jueves, 24 de mayo de 2018

DESTRUIR ALIANZAS EFICIENTES


Jorge Gómez Barata

La arquitectura del sistema internacional contemporáneo, basado entre otros factores en la igualdad soberana de los estados, el multilateralismo, y el libre comercio, fue diseñada por Estados Unidos, que ahora se desmiente y trabaja para deshacer un sistema de instituciones y alianzas que fue exitoso durante 60 años, y entre otras, soportó la prueba de la Guerra Fría.

La etapa decisiva de ese esfuerzo comenzó cuando, espantado por la carnicería protagonizada por los gobiernos europeos de principios del siglo XX, cuyos excesos nacionalistas y mezquindades territoriales desataron la Primera Guerra Mundial; involucró a 32 países, y ocasionó la muerte de alrededor de sesenta millones de personas.

En aquel contexto los mandatarios de Estados Unidos Woodrow Wilson, y Lloyd George, y George Clemenceau de Inglaterra y Francia respectivamente, pretendieron reordenar la sociedad internacional creando la Sociedad de Naciones (1919), que llegó integrar a 63 estados, y pretendía evitar que se repitieran tragedias semejantes.

Aunque fracasó al no poder impedir la II Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones fue un precedente sobre el cual avanzó el presidente Franklin D. Roosevelt, que junto a Winston Churchill en 1941 emitió la Carta del Atlántico, a la cual se adhirió la Unión Soviética, y que, andando el tiempo, sería el borrador de la Carta de la ONU, que sirvió de base al actual sistema de seguridad y relaciones internacionales construidos por Roosevelt, Stalin, y Churchill.

La propuesta de la ONU fue tan racional y flexible que resultó compatible con los intereses de la Unión Soviética que concluida la guerra desempeñó un papel protagónico en la creación de las Naciones Unidas, hasta hoy el mejor y más fructífero proyecto internacional, tan idóneo que logró sobrevivir a los avatares de la Guerra Fría, y es todavía el mejor instrumento para el orden internacional.

Junto con la ONU, Estados Unidos auspició la creación de un sistema de instituciones, entre ellas las llamadas de Breton Woods, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y el Acuerdo General de Aranceles y Comercios (GATT), antecesora de la actual Organización Mundial del Comercio (OMC).

Esas y otras entidades, como la Organización de Estados Americanos (OEA), y el Tratado de Río (TIAR), iniciativas como el Plan Marshall y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), unidas a los tratados para el cese de la ocupación de Alemania y Japón formaron el sistema de alianzas de occidente, y dieron cohesión orgánica al liderazgo y la hegemonía mundial de Estados Unidos en la postguerra. 

Durante la Guerra Fría y hasta la llegada a la Casa Blanca de la actual administración, todos los mandatarios sin excepción se dedicaron a reforzar esas alianzas, que resultaron compatibles con los gobiernos locales, inclusos los de orientación socialista, y con estructuras como la Unión Europea.

Al cuestionar estas entidades y compromisos que han sido y son puntales de su relevancia internacional, Estados Unidos se desdice, desecha aliados fieles, y conspira contra sus propios intereses. Vivir para ver. Allá nos vemos.  

La Habana, 23 de mayo de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo citar la fuente.

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