viernes, 23 de febrero de 2018

TODOS A DEFENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA


Por Manuel E. Yepe

Es evidente que la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela es ya algo decidido y en marcha, como proa de un plan estratégico imperialista encaminado a liquidar políticamente el ejemplo integracionista bolivariano y apropiarse de las grandes riquezas minero energéticas, acuíferas y selváticas de esta nación.

La vitalidad del proceso liberador bolivariano pese a lo mucho que gastan la oligarquía, y sobre todo Washington, para recuperar el control que antes tuvieron de esa nación, desespera al imperio.

La reciente gira por países de América Latina del Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, con propósitos nada ocultos de  aumentar la tirantez en la región, suscitar apoyo para la acción golpista en Venezuela, endurecer el aislamiento político y financiero contra Caracas y proclamar que Estados Unidos ha resucitado la doctrina Monroe, cuyo lema de “América para los Americanos”, refleja su verdadera lectura imperialista.

En el ámbito latinoamericano, el acoso al gobierno venezolano orquestado por la ultraderecha guerrerista que acata a Washington ha conformado un bloque liderado por los presidentes de los países de la Alianza del Pacífico que, en colectivo e individualmente, se pronuncian sínicamente por que Venezuela “recupere las libertades, la democracia, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos y supere la grave crisis económica y humanitaria que está haciendo sufrir al pueblo venezolano”.

El periodista, abogado, escritor y antropólogo centroamericano Ollantay Itzamná ha destacado cómo, tras desacreditar y castigar políticamente a varios de los honestos precursores de la dignidad latinoamericana que impulsaron el MERCOSUR, la CELAC y el ALBA, el gobierno estadounidense acude a su muy socorrida y grotesca táctica de utilizar a la OEA y a los catorce serviles y corruptos gobiernos del denominado Grupo de Lima (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía) para apoyarle en su infame plan de invasión y saqueo de Venezuela.

¿Y qué calidad democrática y moral tienen estos gobiernos anti Venezolanos? Se pregunta el destacado analista y caracteriza a algunos de ellos:

Mauricio Macri, presidente de Argentina que se mantiene en el poder merced a pactos con políticos corruptos. Tan pronto asumió el mando presidencial, brotaron evidencias de su evasión fiscal en los casos de Panamá Papers. Luego, se vio involucrado en el gran escándalo Odebrech, con el corruptor empresario brasilero que compró presidentes y legisladores latinoamericanos a precios más bajos que los de las bestias de carga en la época de la colonia.

 Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras mediante elecciones fraudulentas e inconstitucionales. Durante su primer gobierno convirtió a su empobrecido país en el más violento y hambriento de toda América Latina. A la protesta masiva por la manipulación de los resultados de la inconstitucional reelección, respondió asesinando a casi medio centenar de activistas políticos, y encarcelando a muchos otros.

Jimmy Morales, actual presidente de Guatemala, denunciado e investigado por la Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad en Guatemala (CICIG) por haber utilizado dinero del narcotráfico para su campaña electoral.

Juan Manuel Santos, presidente de Colombia que negoció la pacificación del país pero, en esa “Colombia en Paz”, se lleva a  cabo una masacre de defensores de los derechos humanos, indígenas y campesinos que exigen la restitución de sus tierras.

Pedro Pablo Kuczynski, anfitrión y puntal del denominado Grupo de Lima, funge como presidente de Perú gracias a la compra de diputados de Alberto Fujimori, quienes con sus votos impidieron la destitución y castigo a este súbdito estadounidense quien, para gobernar el país andino, debió renunciar a su ciudadanía de EEUU.

Michel Temer, presidente de Brasil sin haber ganado elección alguna en las urnas. Es uno de los políticos magnates corruptos de aquel país que impulsó el golpe de Estado contra Dilma Rousseff, y frenó las investigaciones contra la corrupción.

Y con este equipo cuenta Donald Trump para imponer su voluntad a los venezolanos, con la misma lógica que se propone armar a los maestros para que eviten a tiros las balaceras que se producen cada vez con más frecuencia en los centros de estudios estadounidenses.

Decididos a consolidar su revolución, los patriotas venezolanos se aprestan a defenderla con las armas de la democracia, ¡mientras esto sea posible!

América Latina –y la Humanidad toda- esperan que la voluntad venezolana de hacer callar a las armas con medidas democráticas frene la barbarie imperialista sin que los pueblos tengan que apelar a la violencia revolucionaria para defenderla, y con ello incendiar la pradera.

La Habana, Febrero 22 de 2018

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

ARTICULO DE RAFAEL CORREA


Jorge Gómez Barata

El pasado lunes 19, Granma el más importante de los diarios cubanos, publicó un excelente artículo del ex presidente ecuatoriano Rafael Correa cuyo prestigio como economista de alta escuela, así como su condición de experimentado y popular líder político, lo acreditan como una calificada voz.

De entre sus reflexiones, aludiré a un argumento reiteradamente utilizado y que acertadamente Correa coloca entre signos de interrogación: “¿Es la izquierda, víctima de su propio éxito?

La esencia de esa tesis es que, en los últimos diez años, debido a las políticas de los gobiernos de izquierda, más de 90 millones de personas salieron de la pobreza (SIC). Lo sorprendente es que, a renglón seguido, se afirma que, debido a la mejoría en su condición económica, esas masas pasaron a formar parte de la clase media, con lo cual sus expectativas e intereses se modificaron provocando una desmovilización que restó apoyo, precisamente a quienes los rescataron de su penosa condición. Según Correa: “…Piden mucho más…”

Nunca compartí la tesis porque me parece conceptualmente errónea y políticamente justificativa y contiene dos errores: (1) Refleja una pobre evaluación de la consistencia ideológica de los pobres y (2) Confunde la relación de las izquierdas con las clases medias. Precisamente, a lo largo de la historia, las izquierdas se generaron en círculos ilustrados y políticamente avanzados de las clases medias.

Si bien, en las formaciones económicas y sociales preindustriales las estructuras sociales rígidamente jerarquizadas excluían la movilidad social. A la nobleza, una clase parasitaria, se definía por la sangre y la cuna, formando una élite cerrada a la cual se accedía por herencia o dadiva de reyes y príncipes.

Con el capitalismo asumió el poder la burguesía, una clase cuya proyección y destino está ligado al capital y al trabajo y que cambió las reglas, formando un entorno en el cual la economía define la ubicación en los estratos sociales. “Las clases sociales ̶ apostrofó Lenin ̶ son grandes grupos humanos que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en el modo de producción, por la cuantía de la riqueza social de que disfrutan y por la forma como se apropian de ella…”

Dejar de ser pobre, cosa sumamente relativa, no significa acceder automáticamente a la clase media que es un estrato social con una ideología específica, una condición cultural relativamente avanzada y que desempeña un papel central en la dinámica social. De las clases medias ilustradas y no de los ricos como tampoco de los pobres, suelen surgir las vanguardias políticas y culturales, comúnmente denominadas, izquierda.

El hecho de que los gobiernos de izquierda atiendan las demandas de los pobres y se esfuercen por mejorar su condición, suma méritos y concita mayor apoyo, no al revés. Creer que, porque un pobre obtiene empleo, mejora sus ingresos y envía sus hijos a la escuela se convierte en una especie de pequeño burgués que repudia a la izquierda es de un simplismo aterrador.

Ser pobre es también ser explotado y oprimido, una condición de origen que trasciende la nomenclatura sociológica de las clases y que, al menos en América Latina, aproxima a las mayorías a la izquierda. La idea de buscar las causas del revés en los éxitos es francamente peregrina. Allá nos vemos.

La Habana, 22 de febrero de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo citar la fuente 

¿Habrá algo de dignidad?


¿Será que alguien que represente al país responderá como corresponde a las frases hostiles y xenófobas contra los salvadoreños y El Salvador, como país, proferidas esta mañana por el presidente de los Estados Unidos de América, Donal Trump?

¿Habrá alguna respuesta inmediata, digna y contundente de quien corresponda ante esta tropelía, como si los salvadoreños que viven en el país no sufren las consecuencias de esa peste social en que se han convertido las pandillas y maras, incubadas y nacidas en ese territorio norteamericano, producto de la exclusión, explotación discriminación?

¿Deberán soportar los inmigrantes en esa nación los insultos y desprecios por ser vinculados a criminales, como si todos lo fueran, y así justificar las medidas tomadas por el gobierno de Trump para su expulsión de ese país; y sin poder defenderse ni protestar so pena de ser también “eliminados” – como cita el mandatario en mensaje de este día – de ese país de las libertades y maravillas?

¿Veremos a la embajadora de EE UU dando alguna explicación satisfactoria a las autoridades locales sobre las ofensivas expresiones contra el país por su presidente?

¿Valdrá la pena aceptar la “ayuda económica” condicionada de una potencia que ahora se convierte en víctima del país al que ayuda, y le saca en cara que le roba los recursos?

José Mario Zavaleta Mendoza

El Salvador, 23 de febrero de 2018