miércoles, 28 de febrero de 2018

UNA FUERZA DECISIVA


Jorge Gómez Barata

Dios protege a la inocencia, excepto en aquellas escuelas de Estados Unidos caprichosamente elegidas por matones o desequilibrados que resultan favorecidos por una demencial política de comercialización y uso de las armas de fuego. A pesar de ello, no todo está perdido. Hubo otras batallas y brillantes victorias.

Se equivocaron los racistas sureños cuando creyeron que Abraham Lincoln no reaccionaria ante la secesión de 11 estados, erraron al creer que podían ganar la guerra y al apostar a que el presidente carecía de capacidad para hacer aprobar la 13º Enmienda. Pifiaron al pretender que las leyes Jim Crow y la segregación racial serian eternas y fallaron al retar a los presidentes Kennedy y Johnson y asesinar a Martin Luther King. ¿Por qué creer que la Asociación Nacional del Rifle y los mercaderes de armas son infalibles o invencibles?

La derecha americana, el gobierno y los congresistas ultraconservadores liderados por Marcos Rubio, no deberían subestimar el poder de la inocencia.

En Estados Unidos hay cerca de 100.000 escuelas primarias, unas 40.000 secundarias, las cuales albergan más de cincuenta millones de alumnos y unas 5.000 Universidades. con 15. 000 000 de estudiantes. Cada escolar o universitario tiene madre y padre, hermanos, abuelos y tíos.

Los profesores y maestros son cuatro millones, de ellos el 70 por ciento son mujeres, muchas de ellas también madres. A ellos suman los rectores, directivos e integrantes de las juntas de educación. En conjunto, alrededor de 100 millones de personas organizadas en estructuras estables.

A ese potencial se añaden fuerzas políticas enmarcadas en las legislaturas estaduales y condales, las alcaldías, las agencias federales dedicadas a asuntos sociales, humanitarios y culturales, así como buena parte de la sociedad civil e importantes líderes del sector empresarial que comienzan a tomar distancia de la Asociación Nacional del Rifle, de los mercaderes de armas y de los miembros de la administración y del Congreso que no reaccionan debidamente ante la crisis en progreso.

Por su alto nivel cultural, su actualización, y la vinculación con los asuntos sociales y humanistas, los alumnos y estudiantes, maestros y profesores de escuelas secundarias y universidades, son potencialmente susceptibles de comprender la esencia de procesos sociales que como el delito y la criminalidad afectan a la sociedad. Cuando ocurre como ahora que una violencia desmesurada y letal los afecta directamente, no debe extrañar una reacción rápida y eficaz de alcance nacional.

No debe pasarse por alto que, aunque descentralizado a nivel del país y los estados y con componentes privados, el sistema educativo de los Estados Unidos es básicamente público por lo cual, en su conjunto, el funcionamiento y la seguridad, constituyen una obligación del estado y los gobiernos, incluido el gobierno federal, que no puede desentenderse ni improvisar fórmulas como aquella que aconseja armar a los maestros y profesores.           

Juntos o por separados el potencial de movilización de los que reclaman sensatez, son muchos más de los cinco millones de simpatizantes que dice tener la Asociación Nacional del Rifle a la cual, algún día, el disparo le saldrá por la culata. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de febrero de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo cuitar La fuente 

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