martes, 24 de julio de 2018

Lecciones de la Insurrección en Nicaragua


Chencho Alas

Me parece que se pueden reducir a tres lecciones fundamentales: la falta de la educación política de las bases, los efectos de la corrupción y las consecuencias de mantenerse por varios años en el poder.

Una de las grandes enfermedades de la izquierda es el abandonar la educación política y la organización del pueblo, una vez que se ha llegado al poder. Yo viví nueve años en Nicaragua, de 1983 a 1992, y ya para entonces me daba cuenta de cómo el gobierno sandinista se contentaba con montar grandes manifestaciones de apoyo a su política antinorteamericana y olvidaba la formación de cuadros. Participé en la clausura de la campaña electoral de 1990. La plaza frente al lago de Managua se encontraba abarrotada por la participación de varios de cientos de miles de seguidores de Daniel Ortega. El Frente Sandinista se encontraba seguro de que iba a ganar la elecciones. ¡La desilusión fue terrible! El día de la votación me fui a dormir a las dos de la mañana esperando el resultado final. Nadie se lo esperaba, la ganadora era doña Violeta de Chamorro.

Según Frei Betto, el famoso teólogo de la liberación de origen brasileño, “una de las causas principales de los retrocesos en gobiernos progresistas en América Latina es el descuido de la formación ideológica” sin la cual no hay avance. A lo que debemos agregar, el impulso que hay que dar a la creación de nuevas organizaciones populares armadas de espíritu crítico o fortalecer las existentes para que sean capaces de mantener y dar crecimiento a sus conquistas económicas y sociales que están a la base de la democracia. Los obispos latinoamericanos nos lo decían con toda claridad durante la celebración de la Segunda Conferencia en Medellín, Colombia, año 1968: “Entre el individuo y el estado deben existir organizaciones como condición necesaria para la democracia”. Mi inspiración para organizar la parroquia de Suchitoto tuvo ese origen. Fue mi trabajo más importante. No hay paz, si no hay democracia y la democracia tiene que alimentarse de valores y principios de justicia, tal como lo pide el Evangelio.

Yo encuentro que el trabajo de organización no es permanente en los partidos de izquierda, que responde solamente a intereses electoreros, una de las razones que explica la mala selección de candidatos a puestos públicos. La organización ilustrada tiene que ser uno de los semilleros de líderes.

Una segunda lección que ofrece Nicaragua y que justifica la insurrección del pueblo es la corrupción que no es nueva. En la misma semana de la caída de Daniel Ortega y elección de doña Violeta, año 1990, se desató la famosa piñata. Había que caerle a cuanto bien estatal estuviera a la mano para apoderarse de él. Mi vecino, quien había sido embajador en Cuba, llenó su amplia casa de bienes robados al estado. Tarde en la noche llegaban los camiones a descargar los frutos de la rapiña. La familia Ortega es actualmente una de las más ricas del país.

El empleo estatal no puede generar millonarios, a no ser que se le robe al estado. El salario que recibe un servidor público es muy bajo para que le permita acumular capital, a no ser que sea presidente de la Corte Suprema de Justicia de México que gana más de $34,000 al mes.

Es algo sintomático el hecho de que tanto personeros de la derecha política como de la izquierda tratan de quedarse en la silla presidencial por años. Nicaragua es un ejemplo: Anastasio Somoza gobernó de 1936 a 1956; después de su asesinato, le siguió su hijo Luis, de 1956 a 1963; hubo un pequeño intermezzo de cuatro años ocupado por René Schick y Lorenzo Guerrero y el año 1967 es elegido el más joven de los Somoza, Anastasio, quien gobernó hasta julio de 1979 siendo destituido por los Sandinistas. Sin llegar a los extremos de los Somoza, Daniel Ortega sigue ese camino. Elegido presidente de 1984 a 1990, vuelve al poder el año 2007, gobernando Nicaragua hasta el presente y con posibilidades constitucionales de continuar por tiempo indefinido. Tanto los Somoza como Ortega se han visto enfrentados a la insurrección del pueblo.

Los gobiernos de la derecha tienen una ventaja sobre los gobiernos de la izquierda: Estados Unidos y la Unión Europea están a su favor dándoles apoyo político, financiero y militar; los gobiernos de la izquierda se encuentran relativamente solos: no poseen los medios de comunicación social y su poder económico es muy bajo. La única fuerza de la izquierda es su cohesión, su visión profética de la sociedad y del porvenir. Pero eso no se logra si no hay educación política, cero corrupción y tiempos en el gobierno apegados a la constitución que fija los términos. No vale cambiar los años de servicio aprovechando la mayoría obediente de la asamblea legislativa, como lo ha hecho Daniel. Eso mismo es corrupción.

Austin, Tx, 24 de julio de 2018

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