sábado, 13 de enero de 2018

EL NUEVO MUNDO

Jorge Gómez Barata

Cristóbal Colón no descubrió a América, pero propició la integración de sus vastos territorios, riquezas naturales, millones de pobladores y culturas a la economía global y al mercado mundial de materias primas, mano de obra y capitales. Aquel evento dio lugar al más importante ajuste territorial, la mayor trasferencia cultural y los más grandes desplazamientos humanos que hayan tenido lugar. Todo ello representó la más vigorosa contribución a la expansión de la cultura universal, aunque, lamentablemente también a la más vasta operación de saqueo realizada nunca. 

Cuando en el siglo XV ocurrieron aquellos hechos, la humanidad había recorrido un camino milenario y acumulado conocimientos científicos, expresiones culturales, realizaciones e invenciones que fueron transferidos a los países surgidos de la colonización del Nuevo Mundo que, recibieron una inyección civilizatoria lo cual facilitó su devenir histórico.

Lamentablemente, debido a las políticas de las coronas europeas, los pueblos originarios fueron excluidos de muchos de los adelantos introducidos por los colonos cuyos descendientes, fundaron las naciones y los estados surgidos de aquellos procesos, ninguno de los cuales alcanzó los niveles de desarrollo de sus metrópolis. En ese orden los Estados Unidos fueron una notable excepción.

El surgimiento y desarrollo de los Estados Unidos constituye el fenómeno geopolítico y socioeconómico más notable de la era moderna. Se trata del único país del Nuevo Mundo, una ex colonia que en poco más de doscientos años alcanzó un desarrollo que le ha permitido superar a las metrópolis colonizadoras en prácticamente todos los órdenes.

Semejantes resultados no se deben a ninguna predestinación o fuerza sobrenatural ni a cualidades especiales de los europeos que los poblaron ni a sus descendientes, tampoco a la riada de emigrantes que han formado su población, sino al modo excepcional como las vanguardias políticas que condujeron la revolución de independencia, fundaron un país unido y diverso y  diseñaron estructuras e instituciones económicas, políticas, sociales, así como jurídicas, culturales e ideológicas apropiadas, y organizaron una sociedad capaz de aglutinar y de asimilar las doctrinas, saberes, habilidades e invenciones creados por toda la humanidad.

Los Estados Unidos fueron la primera república y la primera democracia, el país donde se proclamó la primera constitución y donde por vez primera las autoridades fueron electas. El único estado del mundo donde la Constitución original rige, donde nunca, se suspendió una elección y ningún gobierno ha sido depuesto.   

La excepcionalidad de los Estados Unidos que se expresa en la estabilidad y el éxito de sus estructuras e instituciones, es un resultado de sus políticas liberales y del carácter abierto y acogedor de su sociedad, de la capacidad para asimilar conocimiento, experiencias y aporte personales ajenos y de convertir en propios los valores positivos que quienes se les acercan.

La receta por la Estados Unidos llegó a la cima fue asimilando y compartiendo con la humanidad. Aislarlos e instarlos a tratar con desdén y a discriminar a sus vecinos, tratando de convertirlos en una nación culturalmente conservadora o chovinista y encerrarlos por muros o fosos, no es contribuir a su grandeza sino empujarlos al lado equivocado de la historia.

El Nuevo Mundo, del cual Estados Unidos es la expresión más rotunda, es hijo del encuentro y del encaje de culturas y civilizaciones. La xenofobia le es ajena. Allá nos vemos.

La Habana, 13 de enero de 2018

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El presente artículo fue escrito para el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo indicar la fuente.


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