sábado, 25 de noviembre de 2017

ÉRASE UNA VEZ UN HOMBRE…LLAMADO FIDEL

Jorge Gómez Barata

Un año atrás, en medio del impacto causado por el fallecimiento de Fidel Castro, líder histórico de la Revolución Cubana, me pregunté si la exaltación del Concepto de Revolución formulado por él, había sido parte de su última voluntad o iniciativa de quienes tuvieron a su cargo las honras fúnebres.

“En cualquier caso ―dijo un amigo―, no pudo haber una idea mejor. De ese modo, el legado de Fidel además de su obra material y su ejemplo, incluye un manifiesto, un llamamiento, y un conjunto de metas alcanzables por sus seguidores y discípulos…El Concepto de Revolución es el programa de la Revolución”  

Concepto de Revolución

“Revolución ―dejó escrito― es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.

Ese texto, unido a la disposición testamentaria de Fidel Castro, respecto a impedir por ley que en Cuba se le erigieran estatuas, monumentos, y se diera su nombre a ciudades, calles, plazas o instituciones; probablemente no obedeció sólo a su conocida modestia, sino a la intención de preservar su legado de la mitificar y hacerlo trascender como lo que es, un pensamiento revolucionario, práctico, útil, susceptible de ser estudiado, desarrollado y naturalmente perfeccionado. De ese modo Fidel continúo liderando una revolución en progreso.

Honrar a Fidel y exaltar su ejemplo, estudiar su obra y comprender las esencias de su pensamiento, elogiar su vida consagrada al servicio del país y del pueblo, y promover su espíritu revolucionario, es un activo, porque de ese modo, su recuerdo deviene instrumentos para la labor revolucionaria, el fomento de las virtudes patrióticas y el impulso al progreso.

En el presente cubano, cuando la revolución, obra a la que consagró su vida y su poderosa inteligencia, está necesitada de ideas y argumentos, y la tarea principal es introducir cambios que permitan relanzar el proyecto, es preciso volver a Fidel, y encontrar en su prédica los precedentes y la determinación para “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, incluso cuando sea necesario acudir a la autocrítica.

Ser fidelista es ser consecuentemente revolucionario, lo cual significa desplegar una mentalidad y una disposición para avanzar, radicalmente opuesta al conservadurismo, que solo ve dificultades donde hay oportunidades. Raúl fue categórico: “Fidel es Fidel” un revolucionario para el cual, cada día sin batallas, era un día perdido… Allá nos vemos. 

Ahuachapán, 25 de noviembre de 2017

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