lunes, 7 de agosto de 2017

ECUADOR. CONVERTIR EN REVES LA VICTORIA

Jorge Gómez Barata

Probablemente en Ecuador hubiera sido preferible que el Movimiento Alianza País perdiera las elecciones porque de ese modo mantendría el apoyo de la mitad del electorado, reforzado la unidad de sus estructuras y conservado la integridad de su liderazgo que ahora ha comenzado a desgastarse en una sorprendente querella que los debilita y les impide concentrarse en su labor a favor del pueblo. De cierta manera, la historia se repite.

A las enormes dificultades para obtener avances políticos significativos, de la izquierda en los países latinoamericanos, se suman las vicisitudes para consolidarlos y la fatalidad con que se deshace lo alcanzado. Parafraseando presidente Raúl Castro: “…Falta fijador”.

De qué sirve que el Movimiento Alianza País controle el parlamento si esa mayoría no es capaz de impedir que el presidente de turno imponga sus caprichos y desdiga los preceptos del proyecto social y político que lo catapultó. Algo parecido ocurrió con el Partido del Trabajo en Brasil y su liderazgo que, en lugar de reforzarse luego de diez años en el poder, se ha agotado y el kirchnerismo que tras exitosos períodos de gobierno, se debilitó dramáticamente.

Como perseguidos por un estigma, los movimientos populares latinoamericanos son víctimas de la recurrente noria vigente desde la independencia que, en lugar de a republicas institucionalmente fundadas, condujeron al caudillismo, a las dictaduras y al predominio de las oligarquías dependientes del capital extranjero.

Así se patentizó la dificultad para consolidar resultados, que no es lo mismo que eternizar gobiernos, presentes en la Revolución Mexicana, en los procesos encabezados por Getulio Vargas, Lázaro Cárdenas y Juan Domingo Perón y que ha afectado decisivamente a los procesos político, encabezados por la izquierda.

A la hegemonía del binomio formado por el capital y el pensamiento liberal, la izquierda ha presentado una visión y una práctica alternativa. Los bolcheviques quisieron cambiarlo todo y construir una sociedad nueva, la socialdemocracia europea optó por la moderación y el reformismo y, a medio camino entre una y la otra, la izquierda en América Latina ha disfrutado de las mejores oportunidades después de la Revolución Cubana y de la crisis del socialismo real.

No obstante los relevantes éxitos alcanzados en la llamada “década ganada”, los gobiernos populares, en lugar de usar los recursos del poder y las facilidades de la legalidad para reforzar sus estructuras y hacer que funcionen para dar profundidad a los proyectos y las estrategias, a la izquierda contemporánea le ocurre lo contrario. El poder la debilita y la divide y amenaza con corromperla. 

Tal vez la prédica del presidente Rafael Correa contra la partidocracia, afectó al propio movimiento Alianza País, impidiéndole adquirir una conformación estructural suficientemente sólida y una definición ideológica que sirviera como reguladores capaces de impedir lo que ahora ocurre.

Un partido o un movimiento no es una cúpula ni una maquinaria electoral sino una plataforma formada por las bases y las instancias de dirección que son eficaces en la medida en que tienen un protagonismo real y operan como inteligencia colectiva. Instrumentalizar los movimientos sociales y políticos para apoyar los liderazgos y no para ser creadores y rectores con capacidad para ejercitar la crítica, es un error que se repite una y otra vez.

Los hechos y su tozuda vigencia vuelven a estar a la vista. Quizás en Ecuador el daño está hecho. En unos meses un líder inconsecuente desbarata la obra de diez años. Queda el consuelo de poder sacar alguna enseñanza y la pregunta de: ¿Hasta cuándo durará el aprendizaje? Allá nos vemos. 

La Habana, 06 de agosto de 2017

  *Este artículo fue escrito para el diario “Por Esto”. Al reproducirlo o citarlo, indicar la fuente.


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