martes, 3 de octubre de 2017

RUIDOS PARA QUE TODOS PIERDAN

Jorge Gómez Barata

Como suele ocurrir en los asuntos de las mafias; quienes hayan generado o inventado el incidente con los diplomáticos estadounidense en La Habana, exagerado sus consecuencias o dificultado su esclarecimiento, pueden no haber tenido nada personal contra los perjudicados. Su objetivo solo puede haber sido dañar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y frustrar los avances alcanzados en la normalización. De ser así, el daño está hecho.
   
El pasado 17 de febrero, Estados Unidos informó al Ministerio de Relaciones Exteriores Cuba, sobre presuntos incidentes que afectaron la salud de funcionarios de su sede diplomática en La Habana. El gobierno cubano inició una investigación. En mayo dos diplomáticos isleños fueron expulsados de Washington. El 9 de agosto pasado, mediante una nota oficial la opinión pública cubana fue informada.

Las autoridades cubanas desconocedoras de los hechos mencionados subrayaron que no tenían nada que ver con ellos y tampoco permitirían que el territorio nacional fuera utilizado para atentar contra diplomáticos de ningún país. Estados Unidos no ha aportado información médica o de otro tipo que permita avanzar. A lo largo de casi dos meses voceros del gobierno estadounidense, a cuentagotas, han suministrado mínimos de información, sin abundar en el diagnóstico, la evolución médica o el estado de salud de los diplomáticos presuntamente afectados.

A pesar de mencionarse a más de veinte pacientes, no ha existido un solo parte médico, no se conoce la condición clínica de los afectados ni su evolución y nada se ha filtrado acerca de los resultados de las investigaciones realizadas por Estados Unidos. Por su parte la prensa oficial cubana se mantuvo al margen, excepto algunos periodistas que, bajo su firma, han puesto en duda los hechos o los han negado. En las redes sociales y alguna prensa alternativa, debido a lo extravagante del incidente, hubo incluso mofa.

En algún momento se informó acerca de la cooperación de las autoridades cubanas que permitieron al FBI realizar investigaciones en La Habana, incluso se difundieron rumores acerca de que el presidente cubano Raúl Castro se entrevistó con Jeffrey DeLaurentis, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en La Habana, para ratificar la posición de Cuba y declararse dispuesto a colaborar con las investigaciones.

No han faltado especulaciones acerca de que elementos ajenos a las entidades cubanas, incluso extranjeros radicados o de paso por la capital cubana, se hayan involucrado en acciones contra el personal diplomático norteamericano, acerca de lo cual círculos oficiales de ninguno de los países directamente involucrados y tampoco de ningún otro, se han pronunciado.

Entre tanto los legisladores de ascendencia u origen cubano, visceralmente opuestos a los procesos de normalización iniciados durante la administración de Barack Obama y alguna prensa de Miami han tratado de empujar al gobierno estadounidense a una nueva ruptura con Cuba, incluso insistentemente han reclamado o aconsejado el cierre de la embajada norteamericana en La Habana y la expulsión de los diplomáticos cubanos en Washington.

Para añadir complejidad al asunto, en los días 9 y 10 de septiembre el huracán María azotó a La Habana provocando penetraciones del mar que, entre otras grandes áreas, inundaron la parte de la capital cubana donde se encuentra enclavada la embajada estadounidense, obligando a la sede a reducir su nivel de actividad y probablemente dificultando investigaciones asociadas al denominado incidente sónico.

En un gesto que pareció constructivo, el pasado 26 de septiembre, a solicitud de Cuba, el canciller Bruno Rodríguez fue recibido por el Secretario de Estado de los Estados Unidos Red Tillerson a quien, según se informó, ratificó las posiciones de Cuba, solicitando no tomar medidas apresuradas para dar tiempo a las investigaciones. Por aquellos días el alto funcionario estadounidense declaró que no creía que las autoridades cubanas estuvieran involucradas en lo que ahora llaman ataques a funcionarios diplomáticos.

No obstante, el pasado viernes 29, apenas setenta y dos horas después, del encuentro entre los cancilleres, Estados Unidos anunció la retirada de más del cincuenta por ciento de su personal diplomático en La Habana, suspendiendo la emisión de visados, emitiendo además un aviso en el cual aconseja a ciudadanos norteamericanos no viajar a la Isla.

Plagado de incógnitas, rarezas y contradicciones, el incidente, todavía abierto a la investigación, ya ha producido resultados nefastos para las relaciones bilaterales que perjudican os esfuerzos por la normalización de la relación, pueden anular lo avanzado y perjudicar a todos los cubanos, así como a los norteamericanos con aspiraciones de viajar a la isla o involucrados en los negocios con ella. En fin, existentes o no, con los ruidos aludidos todos pierden. Por esta vez los malos ganaron. Allá nos vemos.

La Habana, 03 de octubre de 2017

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El presente artículo fue elaborado para el diario Por esto, al reproducirlo, indicar la fuente

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