viernes, 27 de julio de 2018

REVOLUCION SIN RUPTURAS NI INMOVILISMO


Jorge Gómez Barata

Los cambios de mentalidad, paciente y firmemente promovidos por el presidente Raúl Castro como parte de las reformas destinada a mejorar el desempeño del proyecto socialista cubano para hacerlo económicamente eficaz, ideológicamente inclusivo y políticamente democrático, hicieron posible los debates del Proyecto de Reforma Constitucional en el parlamento.  

La apertura informativa que significó la trasmisión de las sesiones por radio y televisión en tiempo real, permitió al país acompañar el más significativo evento parlamentario en toda la historia nacional y descubrir el nuevo rostro de un parlamento cuya labor durante 40 años estuvo signada por la formalidad y la mala práctica de consagrarse casi exclusivamente a ratificar decisiones tomadas de antemano.

Durante varios días de labor, en los cuales se realizaron cientos de intervenciones sobre otros tantos artículos los diputados convirtieron el trabajo de la Comisión Redactora presidida por Raúl Castro en un proyecto de Constitución que, una vez concluido, sintonizará el proceso político cubano en su fase y actual y futura actual con las realidades nacionales, los condicionamientos internacionales y con la contemporaneidad. Ningún proyecto político crece mirando al pasado ni persiguiendo quimeras. 

Las reformas en curso y que aún no han tocado algunos puntos nodales, se hicieron necesarias no porque lo realizado anteriormente en la construcción del modelo económico, la institucionalidad y el sistema político, hubieran sido erróneamente concebidos sino porque, una vez desempeñado su papel, deberían ser actualizados o cambiados ajustando el proceso revolucionario a nuevas metas y realidades. Las reformas no son retrocesos ni los cambios de mentalidad concesiones, sino expresión de una dialéctica consustancial a la Revolución.

La franqueza y hondura de las formulaciones del texto y los debates parlamentarios pusieron sobre el tapete, por primera vez en forma de reflexiones que concluían en votaciones abiertas, asuntos que nunca se habían discutido en los términos en que ahora fueron considerados.

Entre otros, pudieran citarse, la participación de la propiedad privada en la economía nacional, la generación de riquezas pecuniarias por vía de la iniciativa individual, los negocios y la obtención de lucros por el desempeño profesional.

Aunque esta vez solo se habló de atletas, artistas, pintores y otros que participan con sus habilidades en los mercados internacionales respectivos, conceptualmente no existen diferencias con médicos, profesores, científicos, arquitectos, ingenieros y otros que, en su momento, y en consonancia con legislaciones pertinentes, podrán disfrutar de las mismas oportunidades sin faltar a la ética ni desmentir su vocación de servicio. De eso tratan también los derechos económicos y sociales y la libertad de creación consustancial al socialismo.

Al asociar los debates acerca de temas como la libertad de prensa, la asistencia jurídica a detenidos y privados de libertad, el matrimonio igualitario el contenido específico del delito de traición a la Patria y otros con el Concepto de Revolución, el legado de Fidel se convierte en una herramienta para la transformación revolucionaria de la sociedad cubana.

En un momento del debate, ante la alusión a una formulación que en su momento Fidel consideró acabada, la diputada Mariela Castro recordó: “…Si el Comandante estuviera aquí, ya estaría trabajando para mejorar el texto…” Comparto la opinión porque seguramente, Fidel hubiera subido la palabra. De él es la idea de cambiar todo lo que deba ser cambiado y actuar con sentido del momento histórico…”

El debate constitucional es una frontera entre antes y después. Una Revolución que no se inmoviliza porque si lo hace se desmiente. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de julio de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo indicar la fuente

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