martes, 12 de junio de 2018

CONSTITUCIÓN DE NUEVA GENERACIÓN


Jorge Gómez Barata

Cuba pudiera realizar un aporte al pensamiento y la práctica del socialismo al entronizar una Constitución Socialista de nueva generación. Antes, con luces y sombras, rigieron las constituciones soviéticas de 1918 y 1924, la de 1936, llamada Constitución de Stalin, y la de 1977, conocida como de Brezhnev. Naturalmente también estuvieron las de los países de Europa Oriental y las de Vietnam y China.

En 1918, un año después del triunfo bolchevique, se proclamó la Primera Constitución Socialista para la República Federativa de Rusia (Entonces no existía la Unión Soviética). Debido a la Guerra Civil el texto nunca se aplicó. Concluido el conflicto, en 1922 se constituyó la Unión Soviética (URSS) que en 1924 entronizó su primera constitución. Debido a su larga enfermedad y la muerte aquel mismo año, Lenin apenas participó en tales trabajos. 

La constituciones de 1924 fue prolija en cuanto a las estructuras del mega estado que se constituía, incorporando a su texto la Declaración sobre la formación de la URSS y el acuerdo al respecto, precisando además las competencias de los órganos rectores y algunos preceptos de carácter político e ideológico sobre la revolución mundial, en la que entonces todavía se creía.

Aunque cumplió el cometido de establecer la Unión de Repúblicas Socialista Soviética (URSS), por razones explicables la constitución de 1924 fue omisa en materias que el constitucionalismo considera imprescindibles para la existencia de estados de derecho, entre otras la separación de poderes, los derechos individuales, las elecciones universales con voto secreto y otras libertades.  

Con luces y sombras, las constituciones soviéticas de 1918 y 1924 formaron la primera generación de constituciones socialistas del mundo.

El verdadero aporte constitucional soviético llegó en 1936, cuando en un nuevo contexto nacional e internacional, fue adoptada la Constitución de 1936, conocida como la Constitución de Stalin, que consta de 7,389 palabras y 145 artículos. Su texto comienza como una definición que se tornó recurrente en casi todos los países socialistas: “La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es un estado socialista de obreros y campesinos”. De ese modo se dio por hecha algo que constituía una remota aspiración.

Consecuente con ese credo definió que: “Son propiedad del Estado, es decir, patrimonio de todo el pueblo, la tierra, el subsuelo, las aguas, los bosques, las fábricas, las minas, el transporte ferroviario, acuático y aéreo, los bancos, los medios de comunicación y las grandes empresas agropecuarias organizadas por el estado, estaciones de máquinas y tractores, etc., así como las empresas de servicios municipales y el fondo fundamental de viviendas en las ciudades y localidades industriales…”

Por reconocer los preceptos liberales acerca de las libertades ciudadanas, y hasta cierto punto ofrecer una perspectiva diferente de la separación de los poderes del estado y del status del poder judicial, e innovar al plasmar una nueva generación de derechos económicos y sociales, la Constitución Soviética de 1936 fue un documento avanzado, incluso cuando se le compara con las de los países occidentales, incluido Estados Unidos.

Quien no fue avanzado es Stalin, que ignoró la herramienta que inmerecidamente se le atribuyó, y gobernó de espaldas a ella, cometiendo brutales violaciones de la legalidad socialista.

Un hecho curioso es que las constituciones de 1918 y 1924 no conceden relevancia alguna al partido comunista, situación saldada por la de 1936, que estableció la prominencia de esa organización cuando, de forma algo vaga o enigmática, en el “Artículo 126 lo define como “Destacamento de vanguardia de los trabajadores en su lucha por edificar la sociedad comunista, y núcleo dirigente de todas las organizaciones de los trabajadores, tanto sociales como del estado”.

Por falta de espacio dejo para mañana las otras generaciones y los aportes diversos. Allá nos vemos.

La Habana, 12 de junio de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo, mencionar la fuente

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