viernes, 4 de agosto de 2017

Cuba: ALGUNOS DESAFIOS DE SU DESARROLLO CIENTIFICO

Por Dr. C. Esteban Morales Domínguez

CESEU
Universidad de La Habana

Las ciencias sociales y humanísticas cubanas, arrastran ciertos desafíos que no son exclusivamente nuestros, y otros, que sí parecen tener sello de ciudadanía. Algunos de esos retos tienen que ver con asuntos tales como: las relaciones entre política y ciencias sociales; las ciencias sociales y la cultura política, la coyuntura y el largo plazo en el análisis de las ciencias sociales. A esos asuntos nos referiremos en otros trabajos, en éste abordaremos lo relativo al vínculo entre las ciencias sociales y las ciencias naturales, especialmente con las   matemáticas. Así como también dedicaremos algún espacio al enfoque científico de la educación superior.

Cuántos de los que ejercen su actividad en el campo de las ciencias sociales y humanísticas, lo han seleccionado huyéndole a las llamadas ciencias naturales y exactas, en particular a las Matemáticas. Si se trata de un profesor, trasmitirá esta herencia a sus alumnos, con la consiguiente reproducción en los mismos de la separación entre las ciencias y de otros prejuicios que nos aquejan. No poco de lo que hoy sufrimos, viene de esos orígenes, así como también de considerar a las ciencias naturales y exactas, erróneamente, como las ciencias “duras”, por lo que el resto serían entonces las “blandas “.

Resulta del todo imposible hacer esa clasificación, nada científica y bastante peyorativa, por cierto. Pero no creo necesario emplear tiempo introduciéndonos a fondo en una polémica sobre la validez o no de esta clasificación, aunque creemos que no es válida.

Sin embargo, de lo que sí estamos seguros, es de qué ciencias como la Historia, la Economía Política, la Sicología o la Sociología, para sólo mencionar algunas de las más representativas y básicas, son más difíciles que algunas de las ciencias naturales y exactas. Habiendo sustanciosa razón para decir esto.

Entre otras importantes razones, porque se trata de ciencias más jóvenes, cuyo cuerpo de conocimientos se estructuró hace apenas 300 años; por no disponer éstas de un laboratorio construible de manera artificial, que les permita comprobar a escalas menores sus experimentos; por tener un gran vínculo con los problemas relativos a la conciencia y la subjetividad, así como  un vínculo  muy estrecho con la política,   y por exigir de una acumulación de conocimientos, investigaciones y comprobaciones múltiples, antes de producir un resultado que sea aceptable científicamente y pueda tener utilidad social.

Por el contrario, las ciencias naturales y exactas trabajan directamente con la realidad objetiva. Aunque ésta pueda no ser apreciable a simple vista. Es posible con relativa facilidad dentro de un laboratorio, reproducir a escala sus actividades y recopilar una información que les permita adelantar los posibles resultados de sus experimentos, antes de que éstos sean llevados a escalas mayores. Es por eso que estas ciencias reciben el calificativo de exactas. Su capacidad de pronosticar los resultados a obtener en sus investigaciones es muy alta, algo muy diferente a lo que ocurre con las ciencias sociales.

No quiere decir lo anterior, que las ciencias sociales y humanísticas, no puedan también construir sus laboratorios (planes pilotos) pero se trataría de una muestra o segmento de la realidad misma y ello resulta mucho más complejo. Por lo que no es posible continuar profundizando en el limitado espacio con que ahora contamos.

La responsabilidad exigida por ambos campos de la ciencia es igual de grande, pero la connotación de sus posibles errores, es muy diferente. No hay dudas de que, si a un ingeniero se le cae un puente o a un físico nuclear le falla un experimento, se podrían producir pérdidas, incluso humanas, irreparables.  Sin embargo, si un científico social comete errores al asesorar una política, sus consecuencias negativas no serían tal vez inmediatas ni tan evidentes, aunque si es probable que pueda sentirse sus consecuencias por un periodo de tiempo mucho más prolongado.

La ciencia en su desarrollo impone retos nuevos de manera continua. Tanto al campo de las ciencias como totalidad como a la sociedad.

Ahora, el desarrollo de la llamada Nanotecnología, nos permite conocer que no es lo mismo observar en el macro que al micro mundo. Ahora sabemos que un componente cualquiera de la “Tabla de Mendeléiev”, puede variar sus propiedades, según se le estudie en la medida macro o en la nano. Lo cual es un descubrimiento que tiende ya a revolucionar la ciencia, pero que también resulta un reto importante a enfrentar, no solo científica, sino también socialmente. Sobre todo, si tomamos en consideración lo que eso representa, entre otros potenciales impactos, para los productores de materias primas de origen natural.

Una de las manifestaciones de las diferencias en los distintos campos de la ciencia, es que, por ejemplo, un físico con un descubrimiento importante, puede obtener el grado de doctor a los 25 años; sin embargo, a un científico social ello le resulta prácticamente imposible.

Tal situación no puede ser equilibrada solo a partir de la capacidad individual, sino que tendrá que ser resuelta tomando como base el desarrollo de las propias ciencias sociales, sus instrumentos de análisis y la velocidad a la que viaja la información; aspecto en el cual, con el desarrollo de la informática, se ha avanzado considerablemente. Todas las ciencias han logrado avanzar mucho en el campo de la obtención y procesamiento de la información, pero para las ciencias sociales y humanísticas, dado el carácter de su objeto de estudio, las ciencias   informáticas, han significado una verdadera revolución en sus posibilidades. Sin que podamos decir aun, que hayamos alcanzado el potencial de aprovechamiento que estas ciencias posibilitan.

Por otra parte, nuestras ciencias sociales enfrentan también el reto de prestar mucho más atención a sus cuerpos científicos básicos, como la historia y la economía política, entre otras, tomando ejemplo de   las ciencias naturales y exactas, que tienen una interconexión mucho mayor con sus ciencias básicas; las matemáticas, la física, la química y la biología. No existe entre estas últimas y el resto de las ciencias naturales y exactas, la desconexión con que frecuentemente nos tropezamos dentro de las ciencias sociales y humanísticas, con sus ciencias básicas, a pesar de que en éstas el tratamiento holístico, multidisciplinario e interdisciplinario y transdisciplinario resulta más necesario y hasta se podría decir que es ineludible.

Es más fácil encontrar entre nosotros a un “científico social” que desconozca la Economía Política, e incluso sienta temor de acercarse al contenido de esta ciencia, que a  un “científico natural” que soslaye a las matemáticas u otras de su campo básico. Al parecer, esto tiene que ver con que un científico natural no puede sobrevivir, por ejemplo, sin las Matemáticas; mientras que un científico social cree que puede arreglárselas sin la Economía Política.

Quiere decir, que hay una mayor conciencia de la conexión que existe entre ciencias básicas y el resto de las ciencias en el campo de las ciencias naturales y exactas, que la que existe en el de las ciencias sociales y humanísticas. Lo cual representa un reto de consideración estratégica, porque descuidar a las ciencias básicas, es como descuidar la piedra angular del edificio de las ciencias y más que ello, su necesaria retroalimentación con los procesos dialécticos de integración y desintegración del conocimiento científico, la producción y aplicación de la ciencia.

Dice el filósofo ruso A.  Meliujin, que la ciencia avanza vertical y horizontalmente en un proceso dialéctico indetenible. No es posible entonces, avanzar en el conocimiento científico, si no es retroalimentando continuamente los campos básicos de la ciencia, las que a su vez reaccionarán produciendo nuevos conocimientos fundamentales. Además, porque estos campos básicos o llamadas ciencias básicas, constituyen la piedra angular de la formación científica de aquellos que después, al arribar a las universidades y los centros de investigación, se dedicaran al trabajo científico. Siendo aquí entonces donde broten las deficiencias en la formación básica, evitando avanzar en el campo concreto de investigación seleccionado.

Salta a la vista, por lo tanto, la importancia de la correlación entre investigaciones fundamentales y aplicadas. Cosa ésta que comprenden muy bien los científicos de las ciencias naturales y exactas, pero aun insuficientemente los de las ciencias sociales y humanísticas.

 Esta comprensión se complica aún más, debido a que hasta hace poco tiempo, se cometían con frecuencia,  en  nuestra  política científica,  dos errores básicos:  realizar en el campo de las Ciencias Sociales y Humanísticas, solo investigaciones aplicadas,  o en ocasiones, poner a estas últimas solo   como simples  complementos  de las investigaciones a realizar en  otros campos de la ciencia;  ignorando que en las ciencias  sociales y humanísticas, también se hace indispensable  una adecuada correlación entre las investigaciones fundamentales y las aplicadas. Y que las ciencias sociales y humanísticas, pueden complementar los resultados obtenidos por otras ciencias, solo si ellas mismas participan, desde el principio,  en la concepción y planeamiento  de las investigaciones. Por lo contrario, tiene las ciencias sociales y humanísticas tanta personalidad como las otras ciencias, para concebir y desarrollar sus propias investigaciones, básicas o aplicadas.

Un aspecto específico dentro del cual se pone de manifiesto con especial agudeza  los fenómenos arriba mencionados, es en el de las insuficientes  relaciones  existentes aun entre las ciencias matemáticas y las ciencias sociales y humanísticas;  lo que es una de las razones por las cuales , por ejemplo, la modelación política , la lingüística matemática  y otras disciplinas, en las que las ciencias sociales y humanísticas utilizan  hace ya mucho tiempo a las ciencias matemáticas, presentan tan poco desarrollo en nuestro país.

Ello tiene no poca relación, con los prejuicios que se desarrollaron en los ex países socialistas, la URSS en particular, donde las aplicaciones matemáticas a las ciencias sociales, durante mucho tiempo, no gozaron de simpatía; particularmente, la Modelación Económico-Matemática, que se consideraba un mero intento por introducir el análisis marginal burgués  neoclásico en el campo de la economía. Similar prejuicio existía con la Sociología, que fue considerada durante mucho tiempo, como   una simple respuesta al materialismo histórico.  Estas situaciones, por suerte, ya han sido superadas en nuestro país, pues trajeron como resultado, entre otros, un modo de abordar los problemas sociales en Cuba, a partir de modelos de análisis del llamado Comunismo Científico, con muy poca o ninguna relación con nuestras realidades concretas. 

No puede olvidarse que el socialismo es concreto, por lo que no admite el traslado de modelos analíticos, que nada tienen que ver con la sociedad específica que se desea construir en nuestro país. Por otra parte, durante mucho tiempo en Cuba, no fuimos partidarios de investigar fenómenos de nuestra   realidad que, según criterios prevalecientes, no tenían cabida en nuestra sociedad,  tales como: prostitución, racismo, etc. La crisis económica de finales de los ochenta y principios de los años noventa, contribuyó mucho a esclarecer estos criterios.

De modo que las Ciencias Matemática, en particular, tienen hoy en Cuba una amplia utilización, pero   sólo en ciencias como la Economía, la Sociología, la Psicología la Demografía y la Geografía, entre otras.  Mientras que, en la Historia, las Ciencias Jurídicas, la Filosofía y las Relaciones Políticas Internacionales, apenas se aplican.

Entonces, se hace necesario, por lo tanto, valorar el desarrollo de las ciencias sociales y humanísticas hoy en Cuba, no sólo por sus resultados, sino también por el desarrollo de sus capacidades para apropiarse de los adelantos científico-técnicos que se hayan obtenido en otros campos de la ciencia, poniéndolos al servicio de la investigación de la sociedad cubana. En particular también, por su capacidad para utilizar a las Ciencias Matemáticas como instrumentos de prolongación de las capacidades analíticas de las ciencias sociales y humanísticas. En este campo es mucho lo que debemos aprender aún de las llamadas ciencias sociales burguesas, amén del carácter a veces un poco árido y superficial que adoptan en las mismas sus aplicaciones matemáticas.

Ese criterio que tienen los físicos --aunque no son los únicos-- de que todos los análisis deben terminar en un número, en una cantidad, puede ser muy válido para esa ciencia, e incluso, para el resto de las ciencias naturales y exactas, pero no necesariamente para las ciencias sociales y humanísticas, en las que las matemáticas, presentan todavía un muy limitado campo de aplicación, al menos en nuestro país.

Decía ese genio mundial, que respondía al nombre de Albert Einstein, que,  “... no todo lo que cuenta puede ser cuantificado, ni todo lo cuantificable cuenta...”;  aunque  es cierto que la cantidad es lo que cuestiona y transforma  la calidad, trocándola a veces en su contrario  y por eso la cuantificación es  tan importante. Pero, sin embargo, ello no quiere decir, que esa sola (cuantificar) sea la función de las Matemáticas, ya que ellas no tienen que ver sólo con la cantidad y pueden jugar un papel fundamental como instrumento de análisis de las ciencias sociales y humanísticas. Las ciencias matemáticas ofrecen una capacidad analógica, que no puede ser despreciada por las ciencias sociales y humanísticas.

No  basta con  utilizar a las Matemáticas  como simples  “pinceles”  de  pura ilustración cuantitativa, sino que, sobre la base del conocimiento a fondo del objeto de investigación  y con una formación matemática  adecuada, le es posible al investigador detectar aquellos  algoritmos, conexiones, isomorfismos e interrelaciones,  biunívocas o no, dentro del objeto de estudio, que le permiten determinar en qué  momentos o planos  del análisis esta ciencia puede desempeñar un papel importante como instrumento de prolongación de las capacidades analíticas de las ciencias sociales y humanísticas.

La abstracción es y será aún, el método por excelencia de las ciencias sociales y humanísticas, pero auxiliándose de las Matemáticas, es posible descubrir conexiones dentro de los fenómenos estudiados, que nos pueden aportar mucho para lograr resultados, que solo un análisis cualitativo puro no aportaría. Se trata de la relación entre lo cuantitativo y lo cualitativo, que se expresa aquí con particular fuerza.

El comportamiento de la relación entre cantidad y calidad, en las ciencias sociales y humanísticas, está determinado por el campo específico de su aplicación. El potencial cuantitativo no absolutizado del análisis deviene en un instrumento que sirve para descubrir nuevas cualidades. Se trata de la ley de la transformación de la cantidad en calidad y viceversa, o llamada ley de los cambios cualitativos y cuantitativos.

Las propias leyes matemáticas toman sus expresiones particulares en el campo de las ciencias sociales y humanísticas. Ningún instrumento lo es por sí mismo, sino por el campo de su aplicación; es el campo concreto de aplicación, lo que hace del instrumento lo que es, y así se comportan las Matemáticas dentro de las ciencias sociales y humanísticas.

No hace mucho discutíamos con los físicos en nuestra Universidad sobre estos problemas y se ponía de manifiesto la limitación, de que para ellos el análisis matemático significa que todo debe terminar en una cantidad, en un número.

Algunos matemáticos y físicos, con los que hemos hablado, comprenden esto bien, pero otros tienden a pensar que las leyes matemáticas y sus principios, por ser “simplemente” universales, no pueden sufrir ninguna modificación en sus formas de expresión. Es cierto que se trata de principios universales, pero esa universalidad es sumamente compleja, teniendo variados campos específicos de manifestación. Pero, además, porque dialécticamente la cantidad se niega reafirmándose y se reafirma negándose, pues el universo es uno, pero extraordinariamente   diverso al mismo tiempo.

En cuanto a la morfología, las ciencias matemáticas, cuando son aplicadas a otros campos del conocimiento tan diferente al de las ciencias naturales y exactas, como lo son los del campo de las ciencias sociales y humanísticas, estas  producen fenómenos, formas de manifestación de sus leyes y de sus principios generales, que en el campo de las ciencias naturales y exactas, a veces,  no tendrían sentido. Pues se trata de formas de expresión, cuyo significado solo podría hallárselo un científico del campo concreto de investigación en que están siendo aplicadas.

No es algo posible de discutir a fondo, en el breve espacio de este artículo, pero  defendemos la tesis, de que las ciencias sociales y humanísticas en Cuba, tienen mucho que decir aún  en el campo de la aplicación de las  Ciencias Matemáticas a sus objetos de investigación;  que van, desde el hecho que las relaciones económicas no están situadas exclusivamente en el primer cuadrante del eje de coordenadas, hasta el que una variable --dependiente e independiente al mismo tiempo-- puede reaccionar sobre sí misma, lo que  visto  de manera puramente matemática  podría parecer un absurdo, pero que, por ejemplo, en el campo de la Modelación Política, tendría  total sentido.

Pueden surgir  aportes a las propias Ciencias  Matemáticas, cuando éstas son aplicadas a los fenómenos sociales. Lo cual no hace sino poner de manifiesto, que en definitiva, la ciencia es una sola --y diversa  al  mismo tiempo--, por cuanto todo el resultado de   la ciencia  va a dar al mismo lugar; el hombre, su entorno natural y social  y el campo de su subjetividad, reafirmando  que si el universo es uno solo, la ciencia también lo es;  pues las ciencias particulares y sus múltiples interpenetraciones, no son más que planos del conocimiento de la realidad y de la subjetividad que siempre le acompañan.

Son muchos los retos que aún enfrentamos, pero con lo dicho hasta aquí, creo   que se hace necesario reaccionar sobre los currículos de nuestros procesos de formación académica, para comenzar a resolverlos.

Por último, existe un asunto al cual deberemos prestar atención detenida. Se trata de la formación universitaria, la que no puede ser enfocada, prioritariamente, sobre la base de una formación para el empleo, sino de una formación educacional para la ciencia. Es la ciencia la que debe ser el centro de la formación educacional y no el empleo. Siendo lo único que nos salvaría de estar siempre en condiciones de responder a una dinámica, donde la técnica, cambiando continuamente, nos exige estar siempre preparados para asimilar continuamente la dinámica del desarrollo tecnológico.

La Habana, Julio 17 del 2017


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