viernes, 24 de noviembre de 2017

TRUMP ENTRE LA MENTIRA Y LA DEMENCIA

Por Manuel E. Yepe

¿Trump es un mentiroso o un demente?, pregunta el título de un artículo de Eric Alterman aparecido el 30 de octubre en la revista The Nation, reproducido posteriormente por varios otros medios de prensa estadounidenses. La respuesta la propone el autor al final del propio título: “Ambas cosas”.

“El hecho de que Donald Trump se comporte de una manera tan inadecuada para una persona adulta -mucho más si se trata de la persona más poderosa del mundo- presenta un reto para los medios de comunicación que deberían abandonar la práctica de presentar como normales las extrañas y peligrosas acciones de Trump” dice Alterman.

Cotidianamente Trump genera noticias que asombran a los periodistas.

El presidente republicano del Comité Senatorial de relaciones exteriores escribió en Twitter que la Casa Blanca parecía un establecimiento para el cuidado temporal de adultos, dedicado a la atención de un Presidente cuyo comportamiento se asemeja a un "reality-show" que podría conducir a la III guerra mundial. Apenas una hora pasa sin Trump diga o haga algo impensable en cualquier Jefe de Estado anterior a él.

Sin embargo, la administración de Trump ha tenido la mayor cobertura de prensa que haya acompañado a un nuevo mandatario al inicio de su gestión en Estados Unidos. No importa lo irracionales que sean sus acciones, la  cobertura de prensa de los principales medios ha estado siempre encaminada a justificar sus absurdos en vez de a exponerlos críticamente.

Trump se ha beneficiado de una campaña por la normalidad de sus actos que han venido practicando los principales medios de comunicación (mainstream media), una combinación de ceguera útil con ilusiones, compromiso y anticuadas costumbres profesionales.

Es indudable que Trump es un mentiroso patológico. Miente todo el tiempo, a menudo sin una razón discernible. El Washington Post afirma que le ha computado 1.318 afirmaciones engañosas o falsas en los primeros 263 días del ejercicio de su cargo.

En algunos pocos días posteriores al más reciente colapso del esfuerzo republicano para derogar el Obamacare, Trump insistió en siete ocasiones en que la votación debía posponerse por motivo de que "alguien estaba en el hospital", cuando en verdad pudo saberse posteriormente que no había nadie en el hospital alguno.

Y si bien está más que demostrado para todos la condición de mentiroso de Trump, no son menos las evidencias que se han difundido acerca de la presunta demencia del primer mandatario.

Según el diario The Independent, durante una conferencia en la Universidad de Yale (Connecticut, EEUU), un grupo de psiquiatras estadounidenses presentó el diagnóstico de que el presidente sufre "una enfermedad mental peligrosa".

"Peor que mentiroso o narcisista, Trump es además paranoide, tiene delirios y megalomanía", dice el psicoterapeuta John Gardner, quien subraya que los especialistas en salud mental tienen la responsabilidad ética de advertir a la comunidad sobre el estado mental del líder de su país.

El presidente demostró poseer un pensamiento delirante al afirmar categóricamente que la ceremonia de su investidura del 20 de enero obtuvo un gran éxito de público. Según Gardner, cuando Trump afirma como algo real que se reunió con la mayor cantidad de público de la historia, está mostrando un pensamiento delirante. De ahí que el psicoterapeuta esté promoviendo una petición en la que insta a la destitución de Trump, porque está "incapacitado psicológicamente para ejercer las labores de presidente de manera competente".

Recientemente, el Representante demócrata  a la Cámara Earl Blumenauer presentó ante el Congreso un proyecto modificador de la XXV Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que fija los pasos a seguir en un proceso de destitución, renuncia o muerte del Presidente en funciones. El congresista destacó que su propuesta pretende resolver un problema existente hoy adaptando para ello las disposiciones de una enmienda aprobada hace 50 años para casos de incapacidad mental o emocional del mandatario.

Trump trata de gobernar por impulsos, caprichos, satisfacción personal, por beneficio propio, por decretos... Pero resulta que el asunto no funciona y la máquina sigue descarrilándose.

El impeachment (o juicio político) gana terreno como forma de destituirlo porque el hombre no es psiquiátricamente capaz de discernir si algo es legal o no antes de llevarlo a cabo.

La destitución avanza porque resulta terriblemente evidente que Trump no es apto para la presidencia. Quienes le rodean y hasta los que le sirven con una lealtad que roza la esclavitud, se pasan la mitad de su tiempo tratando de frenarlo, pero es imposible.

Esto lo hace incompatible con consejeros y aliados valiosos, más dependiente de habilidosos asesores y peligrosamente susceptible a la manipulación por estos últimos.

La Habana, Noviembre 23 de 2017

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.


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