domingo, 18 de febrero de 2018

ESTAMPAS AFRICANAS


Jorge Gómez Barata

Las destituciones de Robert Mugabe y Jacob Zuma, ahora expresidentes de Zimbabwe y Sudáfrica, no son asaltos al poder desde la oposición. No van a los récords como golpes de estado y no se les asocia con lo ocurrido en Paraguay cuando en 2012, mediante una maniobra parlamentaria, fue destituido el presidente Fernando Lugo, procedimiento aplicado también a Dilma Rousseff, ex mandataria de Brasil. 

Tal vez ocurre así porque se trata de África, el más preterido de todos los continentes donde impunemente los imperios coloniales europeos se han robado todo lo que han podido, incluso alrededor de 50 millones de jóvenes que durante cuatro siglos fueron cazados como fieras y vendidos como bestias en el Nuevo Mundo. En África, como una “innovación” se instauró el apartheid que duró más de 70 años.   

Para sumar paradojas a su excepcional historia, Sudáfrica y Zimbabwe, únicos estados africanos fundados por blancos y donde los colonizadores se asimilaron, constituyeron la nacionalidad boers y desarrollaron una lengua autóctona, el afrikáner y donde las luchas de los pueblos originarios no fue frente a una metrópolis extranjera, sino contra la opresión de la minoría, aunque blanca también nativa, protagonizan ahora una inédita página en la cual, los partidos políticos, ANC y ZANU-PF, mediante exigencias perentorias desplazaron del poder a los mandatarios electos.

En ambos casos llama la atención el carácter palaciego, rápido e incruento del procedimiento quirúrgico, ajeno a cualquier movimiento de masas y sin consulta con las bases de los partidos involucrados. Es curioso que mientras estas entidades hacen saltar del poder a mandatarios electos, el resto de las instituciones del estado se mantienen al margen, la prensa apenas se involucra, las masas son ignoradas y el pueblo mira para otro lado.

En Sudáfrica, fue expulsado del poder Jacob Zuma que lo ejerció por nueve años. Zuma, casado con seis esposas (a la vez) y padre de 21 hijos, acusado de corrupción, nepotismo, lavado de dinero y acoso sexual, soportó ocho procedimientos de votos de censura en el parlamento. Con un procedimiento semejante, aunque con participación del ejército, a fines de 2017 fue destituido el presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe.

En Sudáfrica el evento se completó cuando asumió la presidencia Cyril Ramaphosa, que desde las filas del ANC participó activamente en la lucha contra el apartheid, en 1985 estuvo entre los fundadores de la Unión Nacional Trabajadores de la Minería, destacándose después en las negociaciones que condujeron a la liberación de Nelson Mandela y al establecimiento de la democracia mayoritaria en Sudáfrica. 

Para la elección como presidente de la república y líder del ANC, Ramaphosa no fue cuestionado acerca de cómo transitó de líder sindical a magnate minero y como, desde cero, acumuló una fortuna de alrededor quinientos millones de dólares. Nadie le preguntó acerca de su probable implicación en la reiterada represión y masacre de los mineros.

El Congreso Nacional Africano (ANC) y la Unión Nacional Africana de Zimbabwe (ZANU) que otrora figuraron entre las más prestigiosas vanguardias africanas, pueden haber consumido el capital político acumulado en la lucha contra el apartheid. Como en otros casos, los méritos son un aval, no un cheque en blanco. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de febrero de 2018

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