lunes, 4 de junio de 2018

DIPLOMACIA ATÓMICA


Jorge Gómez Barata

La diplomacia atómica, utilizada hasta el hartazgo por las superpotencias de la Guerra Fría y reeditada por Corea del Norte, no la inventó Kim Jong-un, sino Albert Einstein, que en 1939, en la misma carta en la cual solicitó al presidente Franklin D. Roosevelt que intercediera para fabricar tal arma, le sugirió un modo blando de utilizarla: “…Una sola bomba de ese tipo, llevada por un barco y explotada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto por completo, conjuntamente con el territorio que lo rodea…”

El presidente Harry Truman no escuchó al sabio y utilizó la bomba de la peor manera posible, lo cual no solo demonizó el arma atómica, sino que dio lugar a la Guerra Fría y a una desaforada carrera de armamentos.   

La segunda ocasión en la cual, sin llegar a ser utilizada, el arma nuclear se involucró en la política, fue durante la Guerra de Corea, cuando el general Douglas MacArthur, comandante de las tropas que combatían bajo la bandera de la ONU, solicitó emplearlas contra China, a lo cual el presidente Harry Truman se negó categóricamente. El escándalo en torno a aquel asunto trascendió a la opinión pública, dio lugar a la destitución de MacArthur, y puede haber influido en la aceptación del armisticio por todas las partes, que fue alcanzado en 1953.

Obviamente a China, involucrada hasta el cuadril en la Guerra de Corea, llegando a comprometer alrededor de un millón de efectivos, debió preocuparle sobremanera esa posibilidad, y lo mismo puede haberle ocurrido a la Unión Soviética, que había fabricado su primera bomba atómica en 1949, y todavía no estaba en condiciones de aceptar un reto nuclear de Estados Unidos.

El tercer capítulo de la diplomacia atómica ocurrió durante la crisis derivada de la nacionalización del canal de Suez, que dio lugar a la confrontación entre Gran Bretaña, Francia, e Israel contra Egipto a fines de 1956, cuando las tropas sionistas invadieron al país árabe por la península del Sinaí, a lo cual se sumaron tropas británicas y francesas, acción criticada por Estados Unidos, y que conllevó la amenaza soviética de utilizar armas nucleares contra Londres y París.

Un cuarto momento tuvo lugar en Cuba en 1962, cuando ante el emplazamiento de cohetes con cabezas nucleares en la Isla se desató la Crisis de los Misiles. La retirada de aquel armamento se saldó con el compromiso (no escrito) de la administración del presidente Kennedy de que Cuba no sería invadida por Estados Unidos, y la retirada de algunas armas nucleares norteamericanas emplazadas en Turquía.

En cuanto a Corea el diferendo nuclear recomenzó cuando en 1958, apenas cinco años después del fin de la Guerra de Corea, Estados Unidos introdujo armas nucleares en Corea del Sur, actuando en franca contravención del armisticio firmado en 1953, y que en el párrafo 13 (d) establece que: “…Ambas partes no deberían introducir nuevas armas en Corea…”

Sin embargo, en 1956 el Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, reveló que el Consejo de Seguridad Nacional y el presidente Eisenhower, unilateralmente decidieron desconocer el párrafo 13 (d) del armisticio, e entronizar armas nucleares y misiles en la península coreana, lo cual el 21 de junio de 1957 fue informado a los representantes de Corea del Norte. En enero de 1958 se consumó el emplazamiento de tales armas, lo que naturalmente fue protestado por Corea del Norte.

Aunque trabajó en ello desde los años sesenta, no fue hasta 2005 cuando Corea del Norte reveló que poseía armas nucleares, las cuales perfeccionó sucesivamente hasta sumar seis ensayos, incluida una bomba de hidrógeno. El esfuerzo nuclear fue secundado por un programa de misiles. Estos elementos provocaron la enérgica y amenazante reacción de los Estados Unidos, así como la crítica de Rusia y China, y las sanciones de la ONU, pero de hecho ha sido el factor que ha conducido a las partes a la mesa de negociaciones, en la cual quizás se realice la aspiración de completar la desnuclearización de la península coreana.

En materia nuclear, Estados Unidos y no Kim Jong-un, tiró la primera piedra, el líder norcoreano solo cosecha el éxito de lo que puede ser la mejor lección de diplomacia atómica: utilizar bombas atómicas sin hacerlas estallar y sin causar daños. Allá nos vemos.   

La Habana, 03 de junio de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo indicar la fuente

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