viernes, 8 de diciembre de 2017

BENDITA SEAS JERUSALEN

Jorge Gómez Barata

La partición de Palestina (1947), el proyecto político más brutal, osado, complicado y de mayor repercusión de la Guerra Fría, fue el único apoyado por las potencias vencedoras en la II Guerra Mundial. Aunque cada actor tenía su propia agenda, se trató de una obvia componenda geopolítica. De los 57 estados que integraban las Naciones Unidas, 33 votaron a favor de la Resolución 181, entre ellos estaban Estados Unidos y la Unión Soviética, en contra estuvieron 13, todos los países árabes e islámicos + Cuba, y diez se abstuvieron.

La Europa, que al amparo de la ONU y con el aval de las superpotencias dividieron Palestina para crear el estado judío, fue la misma que por siglos los persiguió y los discriminó. La partición no fue un acto de generosidad hacia el pueblo hebreo, sino una conspiración de la Europa de antecedentes colonialistas, esclavistas, y anti semitas, que más que un “Hogar Nacional” para los judíos, creó una “reserva” donde enviarlos.

Con amplio apoyo político y material internacional, incluido armamento y la conducción de un liderazgo eficaz, Israel no solo resistió la embestida de los gobiernos árabes, sino que en pocos años se convirtió en una potencia regional y en un importante elemento de la política mundial. Ningún asunto ha generado tanta violencia, incluido terrorismo de estado y no estatal, provocado tantas guerras, tensiones regionales e internacionales, ni concitado mayor atención por parte de Naciones Unidas como el conflicto entre palestinos, árabes e israelíes.

Políticamente acéfalos y mal representados por Amin al-Husayni, Gran Muftí de Jerusalén, y los reaccionarios e incompetentes gobernantes árabes que entonces formaron el Alto Comité Árabe, se equivocó la estrategia, y en lugar de proclamar y blindar el estado a que los palestinos tenían derecho en virtud de la Resolución 181, se promovió la lucha armada contra Israel, en la cual se involucraron efectivos de Egipto, Irak, Líbano, Siria y Jordania, los que fueron derrotados. La historia se repitió varias veces.

Tras la proclamación del estado de Israel, Jerusalén, que la Resolución 181 consideró “territorio bajo control internacional”, fue escenario de intensas confrontaciones, hasta que en 1948 los ejércitos de Israel ocuparon la parte occidental, situación de hecho reconocida por el armisticio del 3 de abril de 1949, que puso fin a aquella confrontación. Entonces a la fuerza Israel declaró la parte que ocupaba como su capital, y cuando en 1967, durante la guerra de los Seis Días, capturó la Ciudad Antigua, decretó unilateralmente la reunificación de la ciudad. Los árabes protestaron, pero nada pudieron hacer.

Cuando en 1979, ante el presidente Carter, Egipto e Israel firmaron los acuerdos de Camp David, mediante los cuales virtualmente se depuso la resistencia árabe, la ocupación de Jerusalén por Israel era un hecho, y también lo era cuando en 1993 el estado judío y la Organización para la Liberación de Palestina firmaron un tratado de paz que incluía la necesidad de lograr un acuerdo negociado sobre el futuro de la ciudad, negociación que fue aplazada.

La decisión del presidente Trump de reconocer a Jerusalén como  capital de Israel, basada en una ley del Congreso norteamericano que  en 1995 estableció que “Jerusalén debe ser reconocida como la capital del Estado de Israel… y que entonces apenas se comentó, es un eslabón más de una extensa cadena de abusos contra el pueblo palestino, ejecutada a pesar de la ONU, los países árabes, el liderazgo palestino después de Arafat, e incluso los Estados Unidos, que en ningún caso han estado a la altura de las ideas que proclaman.

Es correcto protestar y luchar contra la arbitrariedad y apoyar al pueblo palestino, cuya mayor demanda no es Jerusalén, sino todo su país, al menos los territorios concedidos por la Resolución 181, en cuyas fronteras reconocidas y seguras debiera instalarse ¡ya! un Estado Palestino con capital en Jerusalén Oriental. Allá nos vemos.

La Habana. 08 de diciembre de 2017


Estudio: Trump es una amenaza mayor que Corea del Norte, Turquía o Rusia

RT  -   8 dic 2017 15:03 GMT

Un estudio revela que ciudadanos europeos se sienten más amenazados por las políticas del presidente de EE.UU. que por la presunta 'amenaza rusa'.

El presidente de EE.UU., Donald Trump / Jonathan Ernst / Reuters

El vicecanciller ruso, Serguéi Riabkov, ha denunciado que Washington violó el Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto (INF, por sus siglas en inglés) al desplegar su sistema antimisiles en países europeos que forman parte de la OTAN bajo el pretexto de que Rusia es una amenaza para Estados Unidos y Europa.

Aunque las preocupaciones de los europeos parece que no se centran en Moscú, varios líderes occidentales aún hablan de la llamada 'amenaza rusa' para justificar sus acciones e intimidar a sus ciudadanos, ya sea con supuestos ciberataques o presuntas intervenciones en los asuntos internos de otras naciones.

Un rasgo común de estas acusaciones ha sido la falta de pruebas y, a pesar de todo, el hecho de haber sido divulgadas. ¿Ha llegado este mensaje de intimidación a los ciudadanos de los países occidentales?

¿Cuántos están convencidos de que la política de Moscú es agresiva?

Un estudio reciente de la fundación alemana Korber Stiftung indica que el problema que más preocupa a la población de Alemania son los refugiados: el 26 % de quienes respondieron pusieron la crisis migratoria europea la primera de la lista.

En segundo lugar se encuentran el presidente de EE.UU., Donald Trump, y sus políticas, que intimidan al 19 % de los encuestados, frente a un 7 % que se registró en 2016.

El tercer lugar de la lista de preocupaciones de los cuidadnos alemanes es la política del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, con el 17 %, seguido del programa armamentístico de Corea del Norte, con el 10 %.

Finalmente, solo el 8 % se preocupan por la 'amenaza' que supone la política de Rusia y su presidente, Vladímir Putin. Se trata hasta de una mejora significativa de su imagen, ya que el año pasado alcanzó el 25 %.

De este modo, el radio de acción de la campaña occidental para demonizar a Rusia no es muy extenso.


EL PROBLEMA DE LA CUBANOLOGÍA EN EEUU

Por Manuel E. Yepe

El problema de la cubanología, vista como una especificidad de la literatura, el periodismo, la historia, la economía y otras cuantas especialidades que se han formado y crecido en Estados Unidos -con muchas variantes y perfiles- desde la década de 1960 hasta la actualidad, es que la actualidad cubana en esta época no puede ser verdaderamente entendida desde el exterior de la isla sin vivir el heroísmo del pueblo en el proceso revolucionario ni la intensidad, amplitud y crueldad del bloqueo estadounidense en su contra.

Si bien esto podría considerarse válido para los juicios que se formulen acerca de la realidad de cualquiera otra nación fuera de fronteras propias, en este caso particular hay que agregar que durante todo el tiempo transcurrido desde el triunfo de la revolución popular en Cuba hasta hoy, el “establishment” estadounidense ha sometido a su propia población a una colosal campaña de hostilidad contra la Isla vecina que ha calado profundamente en diversos sectores del pueblo norteamericano.

Este maléfico empeño, por su extensión e intensidad, ha trascendido a la educación y la formación intelectual de los propios ciudadanos de la superpotencia norteamericana. Pocos ciudadanos estadounidenses de hoy han escuchado alguna vez, desde la cuna, otra referencia a Cuba que aquella que califica a su “régimen” como “dictadura” y sus dirigentes como aviesos “comunistas”, hasta en las más inocuas y triviales noticias o comentarios en los medios.

La propaganda del capitalismo y la contraria a toda forma de disidencia respecto al sistema político y económico ha consumido en Norteamérica fabulosos recursos en aras de la demonización de ciertos calificativos que, a largo plazo, ahorran vituperios contra los nuevos objetivos de sus diatribas.

Por efecto de este fenómeno, es difícil que exista un ciudadano estadounidense que haya escapado a tal deformación y ello hace innecesario que el “establishment” fundamente con argumentos reales las difamaciones y falsedades en las nuevas campañas.

Es lamentable, así mismo, constatar que hasta en los más preclaros exponentes de la cultura, las ciencias y el periodismo estadounidenses se advierten ciertas huellas que denotan que el sujeto ha tenido que superar esta percepción subliminal.

Es de notar la sistemática frecuencia con que el establishment estadounidense recurre al miedo para hacer efectivo su control del comportamiento de la ciudadanía, incluyendo en los sectores más adelantados o influyentes de la sociedad.

Aunque generalmente las campañas que se llevan a cabo son cuidadosamente preparadas sobre bases científicas, es frecuente que el establishment acuda a deliberadas imprecisiones, verdades a medias, vaguedades y leyes que siembran dudas o amedrentan a la ciudadanía o a un sector determinado de ésta sin que exista aún la decisión precisa de ejecutar alguna acción capaz de provocar un perjuicio a algún sector poblacional susceptible de reaccionar de manera indeseada por el sistema.

La cubanología oficial estadounidense, por supuesto, ha estado siempre encaminada a pronosticar el derrocamiento de todos los  gobiernos continuadores de la revolución popular triunfante el 1º de enero de 1959, pero nunca han faltado ilustres estadounidenses que no han escatimado riesgos ni sacrificios por reconocer la realidad cubana.

Intelectuales de la altura de Charles W. Mills, Saul Landau, Tom Hayden,  Carleton Beals, James Baldwin, Truman Capote y otros que en 1960 crearon el Comité de Trato Justo para Cuba, han tenido siempre dignos continuadores.

Aunque el criminal boqueo -que Washington llama embargo para disimular su naturaleza unilateral y global- no ha logrado el derrumbe del gobierno socialista en la isla, si ha impedido al pueblo cubano alcanzar el pleno desarrollo del programa económico y social de su revolución.

Cuánto se ha escrito o dicho en Estados Unidos sobre Cuba en los últimos 60 años, está necesariamente permeado por el ambiente hostil contra la isla que ha existido en Norteamérica, promovido y financiado por Washington.

Los avances que se habían logrado durante la Administración de Barack Obama hacia la normalización de las relaciones de Estados Unidos con Cuba han obedecido al reconocimiento por parte de Washington de que la batalla secular contra Cuba desde posiciones de fuerza les ha resultado inútil o contraproducente.

Los cambios que de manera sistemática lleva a cabo la nación cubana con vistas al perfeccionamiento de su sistema de gobierno orientado al socialismo responden a la voluntad de los cubanos de adaptar su programa revolucionario a las realidades de la situación interna y global, aunque los medios estadounidenses y los de otros países que se orientan por la brújula estadounidense, le atribuyan como motivación de tales reajustes la obediencia o desobediencia de las disposiciones y conveniencias de Washington.

La Habana, Diciembre 7 de 2017

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.


Esto no traerá paz a Israel; todo lo contrario

Robert Fisk
La Jornada – Viernes 08 de diciembre de 2017

Palestinos que enfrentaban a soldados israelíes auxilian a un compañero herido durante las protestas en Ramalá, ayer, por la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer Jerusalén como capital de Israel. Foto Afp

Me llamaron de una radio irlandesa de Dublín para conocer mi postura ante la decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. ¿Qué pienso que ocurre dentro de la mente del presidente de Estados Unidos?, me preguntaron. No tengo la llave del asilo de lunáticos, respondí de inmediato. Lo que alguna vez pudo haber sido una absurda y exagerada declaración fue aceptada simplemente como una reacción normal a lo dicho por el líder de la principal potencia mundial. Al volver a escuchar el discurso que Trump dio en la Casa Blanca me di cuenta de que pude haberme expresado incluso con mayor libertad. Lo dicho en el documento es loco, descabellado, vergonzoso.

Adiós, Palestina. Adiós a la solución de dos estados. Adiós a los palestinos. Porque esta nueva capital israelí no es para ellos. Trump ni siquiera usó la palabra Palestina. Habló de Israel y los palestinos: en otras palabras, de un Estado y aquellos que no merecen –y no deben aspirar más– a un Estado.

No me sorprende haber recibido anoche la llamada desde Beirut de una mujer palestina que acababa de escuchar a Trump destruir el proceso de paz.

“¿Recuerdas El reino del paraíso?”, me preguntó en referencia a la gran película de Ridley Scott sobre la caída de Jerusalén en 1187. Bueno, pues ahora es el reino del infierno.

No es el reino del infierno. Los palestinos han vivido en una especie de infierno durante 100 años, desde que en la Declaración de Balfour, Gran Bretaña manifestó su apoyo a la patria judía en Palestina con una sola frase –misma que le da tanto orgullo a nuestra amada Theresa May– y que se volvió el libro de texto de los refugiados y de los futuros árabes palestinos desposeídos de sus tierras. Como siempre la respuesta árabe fue repugnante, al advertir de los peligros de la decisión de Trump, que fue injustificada e irresponsable, como dijo de manera insustancial el rey Salman, de Arabia Saudita, el así llamado protector de uno de los dos lugares más sagrados del islam (el tercero está en Jerusalén, pero no llegó a señalar este hecho). Podemos estar seguros de que en los próximos días instituciones árabes y musulmanas formarán un comité de emergencia para enfrentar el peligro. Y como bien sabemos, sus medidas no tendrán valor alguno.

Fue el análisis lingüístico de Noam Chomsky que aprendí cuando estaba en la universidad –después él y yo nos volvimos buenos amigos– el que apliqué al discurso de Trump. Lo primero que noté, como mencioné antes, fue la ausencia de Palestina. Siempre pongo esta palabra entre comillas porque no creo que jamás llegue a existir como Estado. Vayan y vean las colonias judías en Cisjordania y les quedará claro que Israel no tiene la intención de que éste exista en el futuro. Pero eso no es una excusa para Trump. Está presente el espíritu de la Declaración de Balfour, que se refiere a los judíos pero define a los árabes como comunidades no judías existentes en Palestina. Trump disminuyó aún más el nivel de los árabes de Palestina al llamarlos simplemente palestinos.

Desde el principio comienzan las artimañas. Trump habló de una manera fresca de pensar y  nuevos enfoques. Pero no hay nada nuevo sobre Jerusalén como la capital de Israel, dado que los israelíes han insistido en esto durante décadas. Lo que es nuevo es que para el beneficio de su partido, los cristianos evangélicos que afirman apoyar a Israel desde Estados Unidos, Trump simplemente ha dado la espalda a cualquier noción de justicia en las negociaciones de paz y echado a correr con la pelota de Israel.

Presidentes anteriores han tomado medidas para postergar la adopción de la Ley del Congreso para Jerusalén de 1995 no porque retrasar el reconocimiento de Jerusalén promueva la causa de la paz, sino porque tal reconocimiento debe ser otorgado a una ciudad como capital de dos pueblos y dos estados, no sólo uno.

Luego Trump nos dice que su decisión es lo mejor para los intereses de Estados Unidos. Sin embargo, no logra explicar cómo al retirar a Estados Unidos de hecho de las futuras negociaciones de paz y destruir la aseveración (que ahora es más dudosa que nunca) de que Estados Unidos es un facilitador honesto de estas pláticas) puede beneficiar a Washington.

Claramente no lo hará (aunque seguramente ayudará al partido de Trump a recaudar fondos), pero disminuye el prestigio y la posición de Estados Unidos en todo Medio Oriente. Además, asegura que como cualquier otra nación soberana, Israel tiene derecho a determinar cuál es su capital. Hasta cierto punto, lord Copper. Cuando otro pueblo –los árabes más que los judíos– también reclaman a dicha ciudad como su capital (al menos la parte este de la misma), dicho derecho queda suspendido hasta que llega a existir una paz final.

Israel podrá reclamar a Jerusalén como su capital eterna y sin divisiones –de la misma manera en que Netayahu afirma que Israel es el Estado judío a pesar de que más de 20 por ciento de su población es de árabes musulmanes que viven dentro de sus fronteras– pero el reconocimiento de Estados Unidos de esta aseveración implica que Jerusalén jamás podrá ser capital de ninguna otra nación. Ahí está el punto de fricción. No tenemos ni la más mínima idea de las verdaderas fronteras de esta capital. Trump de hecho ha admitido esto en una frase que fue casi del todo ignorada, cuando dijo: “no estamos tomando una posición (…) sobre las fronteras específicas de la soberanía israelí sobre Jerusalén”. En otras palabras, reconoció la soberanía de un país sobre toda Jerusalén sin saber exactamente la delimitación de dicha ciudad.

De hecho, no tenemos la menor idea de dónde está la frontera este de Jerusalén. ¿Está acaso a lo largo de la vieja línea fronteriza que dividía a Jerusalén? ¿Se encuentra a unos dos kilómetros de distancia al este de Jerusalén oriental? ¿O está a lo largo del río Jordán? En ese caso, adiós a Palestina. Trump le ha otorgado a Israel el derecho sobre toda la ciudad como su capital sin tener la más pálida idea de dónde está la frontera este del país, ya no digamos la frontera de Jerusalén.

El mundo estuvo contento de aceptar a Tel Aviv como capital temporal de la misma forma en que se hizo como que Jericó o Ramalá eran la capital de la Autoridad Nacional Palestina después de que Arafat llegó ahí. Pero no se iba a reconocer Jerusalén como capital israelí aunque Israel la reclamara como tal.

Entonces, cuando Trump comenzó su más exitosa democracia, afirmó que la gente de todas las creencias es libre de vivir y venerar según su conciencia. Confío en que no vaya a decirle eso a los 2 millones y medio de palestinos de Cisjordania que no son libres de entrar a Jerusalén para ejercer su religión sin un pase especial, o a la sitiada de Gaza que ni siquiera tienen esperanzas de llegar a la ciudad santa.

Pese a todo, Trump proclama que su decisión no es más que reconocer la realidad. Supongo que su embajador en Tel Aviv –quien presumiblemente se mudará a Jerusalén aunque sea a una habitación de hotel– se cree esta patraña, porque fue él quien aseguró que Israel tiene bajo ocupación sólo 2 por ciento de Cisjordania.

Esa nueva embajada, cuando se complete, se convertirá en un magnífico tributo a la paz según Trump. Viendo los búnkers en que se han convertido la mayoría de las embajadas estadunidenses en Medio Oriente, será un lugar rodeado de rejas blindadas y paredes de concreto reforzado en cuyo interior habrá pequeños búnkers para el personal diplomático. Pero para entonces Trump ya se habrá ido (...) ¿o no?

Como de costumbre, nos enfrentamos a uno de los revoltijos de Trump. Quiere un gran acuerdo para los israelíes y palestinos, un acuerdo de paz que sea aceptable para ambas partes, pese a que esto no es posible ahora que él le concedió la totalidad de Jerusalén a Israel como su capital antes de que existieran las conversaciones sobre el estatus final que el mundo aún tiene la esperanza de que ocurra entre ambas partes. Pero si Jerusalén es uno de los temas más sensibles de estas pláticas, si iba a haber desacuerdo y disenso sobre su anuncio –todo lo cual él admitió– entonces ¿para qué demonios tomó la decisión?

Para cuando cayó en la verbosidad estilo Blair, diciendo que el futuro de la región se ha postergado por el derramamiento de sangre, la ignorancia y el terror, el discurso de Trump se volvió ya insoportable porque nadie tiene estómago para semejante cantidad de mentiras.

Si se supone que la gente va a responder al desacuerdo con un debate razonado y no con violencia ¿cuál es el objetivo de reconocer a Jerusalén como capital de Israel? ¿Promover un debate, por todos los cielos? ¿Es eso lo que quiso decir cuando habló de “repensar viejas suposiciones?

Pero ya fue suficiente de estas tonterías. ¿Qué nueva temeridad se le puede ocurrir a este miserable para decir más mentiras? ¿Qué pasaba por su mente confusa cuando tomó esta decisión? Claro: quiere cumplir sus promesas de campaña. Pero ¿cómo es que puede cumplir su promesa y no fue capaz, en abril pasado, de decir que la matanza masiva de millón y medio de armenios en 1917 constituyó un acto de genocidio? Seguramente porque temió molestar a los turcos, quienes niegan el primer holocausto industrial del siglo XX. Bueno, pues los turcos están muy molestos ahora. Quiero pensar que tomó eso en consideración.

Pero olvídenlo. El hombre está loco. Y le va a tomar muchos años a su país recuperarse de su último acto de insensatez.

© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca


Donald Trump: Sus rendijas mentales

Cubasí  -    Nicanor León Cotayo   -  08 Diciembre 2017 05:44

El presidente Donald Trump muestra la orden que reconoce a Jerusalén como la capital de Israel. El Nuevo Herald

Otro análisis coincide en alertar sobre las grietas mentales que padece el presidente Donald Trump para conducir a Estados Unidos.

Así lo afirmó este jueves una columnista del Nuevo Herald, Dora Amador, cuando abordó el tema.

Ella refuerza su apreciación en lo dicho por cientos de siquiatras  acerca de su enfermo estado mental publicado en fuentes médicas y  que representa “un peligro enorme para el país”.

En el artículo Amador expresa: “Cierto que se comporta erráticamente, se contradice y es un mentiroso compulsivo y patológico, además de un vicioso de Twitter, red social que le proporciona inmenso placer al presumir que lo leen decenas de millones de seres humanos, en la mayoría de los cuales ejerce miedo, ira, impotencia, y la burla que enmascara el odio.”

Y añade, que sus decisiones no corresponden a un trastorno sicológico sino producto de una entraña diabólica.

Dora Amador ejemplifica algunas de las decisiones tomadas por el mandatario, como:

•    Aumentar la desigualdad económica entre los estadounidenses

•    respaldo a grupos nazis y de ultra derecha racista

•    declarar a la ciudad santa de Jerusalén capital de Israel, lo que provoca más violencia en el Medio Oriente

•    salir del acuerdo internacional en contra del calentamiento global.

•    deportar a 800 mil jóvenes criados en Estados Unidos, hijos de inmigrantes que pertenecen al Programa de Acción Diferida” (DACA)

•    liberar la venta de armas a la sociedad civil, incluidos rifles de guerra

•    otorgar permiso para portar armas, incluso  a enfermos mentales

•    cortar drásticamente los impuestos a los multimillonarios y las empresas ricas.

•    cortar los fondos del Medicare, Medicaid y Seguro Social

•    intentar con todos sus recursos eliminar la libertad de prensa, entre otras.

No en balde, ya un poderoso ejército de estadounidenses  colocan entre signos de interrogación la salud mental de su Presidente.

Lo dicho no excluye que aún existe un sector multimillonario de esa sociedad que se identifica con la política del presidente Donald Trump.

Como se va conociendo, este capítulo queda abierto,  aún le falta un incierto camino que andar.


El independentismo catalán lanza un 'Écoute Europe' en una manifestación en Bruselas

Puigdemont lanza un ácido SOS a la Unión Europea ante 45.000 catalanes que le aclaman en la capital de Bélgica

EL PERIÓDICO  -  Xabier Barrena / Silvia Martinez
Bruselas - Jueves, 07/12/2017 | Actualizado a las 20:55 CET

Marta Rovira: Lo que no puede legitimar Europa es la democracia del golpe. / ALTAS VÍDEO

Más de 45.000 catalanes han tomado este jueves la capital administrativa de Europa, Bruselas. Una demostración de poderío en plena campaña electoral que ha servido tanto para que Carles Puigdemont se diera un baño de multitudes como  para lanzar un grito desgarrado a las instituciones europeas para que pongan coto a los desmanes que, según los independentistas, comete el Estado español en forma de represión continuada desde mediados de septiembre.

El lema de la manifestación, ‘Wake up, Europe (Despierta Europa)’, recoge el espíritu de la marcha secesionista por Bruselas que se ha centrado, también, en la exigencia de que se liberen a los presos del 'procés'. Como cabía esperar, el blanco de las críticas, el Gobierno español, ha recibido con desdén el acto belga.

El ‘expresident’ ha sido el más ácido con la cúpula de la UE, a la que ve alejada de la auténtica alma del viejo continente y de los valores fundacionales de la propia Unión. Sin explicitarlo, Puigdemont ha dibujado la idea de una Europa secuestrada por una élite ligada a oscuros "intereses económicos" y que secundan las decisiones del Gobierno de Mariano Rajoy. Yendo más allá, ha dudado, incluso, de la "honestidad" de algunos mariscales de la instituciones europeas, y por el curso de las declaraciones de estos meses, no sería de extrañar que el blanco de la acusación fuera el propio Jean-Claude Juncker.

El ‘expresident’ ha señalado a la UE por usar "dos varas de medir" en el conflicto catalán, se supone que en perjuicio de los intereses independentistas. Y ha sentenciado, en plena sintonía con aquellos que califican la UE como un mero ‘club de gobiernos’: "Europa, escucha no solo a los estados". Siempre en la misma línea ha pedido a las instituciones de la unión que le digan "Así, no" a Rajoy.

Encuestas electorales

Puigdemont a Juncker: ¿Por qué Rajoy cree que somos criminales? / VIDEO LAB GRUPO ZETA

Puigdemont ha hecho pocas referencias a la campaña electoral, a pesar de que su entorno estaba poco menos que eufórico con los resultados de la encuesta de EL PERIÓDICO que sitúan la lista del ‘expresident’ a pocas décimas del, hasta ahora, gran favorito, Oriol Junqueras.

ERC no ha querido mostrar en público demasiada preocupación por dicho barómetro, aunque en privado no ha ocultado su disgusto por cómo se estaba preparando el acto de Bruselas, por considerar que sería, como así ha sido, un homenaje a mayor gloria de Puigdemont.

Con todo, Marta Rovira sí ha abordado la cuestión electoral y, retomando lo ya dicho en alguno de sus mítines iniciales de campaña, ha mostrado el espantajo de una eventual victoria del ‘frente del 155’ y, singularmente de Ciudadanos. "Si vencen", ha dicho, "desturirán el modelo de país actual, basado en los consensos", en referencia a la ley de normalización lingüística y al modelo de medios de comunicación públicos. Rovira ha llamado a las huestes independentistas a llenar las urnas de votos para "validar la república".

En el capítulo de ataques, Rovira ha acusado al Estado "de no jugar nunca limpio, porque les da miedo la democracia, porque saben perfectamente" que el independentismo volverá a ganar. Retadora, se ha preguntado si el Ejecutivo central acaso creía que por encarcelar a la mitad del Govern, por enviar el exilio a la otra mitad, conseguiría detener el impulso secesionista.

"Desnudar al Estado"

El concejal de Vic de la CUP Joan Coma, el que fuera conducido ante la justicia para que explicara que era eso de "tener que romper huevos para hacer una tortilla" ha respondido al líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien acusó al independentismo de "despertar el fantasma del fascismo" con sus demandas. "No hemos despertado a nadie, solo hemos desnudado al estado, que ha otorgado plena impunidad a la violencia ultra".

El orador más enardecido ha sido, sin duda, el ‘exconseller’ de Salut Toni Comín. En un mensaje estructurado en dos grandes partes, en el que la segunda ha sido coincidente con la denuncia de connivencia entre la UE y España hecha después por Puigdemont, Comín ha arremetido contra el Ejecutivo de Rajoy: "Tenéis miedo a la democracia", ha clamado dirigiéndose al Gobierno español. "Lo ha dicho la justicia belga. Porque si habéis retirado la euroorden porque aquí no es delito de lo que se nos acusa, significa que nos perseguís por nuestras ideas políticas", ha afirmado. Y aún más vehementemente, ha espetado: "Tenéis miedo a las urnas porque sois unos franquistas".

La Moncloa ha reaccionado con desdén. Desde las insinuaciones fuera de micro de que la mayor parte de los asistentes a la manifestación secesionistas eran flamencos, por aquello de la hermandad existente entre ambos nacionalismos, a las palabras explícitas de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en defensa, precisamente, de las instituciones europeas. "Si pueden ir (a la manifestación de Bruselas) es porque disponen de una Constitución, están ejerciendo un derecho europeo, derivado de que España forma parte de la UE. La UE es libertad, permite estas cosas. Les diría a quienes están allí que tener un DNI español y permanecer en la UE es lo que les ha permitido ir ahí y manifestarse".

Contemporizador, el vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, ha defendido que todos los ciudadanos tienen derecho a manifestarse y expresar sus opiniones, pero no a "ignorar" la ley.