miércoles, 18 de octubre de 2017

ARGENTINA: Reportan que el cadáver hallado es el de Santiago Maldonado, a falta de confirmación oficial

RT  -   18 oct 2017 15:57 GMT

Aunque las autoridades aún no han confirmado si el cuerpo sin vida hallado en el lecho del río Chubut se corresponde con el del desaparecido Santiago Maldonado, una emisora local informa que así es.


Gustavo Lleral, el juez de la causa que investiga la desaparición de Maldonado, ha declarado este miércoles que aún no se ha podido confirmar la identidad del cuerpo encontrado este martes en el lecho del río Chubut ni "dar más datos por respeto a la familia" de Santiago Maldonado, el joven artesano argentino que desapareció el pasado mes de agosto, recoge 'Aerom'. Asimismo, la familia Maldonado informa que aún "no es posible establecer la identidad" del cuerpo y aseguran que van a esperar al resultado de las pericias, según 'La Nación'.

Sin embargo, la local Radio Mitre se remite a "varias fuentes del caso, autoridades políticas, provinciales, nacionales y judiciales", para afirmar que el cadáver hallado sí se corresponde con el de Santiago Maldonado y que "a partir de ahora" se lanzará una investigación de las circunstancias y la causa de su muerte.

La búsqueda en el lecho fluvial se llevó a cabo después de que el juez ordenara rastrear la zona donde se presumía que podía haber huido Santiago Maldonado para escapar de la represión, luego de participar en una protesta para exigir la libertad del líder mapuche Facundo Jones Huala, en la provincia argentina de Chubut.

Según precisó la Fiscalía Federal de Esquel a través de un comunicado, el cuerpo sin vida fue localizado "aproximadamente a 300 metros río arriba desde el epicentro del conflicto que se desarrolló el 1 de agosto de 2017".

El hallazgo del cuerpo corrió a cargo de buzos tácticos de la Prefectura Naval Argentina y la División Cinotecnia, con ayuda de perros entrenados en la búsqueda de cuerpos en el agua. El cadáver fue hallado entre ramas de sauces enraizadas en la costa del río.


¿Por qué el PSUV volvió a ganar en Venezuela?

RT  -   17 Oct 2017 | 23:51 GMT

Tomada de CNE

Las elecciones a gobernadores en Venezuela fueron un verdadero cimbronazo para las fuerzas de las derecha regional, que esperaban que se refrendaran los resultados de las legislativas 2015, donde la MUD triunfó de forma contundente. Nada de eso sucedió: el chavismo ganó 18 gobernaciones de las 23 en juego, sacando el 54% a nivel nacional.

Las elecciones a gobernadores en Venezuela fueron un verdadero cimbronazo para las fuerzas de las derecha regional, que esperaban que se refrendaran los resultados de las legislativas 2015, donde la MUD triunfó de forma contundente. Nada de eso sucedió: el chavismo ganó 18 gobernaciones de las 23 en juego, sacando el 54% a nivel nacional. La MUD apenas se impuso en 5, ganando la mayoría de ellas Acción Democrática, del veterano cacique Ramos Allup. Las fuerzas más radicales de la derecha, quienes encabezaron las violentas protestas meses atrás, se quedaron con las manos vacías.

"¿Cómo se explica que en la crisis económica, social y política en Venezuela el oficialismo haya ganado la mayoría de las gobernaciones?" se preguntó en Twitter la presentadora de CNN, Patricia Janiot, adversa al chavismo desde los tiempos del propio Chávez. Esa es la pregunta que revolotea en la derecha regional: ¿cómo puede "esta gente", para ellos siempre inferior en cuanto a capacidades, seguir ganando elecciones, incluso frente a la guerra económica que ha provocado desabastecimiento y una enorme inflación?. Posiblemente haya que buscar explicaciones en el quiebre político que significó la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente: millones salieron a votar para decirle no a las guarimbas, violentas movilizaciones de calle que dejaron un centenar de muertos, varios de ellos incinerados por el "pecado" de ser pobres y chavistas. Desde ese domingo electoral, la violencia disminuyó notablemente, y la MUD aceptó la convocatoria a elecciones regionales -diálogo mediante- realizando unas elecciones primarias con magra participación, donde Allup comenzó a ganar la interna de la derecha.

Pero además Janiot, al igual que centenares de comunicadores a lo largo y ancho del continente, olvida un dato adicional: el chavismo es una fuerza política que ha constituido un verdadero nuevo paradigma en la política venezolana. Esto también puede explicar, en parte, que pueda ganar una elección nacional en el marco de una embestida internacional sin precedentes, con una inflación galopante, desabastecimiento inducido, y con buena parte de los medios de comunicación -internos y externos- en contra. El chavismo no solo ha sobrevivido al fallecimiento de su propio líder, sino que cuando parecía agonizante pateó el tablero, aprovechando los groseros errores de una oposición verdaderamente amateur. Y de esa forma construye esta victoria, que descoloca a aquellos que vaticinaban el derrumbe del gobierno de Maduro hace apenas diez semanas.

Uno de los datos más interesantes de la elección tiene que ver con la aparición en escena de una nueva generación del PSUV. La llegada de Héctor Rodríguez a la gobernación de Miranda oxigena al propio chavismo, demostrando que es un proyecto político a largo plazo, que puede modificar su propio discurso intentando interpelar nuevamente a sectores medios urbanos. Dentro de la oposición hay grandes derrotados: los ex gobernadores Capriles y Falcón, y el trío Guevara, López y Tintori, quienes foguearon la calle meses atrás. Pero también un gran ganador: el experimentado cacique Ramos Allup, que con 4 gobernaciones para Acción Democrática se constituyente en un claro precandidato presidencial para el 2018, posiblemente disputando la interna con Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional. La floja hipótesis de fraude queda desbaratada por el propio Capriles, que al momento de escribir estas líneas aún no ha emitido posicionamiento público.

La elección del pasado domingo demuestra, entonces, varias cosas. En primer lugar que no es verdad aquella hipótesis de la derecha venezolana sobre que "el 80% quiere a Maduro fuera del poder". No por casualidad el gobierno adelantó de diciembre a octubre estas regionales: tenía conocimiento de un voto condena a aquellos que desestabilizaron el país por meses, de ahí que sus principales slogans tuvieran que ver con la paz y la democracia. Además evidencia que los votos a la oposición fueron a sus sectores menos radicalizados, tendencia que tuvo lugar tanto en las primarias como en las generales. Esto debería favorecer el diálogo, aislando a los sectores radicalizados, que fueron castigados por el voto popular. Parece abrirse, por tanto, un nuevo momento político en Venezuela, con un gobierno consolidado desde lo institucional, pero que aún seguirá afrontando grandes dificultades en lo económico, y una oposición que deberá rearmarse si pretende disputar la elección presidencial que tendrá lugar el año próximo. 


TRUMP NO ES CAUSA SINO EFECTO DE LA CRISIS

Por Manuel E. Yepe

Una caricatura recién aparecida en una publicación de EE.UU. refleja la situación poco menos que de ingobernabilidad que vive esa nación.

Aparece Donald Trump caricaturizado como un niño pequeño, necio e irresponsable, en el centro una gran sala de la Casa Blanca, rodeado de los principales asistentes del Presidente (asesores, ministros y jefes militares) igualmente caricaturizados. Todos están atentos a lo que haga el niño majadero para correr a enmendar sus desatinos, relegando la atención y cumplimiento de sus obligaciones propias.

Ciertamente las torpezas de Trump en el desempeño de su alto cargo son cotidianas.

Son muchos los norteamericanos que se abochornan por las alusiones despectivas y prejuiciadas con que su Presidente se refiere a los musulmanes, los mexicanos, los puertorriqueños y a otros pueblos formalmente aliados de Washington muchos de cuyos nativos, en calidad de inmigrantes, forman parte de la ciudadanía de Estados Unidos.

Nadie puede negar, sin embargo, que Donald Trump ha sido fiel al programa de gobierno que enarboló como candidato a la presidencia.

Solo que siendo práctica habitual que los candidatos prometan cualquier cantidad de locuras en aras de atraerse los votos del sector de la población que han seleccionado como objetivo en algún segmento de su campaña proselitista, una vez electos, éstos olviden totalmente tales ofrecimientos.

Cualquier observador nacional o internacional medianamente informado en todo el mundo, salvo probablemente el propio Donald Trump, advierte que Estados Unidos es actualmente una gran potencia en crisis muy seria, probablemente terminal.

Su economía atraviesa una crisis multifactorial disimulada por el privilegio, cada vez más insostenible, de contar con la facultad de emitir unilateralmente dólares estadounidenses y que ésta sea la moneda mundial; su deuda externa e interna es la mayor del mundo; la seguridad interna está en crisis; la asistencia médica de los estadounidenses es la más inicua en el llamado primer mundo; el país es el principal consumidor de drogas adictivas y, como tal, primer culpable por las secuelas del narcotráfico en el mundo; habiendo sido actor principal de las mayores agresiones de la humanidad al medioambiente, Norteamérica ha comenzado a sufrir los efectos de una respuesta de la naturaleza que amenaza llegar a ser devastadora no solo para los pequeños países sino para todos en el planeta; se agravan y suceden con mayor frecuencia las crisis derivadas de las exclusiones sociales: la discriminación racial, de los LGTBI y de los inmigrantes; la deuda estudiantil amenaza inexorablemente el futuro del país… Agréguense a esta lista los efectos sociales de las guerras que se libran contra varios países del Tercer Mundo, en buena medida iniciadas para satisfacer intereses exportadores de las industrias productoras de armamento y para promover el empleo frente el fenómeno de la fuga de capitales hacia países con salariales de miseria. La proliferación de  bases militares estadounidenses en varios países constituye,  en sí misma, presagio de situaciones tensas y difíciles de preguerra; Todas estas crisis son de diferente origen y alcance, pero tienen en común su carácter insoluble. Ninguna surgió por culpa del actual Presidente, pero su actuación en el corto período en que ha ejercido el mando invita a pronósticos alarmantes.

En una situación como ésta muchos politólogos diagnosticarían para Estados Unidos la inminencia de una revolución o de un golpe de estado si carece de una dirigencia capaz de superar tan compleja crisis múltiple.

Evidentemente, Trump no posee las condiciones requeridas para asumir esa tarea. Mucho menos si se conoce que su salud mental está siendo públicamente cuestionada por instituciones psiquiátricas y cientos de profesionales de esa especialidad que se desempeñan en los más prestigiosos hospitales y universidades.

Trump ha demostrado ser un hábil populista de derecha. Hizo tantas promesas absurdas o contradictorias para halagar a sus auditorios que puede suponerse que ni sus partidarios ni sus oponentes deben haber tomado en serio sus ofrecimientos.

A partir de Trump comenzó a hacerse evidente lo que todo el mundo dentro y fuera del país sabe hace mucho tiempo: una parte significativa de la dirección política estadounidense es xenófoba, proteccionista, racista y mal informada.

Como candidato a la presidencia estadounidense, Trump posó en algunos momentos como populista favorable a los trabajadores, se presentó como crítico del establishment y se mostró partidario de “devolver el poder al pueblo” pero bien pronto salió a relucir su compromiso con los bancos y el sector empresarial.

Trump está demostrando que los golpes de pecho sobre el “liderazgo de Estados Unidos” y el eslogan de “América primero” no hacen a los estadounidenses más seguros y ni más prósperos.

La Habana, Octubre 17 de 2017

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.