concebía al partido como una organización de masas, ni como un “club de discusión” sino como una vanguardia, aguerrida, ilustrada y políticamente inflexible. En realidad, un disciplinado estado mayor que en octubre de 1917 contaba con unos cientos de militantes, suficientes para controlar los soviets, verdaderos instrumentos para la toma del poder político.

En su obra ¿Qué hacer?, escrita en 1902, Lenin definió exactamente como quería que fuera el partido y lo que esperaba de él: que fuera clandestino, reducido y regido por el centralismo democrático, lo cual garantizaba la unidad de acción. Sus predicciones fueron exactas. El Partido Bolchevique, fue la más eficaz herramienta para la conquista del poder político y para la defensa de la revolución en sus primeros años. 

En lo que parece haber sido un error capital, una vez en el poder, el Partido, fue convertido en una maquinaria para ejercer el poder, entrenada para obedecer y no para participar, con lo cual perdió contacto con la sociedad, se burocratizó y terminó siendo intrascendente.

El Comité Central bolchevique no pudo impedir el acceso de Stalin al poder a pesar de la oposición de Lenin, ni moderar las actitudes autoritarias, impedir las violaciones de la legalidad socialista ni proteger a sus cuadros de la represión policiaca desde los círculos de poder que presuntamente debía controlar.  

Esos y otros factores explican por qué en una tarde copas, con increíble frivolidad e impunidad, de un plumazo, Boris Yeltsin, disolvió un partido de veinte millones de militantes y doscientas mil organizaciones, sin que hubiera la más mínima reacción. El partido que sirvió para hacer la revolución fue incompetente para defenderla. De aquellos polvos surgirían muchos lodos. Allá nos vemos.

La Habana, 01 de agosto de 2017

 *Este artículo fue escrito para el diario “Por Esto”. Al reproducirlo o citarlo, indicar la fuente.


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