viernes, 30 de noviembre de 2018

Analista argentino sobre el G-20: "Trump va a mostrar su desprecio por el multilateralismo"


RT  -   30 nov 2018 15:23 GMT

Leandro Morgenfeld, investigador y experto en las relaciones de EE.UU. con América Latina, dio su mirada sobre el rol del presidente estadounidense durante la cumbre que se realiza en Buenos Aires.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, 29 de noviembre de 2018. Jim Young / Reuters

La cumbre del Grupo de los 20 (G-20), que se realiza este 30 de noviembre y 1 de diciembre en Buenos Aires, es la primera en el hemisferio sur desde que se fundó este espacio multilateral en 1999. Pero además, marca la séptima visita en la historia de un presidente de EE.UU. a la Argentina y la primera vez que el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, pisa América Latina en sus dos años de mandato.

Para el analista internacional y especialista en EE.UU., Leandro Morgenfeld, el mandatario estadounidense "va a intentar aprovechar esta cumbre para mostrar su desprecio por el multilateralismo". En diálogo con este medio, el autor del libro 'Bienvenido Mr. President. De Roosvelt a Trump: las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina', añadió que "es muy hábil en generar gestos o titulares muy rimbombantes y va a intentar volver a patear el tablero".

Esta mirada se apoya, entre otras cosas, en los anuncios realizados por el propio presidente de EE.UU. en la semana previa. Sabiendo que uno de los ejes centrales del encuentro será la guerra comercial con China, amenazó a Pekín con nuevos aranceles a sus productos, lo cual deja poco margen para lograr un acuerdo con su par, Xi Jinping.

Cartel publicitario de la cumbre del G-20 en Buenos Aires, 29 de noviembre de 2018 / Marcos Brindicci / Reuters

"Me parece que está abonando también a la emergencia de una serie de líderes afines a su perspectiva", opinó Morgenfeld, enumerando los casos de Jair Bolsonaro en Brasil, Marine Le Pen en Francia y Mateo Salvini en Italia, entre otros.

"En ese sentido le conviene debilitar este tipo de instancias y a líderes como Angela Merkel o Emmanuel Macron, que plantean una reivindicación de la globalización neoliberal, enmascarada de la defensa del multilateralismo", completó.

Tensiones con el "patio trasero"

A pesar de llevar dos años de Gobierno, Trump nunca visitó América Latina. Ni siquiera hizo el tradicional viaje a México que realizan la mayoría de los presidentes estadounidenses y canceló a último momento su participación en la Cumbre de las Américas de Lima este año.

Para Morgenfeld, "más que a una reticencia" hacia la región, esto se debe a "una política de volver a tratar de recuperar posiciones en lo que llama su 'patio trasero' apelando a mecanismos más de 'hard power' que de 'soft power'". Desde su punto de vista, "una forma de hacer eso es expresando ese desdén que utilizó en la campaña y sigue usando ahora contra los latinoamericanos y los hispanos en general".

Cabe destacar que Trump canceló un viaje a Colombia posterior al G-20 y redujo la estadía que tenía prevista en Argentina. Esto complicó los planes de la administración Macri que, a pesar de ser una visita en el marco de una cumbre, le intentó dar un "carácter de visita de Estado". El analista internacional recordó que se había armado "un cronograma de tres días de mucha mayor envergadura", pero hace tres semanas "decidieron reducir el tiempo" de la visita anulando por ejemplo una cena de gala que iban a tener el jueves. Ambos presidentes apenas tuvieron un encuentro fugaz el viernes por la mañana.

No obstante, más allá de estas actitudes, funcionarios como el vicepresidente, Mike Pence, el exsecretario de Estado, James Mattis, y el jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, han hecho varios viajes a la región. Tanto para intentar aunar voluntades para una salida a lo que ellos consideran como la necesidad del 'cambio de régimen' en Venezuela y también en relación al tema fronterizo con México y la llegada de migrantes.

Donald Trump y Mauricio Macri en la Casa Blanca, Washington, 27 de abril de 2017 / Carlos Barria / Reuters

"Es una paradoja porque esto genera mucho resentimiento contra Trump en la región y le dificulta a Gobiernos como el de Mauricio Macri que se alinean con EE.UU. sostener un vínculo cercano con un presidente que genera tanto rechazo", apuntó Morgenfeld.

Las relaciones no tan "carnales" con Argentina

En la década de 1990, bajo la presidencia de Carlos Menem, el entonces canciller argentino Guido Di Tella se refirió a los vínculos diplomáticos con Washington como "relaciones carnales". Desde entonces, esa frase se ha instalado para referirse al alineamiento total con las políticas estadounidenses.

Es por eso que Morgenfeld califica de esta forma la política adoptada por el Gobierno actual al tiempo que recuerda que mientras Carlos Menem fue el único mandatario argentino que recibió a dos presidentes de EE.UU. en sus dos mandatos, Macri va a ser el primero en recibir a dos presidentes en un mismo período (Obama en 2016 y Trump en 2018).

"Estamos en uno de los pocos momentos de la historia donde hay un alineamiento casi sin fisuras", opinó el investigador, y analizó que esto es "complicado" porque Argentina y EE.UU. tienen "economías no complementarias".

Al mismo tiempo, explica, la estrategia de Trump "es dividir a los países de la región y Macri es funcional a eso dándole la espalda a los organismos regionales", lo que genera "una mayor debilidad para Argentina".

En una negociación exclusivamente bilateral, añade, el país sudamericano "tiene todas las de perder porque los niveles de asimetría son espectaculares". Mientras que el PBI de EE.UU. "es más de 30 veces mayor, el gasto militar es 140 veces más grande", concluye.

Santiago Mayor

Príncipes azules y sátrapas grises


Jorge Gómez Barata

Los códigos culturales occidentales utilizados en los clásicos de la literatura y el cine infantil formaron estereotipos según los cuales los reyes y las reinas, los faraones y las faraonas, los califas y emires, especialmente las princesas y los príncipes, fueron presentados como criaturas adorables, protagonistas de enternecedoras historias de heroísmo y amor. No digo que en la vida real de tiempos pretéritos no hayan gobernado monarcas sabios y buenos, que engendraron bellas princesas y gallardos príncipes, capaces de inspirar magníficas historias.

Ocurre, sin embargo, que en realidad entre la realeza abundan también los tiranos, sátrapas, villanos y corruptos, integrantes de crueles dinastías que gobernaron arbitrariamente, generando pobreza, guerras, y conquistas. No pocos de ellos fueron ejes de sórdidas intrigas palaciegas capaces de crímenes repugnantes e infamias, que provocaron terribles venganzas. Tal vez las revoluciones en Francia y Rusia pudieron ahorrarse la ejecución de la reina María Antonieta y de la familia real rusa, incluidos los niños que ostentaban títulos de zarevitz y grandes duquesas.    

Si bien el progreso político europeo liquidó varias estirpes reales como las de Francia, Italia, Grecia y otros países donde se instauraron repúblicas, en otros lares como Gran Bretaña, España, Bélgica y algunos otros lugares sobrevivieron linajes que, aunque rechazados por amplios sectores, son más que cualquier otra cosa anacronismos folclóricos, integrados a la cultura, aunque con poco impacto en el quehacer político de democracias parlamentarias sólidamente establecidas.

 La excepción de la regla es el Oriente Medio, una región en la cual, en muchos aspectos, el tiempo político y la emancipación social se detuvieron, conservando formas de organización social y métodos de ejercer el poder político que apenas se han modificado en siglos. Uno de los más rotundos ejemplos es el de Arabia Saudita.

Debido a la práctica de la poligamia, en Arabia Saudita se ha formado la realeza más grande del mundo, fundada por Muhammad bin Saud en el siglo XVIII, y actualmente constituida por entre quince y veinticinco mil personas, de los cuales, alrededor de siete mil son príncipes y princesas, todos, en consonancia con su linaje son servidores públicos, que trabajen o no, reciben alrededor de 30.000 dólares mensuales. Semejante dispendio es posible porque se trata de uno de los veinte países más ricos del orbe, dueño del 60 por ciento del petróleo existente. 

La realeza árabe que gobierna emiratos y países, conserva instituciones tan perversas como los harenes, está muy lejos del ambiente idílico sugerido en los cuentos de “Las Mil y una Noche” y otras leyendas, que en todas las culturas presentan a muchos herederos reales como paradigmas de bondad y justicia.

Como quiera que para muestra basta con un botón, la ejecutoria reciente del príncipe heredero de Arabia Saudita y otros miembros de la Casa Real respecto al genocidio que se comete en Yemen, y el brutal asesinato del periodista Jamal Khashoggi, aportan nuevos argumentos para promover el repudio a la más perversa de las dinastías realmente existentes. Allá nos vemos. 

La Habana. 26 de noviembre de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto!

Evo Morales, ¿anti indígena, anti universitario, dictatorial?


Ollantay Itzamná

Imagen tomada de internet

El 15 de noviembre pasado, la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) concedió el reconocimiento de Doctor Honoris Causa al Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, en la ciudad de Guatemala.[1]

Días después, el medio digital Nomada.gt publicó la nota “Mientras USAC da un doctorado a Evo, en Bolivia su policía asesina y tortura estudiantes” de la periodista boliviana, Nathalie Iriarte, donde sostiene que autoridades de la USAC desconocen la realidad boliviana, bajo el gobierno de Evo Morales. Y argumenta que Morales emprende políticas anti universitarias, anti inti indígenas y dictatoriales en su país.[2] Intentando, de esta manera, desautorizar a las 18 universidades extranjeras y 5 nacionales que otorgaron dicho título a Morales anteriormente.

Desafortunadamente los tres únicos entrevistados para “graficar” la nota son políticos bolivianos opositores, dos de ellos con denuncias penales.

Edwin Rodríguez, político indígena tránsfuga. Actualmente Senador por el partido neoliberal Unidad Democrática.[3]

La segunda fuente de la periodista es el ex dirigente indígena de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB), Adolfo Chávez, expulsado de dicha organización, y procesado por actos de malversación económico en el caso Fondo Indígena.[4] Aliado de la élite empresarial contrario a Morales.

La tercera fuente es nada menos que el opositor Waldo Albarracín, ex Defensor del Pueblo,  actual Rector de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Esta autoridad, fue denunciado por sus estudiantes por sus expresiones racistas contra el gobernante Morales.[5]

La periodista indica que la Universidad Pública de El Alto (UPEA) retiró hace meses atrás el reconocimiento de Doctor Honoris Causa, otorgado por dicha casa de estudios, al Presidente Evo Morales.[6] Pero, no indica que dicha decisión fue una “represalia” del Rector de la UPEA (quien devengaba un salario equivalente al doble del salario del Presidente del Estado Plurinacional) porque el gobierno de Morales exigió auditoria al suntuoso presupuesto de la Universidad para aumentar dicho presupuesto[7]

Políticas “anti populares” del gobierno de Evo Morales

¿Políticas anti universitarias? Bolivia, al momento, cuenta con 11 universidades públicas. Éstas, en 2005, recibían del Estado un presupuesto global de Bs 1,152 millones. Para el 2017, este presupuesto subió a Bs 3,598 millones. Para el 2004, los saldos fiscales de las universidades era de Bs 15 millones. Para mayo del 2018, el saldo fiscal global universitario era de Bs 1,822 millones.[8] ¿Dónde está la política anti universitaria de Morales?

¿Políticas anti indígenas? Para 2005,  a 180 de la República criolla, en Bolivia, según datos del Banco Mundial, el 63.1% de la población se encontraba en situación de pobreza. En su gran mayoría indígenas. Para el 2017, el 39.5% se encontraba en situación de pobreza.[9]

Cerca de 2 millones de bolivianos salieron de la línea de pobreza. La clase media creció hasta alcanzar el 58% del total de la población.[10]

La distribución de los excedentes económicos mediante bonos hacia los sectores sociales hizo que las condiciones de vida de los pueblos indígenas mejorasen como nunca antes en la historia. Aunque queda mucho por hacer aún.

¿Gobierno dictatorial? Entre 2005 y 2018, en Bolivia se realizaron nada menos que 14 elecciones políticas, sin contar la elección de jueces y magistrados por voto popular, en 2017. Esto quiere decir que durante el gobierno de Morales las y los bolivianos concurrieron a las urnas cada 8 meses. Con una participación promedio del 80% del total del electorado.[11]

Bolivia, es el único país, después de Venezuela, cuya Constitución Política dispone la figura de la revocatoria de mandato para todas las autoridades de elección popular. Evo Morales, en 2008, se sometió al plebiscito de la revocatoria de mandato. Y, salió también victorioso.  Es uno de los pocos países que escribió su Constitución Política con amplia participación y decisión popular. ¿Dónde está lo dictatorial?

Según indica Nathalie Iriarte en sus redes sociales, ella es promovida por la plataforma periodística connectas[12], proyecto respaldado y financiado por National Endowment for Democracy (NED)[13], organización norteamericana reaccionaria denunciada en varios países por financiar golpes de Estado, ¿por allí se debe entender el objetivo de la nota de la autora?




Ollantay Itzamná
Defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos
@JubenalQ

LA GASTADA POLITICA YANQUI CONTRA CARACAS


Por Manuel E. Yepe

“Para quienes han seguido de cerca a Venezuela en los últimos años, existe una inevitable sensación de algo déjà vu en la política exterior de Estados Unidos hacia la nación sudamericana, porque la estrategia de cambio de régimen que utiliza Washington allí es casi idéntica a la que ha adoptado en América Latina en numerosas ocasiones desde la Segunda Guerra Mundial. Es una estrategia que  incluye la aplicación de sanciones económicas, amplio apoyo a la oposición y medidas desestabilizadoras para crear un grado tal de consternación humana y caos que justifique un golpe militar o una intervención militar directa de Estados Unidos.

Esa es la introducción que el escritor e investigador canadiense Gary Leech formula a los lectores de su más reciente ensayo titulado “Business as Usual: Washington’s Regime Change Strategy in Venezuela” (GreanvillePost, 23/ 11/ 2018).

“Debido a lo bien que la estrategia ha funcionado para Estados Unidos durante más de medio siglo, nuestros líderes electos no ven ninguna razón para no usarla con respecto a Venezuela. En otras palabras, desde la perspectiva de Washington, sus políticas de cambio de régimen hacia Venezuela constituyen la coda de un negocio que ya es la acostumbrada en América Latina”, dice Leech.

Esta estrategia de cambio de régimen no tiene en cuenta si se trata de un gobierno electo democráticamente ni las  consecuencias para los derechos humanos de tales intervenciones. Prácticamente todos los gobiernos latinoamericanos que Estados Unidos ha derrocado exitosamente en los últimos 65 años habían sido elegidos democráticamente.

Jacobo Arbenz en Guatemala (1954), Salvador Allende en Chile (1973), Jean Bertrand Aristide en Haití (2004) y Manuel Zelaya en Honduras (2009) han sido líderes democráticamente elegidos que han sido derrocados por golpes de Estado con tales métodos. Washington presionó a todos estos líderes con sanciones económicas y campañas de desestabilización que crearon el caos económico y las crisis humanitarias necesarias para justificar una solución militar en sus naciones.

El denominador común en todos estos casos no tiene nada que ver con democracia ni derechos humanos, sino con el hecho de que los gobiernos escarmentados priorizaron los intereses de su propio pueblo por encima de las disposiciones de Estados Unidos.

Así lo demostró la actitud del director de la CIA, George Tenet, durante una audiencia del Comité de Inteligencia del Senado en febrero de 2002, cuando declaró que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, "probablemente no tiene en mente los intereses de Estados Unidos" y dos meses después, Washington promovió un golpe militar que intentaba derrocar al líder venezolano.

Aquel fue el primero de muchos intentos fallidos de EEUU para derrocar a Chávez tras su victoria electoral en 1998. Tras ese fracaso, Washington multiplicó esfuerzos por instalar en Caracas un gobierno con el corazón puesto en los intereses de Estados Unidos.

Aumentó el apoyo a los grupos de la oposición mediante el incremento de fondos para los programas de USAID dedicados al objetivo de alinear a la población contra el gobierno. Wikileaks publicó un cable clasificado enviado desde la embajada de Estados Unidos en Venezuela a Washington en 2006 que decía claramente que el financiamiento de USAID para programas locales buscaba influenciar a los líderes comunitarios alejándolos lentamente del chavismo" y declaraba que el objetivo más amplio de la embajada debía ser "aislar a Chávez internacionalmente".

En 2015, el presidente Obama firmó una orden presidencial que decretaba a Venezuela como una "amenaza extraordinaria para la seguridad nacional" y explicó que las leyes de Estados Unidos exigen que su Administración imponga sanciones a detractores de su país.

Sobre esa base, dos años después, Trump declaró que no descartaría una "opción militar" contra Venezuela.

Los principales medios de comunicación estadounidenses han desempeñado su papel propagandístico con una narrativa dirigida a demonizar al gobierno venezolano y calificar a Chávez y Maduro de autoritarios, antidemocráticos e incluso de dictadores. También han centrado su atención en la escasez de alimentos y en una supuesta crisis humanitaria que conduzca a que los venezolanos e ignoren los extraordinarios avances sociales logrados en la educación, la vivienda, la reducción de la pobreza, la democracia participativa y pretendan abandonar su patria.

En política exterior reproduce medidas implementadas con éxito en décadas pasadas que derrocaron gobiernos que no tenían "los intereses de Estados Unidos en el corazón".

La estrategia de socavar la democracia e imponer dificultades económicas para lograr un cambio de régimen funcionó en varios países latinoamericanos, pero esta vez, con el pueblo venezolano, Washington pudiera haber topado con la horma de sus zapatos.

La Habana, Noviembre 29 de 2018

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

Frei Betto: “Las izquierdas latinoamericanas debemos pensar por qué los más pobres ya no nos apoyan tanto”


La Diaria  -  29 de noviembre de 2018 | Escribe: Stephanie Demirdjian 

Fraile dominico brasileño y referente de la teología de la liberación.

Foto: Federico Gutiérrez

La vida del fraile y teólogo brasileño Frei Betto está marcada por hitos de todos los colores y formas desde el día en que nació, hace 74 años, en la ciudad brasileña de Belo Horizonte. Militó en la Juventud Estudiante Católica, trabajó como periodista, se unió a la orden de los domínicos, fue encarcelado y torturado por oponerse a la dictadura militar, estudió teología, filosofía y antropología, y fue asesor de varios gobiernos progresistas de América Latina, incluido el primer mandato del ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

En el medio, escribió más de 50 libros de diferentes géneros literarios –desde novelas hasta ensayos– y se convirtió en uno de los principales referentes brasileños de la teología de la liberación, una corriente del pensamiento cristiano que consiste en “ver el mundo desde los ojos y el sufrimiento de los pobres”, como el propio fraile lo ha definido más de una vez.

De visita en Uruguay, Frei Betto conversó con la diaria sobre las razones de la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro, que el 1º de enero asumirá como presidente de Brasil. Al mismo tiempo, habló sobre la “autocrítica” que tiene que hacer el Partido de los Trabajadores (PT) para reconstruirse en este contexto y cómo impacta en la política la influencia de las iglesias evangélicas. Acerca de la teología de la liberación, fue bastante claro: sigue viva en espíritu pero, en la práctica, perdió terreno.

¿Qué lectura hace del triunfo de Jair Bolsonaro, a un mes de que se celebraron las elecciones presidenciales en Brasil?

El triunfo de Bolsonaro se ha dado por cuatro factores. El primero es el antipetismo, que ha sido muy fuerte en Brasil por la manera en la que se intentó explotar los casos de corrupción que efectivamente hubo en el partido. Son casos excepcionales pero graves, y el partido nunca hizo una autocrítica pública, entonces la oposición supo explotar esto y creó una ola antipetista. No es que la gente prefiera a Bolsonaro, la gente prefiere a cualquiera que no sea del PT. Esto tuvo lugar dentro de una conspiración para encarcelar a Lula; este es un segundo factor. No hay pruebas contra Lula, hay pruebas contra otros líderes del PT, que fueron sancionados y algunos dimitieron, como Antonio Palocci, que fue ministro de los gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff. Pero contra Lula no. Entonces, como Lula tenía mucho prestigio y estaba garantizado que ganaría en estas elecciones, se trató de ponerlo en la cárcel, y ahora el juez que lo hizo [Sérgio Moro] ha sido recompensado por Bolsonaro y nombrado ministro de Justicia. Esta es la prueba de que se trató de una conspiración. Otro factor es la influencia de las iglesias evangélicas, las únicas que hacen un trabajo de base con el pueblo. En los 13 años de gobierno del PT no hemos hecho este trabajo, no hemos tratado de hacer la alfabetización política de la gente sencilla, mientras que las iglesias evangélicas sí lo hicieron. El papel de esas iglesias neopentecostales es garantizar que los pobres soporten la pobreza. Entonces son como un rebaño de corderitos, de ovejitas que aceptan la palabra del pastor como si fuera la palabra de Dios. Es una forma terrible de opresión, de servidumbre voluntaria, pero que tiene mucha fuerza en Brasil, incluso fuerza política. Las iglesias evangélicas tuvieron su peso en la elección de Bolsonaro y tienen una bancada parlamentaria muy fuerte. El cuarto factor es la manipulación de las redes digitales, que ahora plantean un problema grave para la democracia. ¿Qué significa “democracia” si las manipulaciones que hace un hombre como [Steve] Bannon desde Estados Unidos ya han influido en las elecciones de 50 países del mundo? Incluso en la elección de Donald Trump, en el brexit en Reino Unido y ahora en la victoria de Bolsonaro en Brasil. También hay que tener en cuenta que Bolsonaro tuvo 47 millones de votos y hay 30 millones de brasileños que no votaron, entre abstenciones, votos en blanco y nulidad. Pero por la ley y la democracia de Brasil ahora Bolsonaro es el futuro presidente y forma un gobierno de carácter fascista, de militares, y que tiene un discurso antidemocrático. De la elección de Bolsonaro también es responsable la cobardía del sistema judicial brasileño, porque tendría que haberlo sancionado por las cosas absurdas que ha dicho durante la campaña, como defender la tortura u ofender a los homosexuales y a las mujeres. Pero todo se soportó en la Justicia, sin ninguna sanción. Eso facilitó su proyección.

¿A qué atribuye el crecimiento de las religiones evangélicas en Brasil, tanto en cantidad de fieles como en los espacios de poder político?

Lo atribuyo a varios factores. Primero, los dos pontificados conservadores de la iglesia católica, el de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI, no valorizaron nuestro trabajo en las bases populares con las comunidades eclesiales de base. Al contrario, hubo mucha sospecha, mucha oposición y un cambio de obispos y curas que apoyaban este trabajo, entonces muchos fieles de las comunidades eclesiales de base emigraron a las iglesias evangélicas. Además, no se sentían bien en las misas católicas, que generalmente son muy buenas para las capas medias y altas. Pero tú, fiel, dueña de una empresa, vas a la misa y difícilmente vas a encontrar a un empleado tuyo ahí, o al portero de tu edificio, o al chofer de tu auto. Esa gente va a la iglesia evangélica. La iglesia católica no ha sabido dar apoyo ni valorar. También el clericalismo que hay en la iglesia católica –todo está centrado en la figura del cura– ha dificultado mucho nuestro trabajo. Los curas no viven en las favelas, pero los pastores sí, entonces ese acercamiento conquista a la gente. Otro factor tiene que ver con una mística interna de que “un hermano vota a un hermano”. Es decir, un evangélico, cuando va a votar, tiene que votar a otro evangélico. Por eso Bolsonaro, que es de tradición católica, se hizo bautizar en la Asamblea de Dios, que es una confesión protestante de carácter pentecostal. Con mucha inteligencia, fue a tratar de convertirse en evangélico para merecer también ese voto.

Durante la campaña electoral, Bolsonaro presentó una agenda que –entre otras cuestiones– amenaza con criminalizar los movimientos sociales. En este contexto, ¿qué perspectiva de acción y movilización tienen?

Los movimientos sociales van a seguir con sus luchas. Seguramente va a haber más represión, prisión de sus líderes y mucha agitación en Brasil, porque Bolsonaro va a querer traspasar los límites constitucionales. La Constitución garantiza, por ejemplo, el derecho a la protesta o a la organización popular, pero para él todo eso va a estar encuadrado en la ley antiterrorismo de Brasil, que lamentablemente es una ley de un gobierno del PT, el de Dilma. Los movimientos sociales van a ser caracterizados como movimientos terroristas, al menos él en su discurso lo planteó así. Hay que esperar para ver si eso ocurre. De acá a un mes vamos a poder evaluar por dónde va este gobierno.

¿En qué posición queda ahora la izquierda en Brasil y, particularmente, desde qué lugar empieza a reconstruirse el PT?

El PT tiene que pasar por una autocrítica. Tiene que poder decir “nosotros hemos avanzado en muchas cosas, los logros son más importantes que los fracasos, pero nos hemos equivocado en este, este y este punto”. También tiene que sancionar a sus militantes que efectivamente metieron la pata en la corrupción. Si no pasa eso, nadie va a creer en esta autocrítica. La izquierda tiene que buscar algo como lo que han logrado en Uruguay con el Frente Amplio. Tenemos que encontrar una manera de unirnos contra esta ofensiva fascista que va a venir. Para eso hay que trabajar mucho, porque no podemos pensar en los desacuerdos que tenemos con el otro.

¿Cómo se ve actualmente en Brasil la figura de Lula?

Es muy respetada. La gente tiene memoria de que los dos mandatos de Lula fueron muy buenos; tanto es así, que salió del gobierno con 87% de aprobación. La gente hace una distinción entre Lula y el PT. El PT ya está viejo, metió la pata –o las manos– y tiene sus problemas, pero Lula es otra cosa. La gente sabe distinguirlo, y eso hace que él sea muy querido todavía por el pueblo.

¿Cree que su liderazgo va a sobrevivir al gobierno de Bolsonaro?

Creo que sí, porque mi expectativa es que el gobierno de Bolsonaro va a ser un desastre y mucha gente que lo votó va a estar arrepentida. Eso va a reforzar el liderazgo de Lula.

¿Ha hablado con él después de las elecciones?

No, después no. Fui a visitarlo a la cárcel antes de las elecciones y ahora voy a ir antes de Navidad. Tengo noticias, por la familia y por amigos que lo visitan, y sé que está muy bien, de buen ánimo. Indignado, porque está encarcelado, porque no pudo participar en las elecciones, por todas las injusticias y las acusaciones falsas que le hacen, pero está firme desde el punto de vista mental y espiritual.

¿Qué lugar tiene la teología de la liberación en el Brasil actual?

La teología de la liberación sigue viva ahora en Brasil, después de un largo período de pontificados conservadores que no han valorado esta línea pastoral. Ahora sí se valora, sobre todo porque el papa Francisco está muy identificado con las tesis de la teología de la liberación. Hay un nuevo aliento, la teología de la liberación vuelve a ser muy importante para la fe cristiana, para los movimientos de iglesias, para entender la relación entre la Biblia y la realidad que vivimos, entonces estamos en un nuevo momento de ofensiva en ese sentido. Pero hemos perdido mucho espacio.

¿Ese espacio se perdió en detrimento de las religiones evangélicas?

Exactamente. Perdimos espacio en la base, pero no desde el punto de vista teórico, porque seguimos avanzando y tratando nuevos temas, como la ecología, la innovación tecnológica, la astrofísica, una teología feminista muy avanzada, también una teología indígena.

En la coyuntura política actual, de avance de las derechas en la región, ¿cuál es la autocrítica que deben hacer las izquierdas latinoamericanas?

Debemos hacer una autocrítica en el sentido de por qué la gente más pobre ya no nos apoya tanto. ¿En dónde nos hemos equivocado? ¿Será que nos faltó hacer alfabetización política? ¿Será que dejamos que la economía dependiera demasiado de las importaciones de commodities? ¿No creamos suficiente mercado interno? ¿Será que hemos trabajado demasiado en la dimensión cultural y artística? Todas esas son cuestiones que tenemos que valorar ahora.

La semana pasada, en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico celebrado en Buenos Aires, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, dijo que habrá una “noche oscura” en la región, pero que no será larga porque “el neoliberalismo está agonizando”.

Yo no comparto tanto este optimismo de Linera. Creo que el capitalismo tiene mucha capacidad de sobrevivir de distintas maneras. Yo soy de una generación que ha creído que asistía al velorio del capitalismo unas diez veces, y no pasó. Al contrario, sigue cada vez más hegemónico, sobre todo después de la caída del muro de Berlín. Entonces yo creo que tenemos que repensar nuestra manera de enfrentar este sistema, y hay que enfrentarlo por la organización de base. Tenemos que crear un nuevo modelo de sociedad dentro del propio capitalismo basado en la economía solidaria, las luchas de protección ambiental, el buen vivir de los indígenas. Es decir, hacer espacios democráticos populares socialistas desde la base que vayan minando cada vez más esta pirámide capitalista que tiene una desigualdad brutal.