miércoles, 9 de mayo de 2018

DESNUCLEARIZAR ES LA MEJOR OPCION


Jorge Gómez Barata

John Bolton, flamante asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump debutó mostrando “la soga en casa del ahorcado” al sugerir que en la desnuclearización de Corea del Norte, Estados Unidos aplicará la receta utilizada en Libia. Es falso, entre otras cosas porque nunca hubo tal receta.

Lo que Bolton hace es entronizar confusiones que provocan a Corea del Norte y aportan municiones a los manipuladores interesados en sembrar temores al vincular el desmantelamiento del programa nuclear libio en 2004 con los bombardeos y el asesinato de Gadafi ocurridos siete años después, especulando con la idea de que algo semejante pudiera ocurrirle a Kim Jong-Un.

La decisión de Gadafi de abandonar el programa de armas nucleares, adoptada en 2003, fue correcta y entre esa medida y lo ocurrido posteriormente, incluidos los bombardeos de la OTAN y su asesinato, no puede establecerse una relación de causa efecto.

LIBIA EN LA ERA NUCLEAR

En los años ochenta del pasado siglo, violando las disposiciones del Tratado de no Proliferación Nuclear, el cual había suscrito, de modo clandestino Gadafi inició un programa para fabricar bombas atómicas.

En realidad, aquel proyecto carecía de futuro debido a que Libia no poseía el desarrollo científico ni las capacidades industriales para desarrollar un programa atómico.

Lo que parece haber ocurrido es que después de veinte años, el programa nuclear libio se volvió insostenible, entre otras cosas la dependencia del exterior y por el modo ilegal como adquiría los componentes nucleares que la hacían vulnerable a las redes de traficantes de armas y a la penetración de los servicios especiales occidentales.

Ya sea por la presión de occidente o porque se persuadió de lo insostenible del proyecto, en 2003 Gadafi abandonó del programa nuclear.

En aquel contexto los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, así como al Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) participaron en el desmantelamiento del programa nuclear y se hicieron cargo de la tecnología, entre ellas cuatro mil centrifugas sin estrenar, incluido uranio y plutonio y la documentación asociada a aquel proyecto. Como premio se levantaron las sanciones y Libia retornó a la comunidad internacional.

Confundido por el éxito o creyéndose derrotado, Gadafi vivió durante años la ilusión de haberse convertido en un aliado de los círculos de poder occidentales que lo admitían con honores y halagos en sus palacios y cancillerías, mientras conspiraban para liquidarlo como después se comprobó.

El error de Gadafi no fue abandonar el programa nuclear que nunca necesitó ni debió iniciar, y que significaba un enorme peligro para su país y los vecinos, sino haberse dejado tentar por occidente al que se entregó en cuerpo y alma.

En Corea del Norte e Irán existen estructuras de poder, aunque autoritarias, consolidadas con algunos resguardos frente a actitudes políticamente erosivas, no existen los peligros que estuvieron presentes en Libia. Si bien valen las alertas, la desnuclearización de Corea del Norte y la preservación del acuerdo 5+1 son avances en la dirección de evitar la difusión de las armas nucleares.

La Habana, 09 de mayo de 2018

No hay comentarios:

Publicar un comentario