martes, 5 de junio de 2018

COREA: LA GUERRA INCONCLUSA


Jorge Gómez Barata

La división de la península coreana fue un acto innecesario, derivado de errores de cálculo y de la geopolítica practicada por las superpotencias vencedoras en la II Guerra Mundial.

En la Conferencia de Potsdam efectuada por los líderes de Estados Unidos, Unión Soviética, y Gran Bretaña entre el 17 de julio al 2 de agosto de 1945, se acordó ejecutar la división de Alemania en cuatro zonas de ocupación a cargo de esos tres países más Francia. Al parecer, Stalin asumió que cuando Japón fuera derrotado se procedería del mismo modo.

El 8 de agosto de 1945, cumpliendo lo acordado y creyendo poder llegar a tiempo para participar en la rendición y ocupación, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón, e invadió Manchuria y Corea, donde derrotó a las tropas del imperio, pero en territorios lejanos.

Entre tanto, Estados Unidos lanzó las bombas atómicas, forzando la rendición y procediendo en solitario a la ocupación de Japón, mientras las tropas soviéticas en Corea caballerosamente retrocedían, permitiendo que Estados Unidos introdujeran efectivos por el sureño puerto de Busan, y se posicionaran al sur del paralelo 38, línea de demarcación fijada por el mando estadounidense.

Así, como consecuencia de aquella división, no solo física sino profundamente ideológica, realizada bajo la influencia de Estados Unidos y la Unión Soviética, en 1948 se fundaron la República Democrática y Popular de Corea y la República de Corea, que mutuamente hostiles aspiraban a la reunificación bajo términos antagónicos. 

La situación creada fue fuente, de constantes enfrentamientos militares a lo largo de la frontera, hasta que en junio de 1950 las tropas norcoreanas cruzaron el paralelo 38 y avanzaron hacia la profundidad del territorio de Corea del Sur, la cual ocuparon casi totalmente. Al otro día el Consejo de Seguridad de la ONU, con la inexplicable ausencia del delegado soviético, aprobó una resolución que condenó a Corea del Norte, y otorgó el mando de las fuerzas de la ONU a los Estados Unidos.

Desde Japón Estados Unidos contraatacó con una invasión naval y contingentes de tropas terrestres y aerotransportadas, entrenadas y magníficamente equipadas, que hicieron retroceder a las fuerzas norcoreanas, tomaron Pyongyang, y continuaron avanzando rumbo a las fronteras de China, la cual introdujo en combate alrededor de un millón de efectivos.

En aquel contexto surgió la propuesta de MacArthur de utilizar bombas atómicas contra China, lo que influyó en el inicio de las negociaciones comenzadas el 10 de junio de 1951, y concluidas dos años después el 27 de junio de 1953, con un armisticio firmado por Corea del Norte y del Sur, y Estados Unidos, que preveía el cese total de las operaciones armadas en toda Corea, y que estaría vigente hasta que se alcanzara un acuerdo de paz definitivo, lo cual aún no ha sucedido.

El 19 de julio de 1953 los negociadores llegaron a acuerdos sobre la letra del armisticio, el 27 de julio el documento fue firmado, y doce horas después entró en vigor hasta hoy. De hecho, la Guerra de Corea entró en pausa y aún no ha concluido.

La primera modificación e incumplimiento de lo acordado provino de Estados Unidos, que unilateralmente desconoció el párrafo 13(d)  del armisticio, el cual estableció: “…Ambas partes no deberían introducir nuevas armas en Corea…”

En septiembre de 1956 el Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos indicó que el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y el presidente Eisenhower habían revocado el párrafo 13 (d), y en enero de 1958 desplegó armamento nuclear en Corea del Sur, cuyo alcance podía alcanzar a la URSS y China.

Obviamente la supresión del párrafo 13 (d) liberó a Corea del Norte de todo compromiso, y desde los años sesenta comenzó a trabajar para dotarse de armas nucleares. Estados Unidos tiró la primera piedra y no tiene a quien culpar. Allá nos vemos.

La Habana, 05 de junio de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo indicar la fuente.

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