martes, 17 de octubre de 2017

ACUERDOS SON ACUERDOS

Jorge Gómez Barata 

Al apartarse del acuerdo nuclear 5+1 o Plan de Acción Integral Conjunto, suscrito en julio de 2015 por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Alemania con Irán, el presidente Donald Trump se coloca en ruta de colisión con el estado persa, entra en contradicción con tres de sus más importantes aliados (Inglaterra, Francia y Alemania), se desmarca de Rusia y China, dejándole las manos libres, desconoce a la ONU y, probablemente polemice con el Congreso de su país.

Con esta decisión se desconocen casi dos años de intensas negociaciones en las cuales han participado los mejores expertos de las principales potencias nucleares, incluidos los norteamericanos, Estados Unidos corre el riesgo de situarse en el lado equivocado de la historia en un tema sensible para su seguridad nacional, la estabilidad en el Medio Oriente y la paz mundial.

Liberar a Irán de todo compromiso es de pronóstico reservado, puede dañar la seguridad mundial y desatar una escalada en la proliferación nuclear que, al asociarse a la trama de Corea del Norte, pudiera ser como un remake de la histeria nuclear que dominó la Guerra Fría.

El Programa Nuclear Iraní se inició en los años cincuenta del pasado siglo XX, los esfuerzos se ralentizaron como resultado de la caída del Sha y la ruptura con Estados Unidos en 1979 y en los años ochenta fue relanzado por las autoridades islámicas en coordinación con la Agencia Internacional de Energía Atómica. Occidente puso todo tipo de reparos, sin lograr detenerlo ni siquiera retrasarlo.

En los años noventa, debido a la insistencia de Irán por adquirir tecnologías y desarrollar capacidades para enriquecer el uranio por encina de los niveles requeridos para la operación de plantas nucleares y otros fines civiles, surgió la sospecha de que el estado islámico iba tras la bomba, lo cual se acentuó durante las administraciones de Mahmud Ahmadinejad (2005-2013).

A pesar de insistir en los fines pacíficos de su programa nuclear, Irán no logró convencer a occidente que incrementó la vigilancia, aplicándole los controles y salvaguardas del Tratado de No Proliferación y el monitoreo de las agencias reguladoras de Naciones Unidas, desplegando además intensos esfuerzos para detener la escalada.

El cerco internacional derivado también de reiteradas acusaciones, nunca probadas, de vínculos con el terrorismo internacional, el conflicto con algunos de sus vecinos por razones confesionales y geopolíticas, y la hostilidad de Israel, el desarrollo nuclear de Irán ha estado acompañado por extraordinarios esfuerzos para el fortalecimiento de sus fuerzas armadas, incluyendo un vasto programa de misiles.

Por las razones expuestas y otras, Europa y los Estados Unidos, eligiendo correctamente el marco de las Naciones Unidas para integrar a China y Rusia, desplegaron una intensa actividad diplomática que fue acogida por Irán. Aquellos esfuerzos culminaron en un acuerdo multilateral, avalado por el Consejo de Seguridad, en virtud del cual, las capacidades de Irán para producir armas nucleares por sí mismo quedaron prácticamente anuladas, al menos por veinte años.

El acuerdo obligó a Irán a deshacerse de dos terceras parte de sus centrifugas y del 98 por ciento de sus reservas de uranio enriquecido sin enriquecer más en los próximos quince años. Todo lo acordado, que no es poca cosa, es verificable.

Trump y Netanyahu son los únicos estadistas del mundo que creen que es un mal acuerdo, en lo cual no están solos. También en Teherán hay halcones que preferirían tener las manos libres y créanme, con o sin bomba, son peligrosos. Luego les cuento más. Allá nos vemos.

La Habana, 16 de octubre de 2017

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El presente artículo fue elaborado para el diario Por Esto, al reproducirlo  citar la fuente.


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