martes, 31 de julio de 2018

LA OTRA LIBERTAD


Jorge Gómez Barata

En la recién celebrada sesión del parlamento cubano convocado para debatir el anteproyecto de Reforma Constitucional, algunos diputados reflexionaron acerca de la conveniencia de modificar el artículo referido al derecho de los ciudadanos a la “libertad de palabra y de prensa…” para separar uno de otro y sustituir el concepto de “libertad de palabra” por el de “libertad de expresión”.

Aunque el debate no tocó fondo ni su extensión permitió la exposición de variedad de argumentos de calidad, entre otras cosas porque no hubo participación de los periodistas, puede tratarse de un adelanto de las reflexiones que se expondrán cuando la propuesta constitucional sea debatida en las redacciones.

La libertad de expresión cubre los horizontes de lo humano y lo divino y su ejercicio concierne al pueblo y a todos los estamentos de la sociedad, incluidos los sectores intelectuales, académicos, científicos y otros que se expresan por diversos medios. En cambio, cuando se trata de libertad de prensa, se alude sobre todo a los periodistas, editores, corresponsales, directores y demás ejecutivos de los medios de difusión masiva.

Aunque la Constitución Socialista de 1976 incluye la libertad de prensa, su ejercicio, se atuvo a las particularidades del diseño institucional acordado y era condicionada por la propiedad estatal de la prensa, la radio y la televisión, el cine, las editoriales y los medios de impresión que establecían un monopolio absoluto. En ese esquema la libertad de periodista, directores, y editores fue cooptada. 

Para el ejercicio de la profesión, los periodistas necesitan de libertad. No se trata de libertades abstractas ni excepcionales, sino de las mismas que disfrutan los políticos que con razón y sin ella, con legitimidad o careciendo de la misma, se consideran habilitados para la conducción de las comunidades, trazando metas y decidiendo sobre el destino de millones de personas. La prensa socialista nunca censura a los líderes: ¿Por qué ha de ocurrir a la inversa? 

La libertad requerida por los periodistas es la misma de que hace posible la labor de escritores, dramaturgos, cineastas, pintores, escultores, incluso científicos y académicos y todos los profesionales que en beneficio de la sociedad trasladan al papel, el lienzo, la escena, el celuloide o el lenguaje digital su subjetividad.

Ningún otro actor social influye tanto como el periodismo en la cultura popular, especialmente en la cultura política y no existe ningún elemento de movilización social comparable a la difusión de noticias y consignas, ni mejor instrumento para la denuncia y la protesta que los periódicos, que también son decisivos en la formación de los consensos sociales y en la identificación de las metas compartidas. Ninguna política o disposición debería limitar los horizontes de la prensa.

 En esta coyuntura, la tarea de la prensa no es únicamente acompañar el debate popular sino, introducir en el texto formulaciones que resuelvan sus problemas estructurales y funcionales y promuevan soluciones realmente innovadoras. La distinción entre prensa orgánica e independiente, así como estatal y pública, autodirigida o monitoreada a distancia son vitales.

Todo ello es favorecido por la definición del estado cubano como un estado socialista de derecho. Luego les cuento sobre ello. Allá nos vemos.

La Habana, 31 de julio de 2018

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