domingo, 19 de agosto de 2018

EL CONFLICTO DE LOS PREDICADORES


Jorge Gómez Barata

El conflicto de la administración Trump con Turquía puede no ser de naturaleza económica, sino ideológica y política, asociado a islamofobia, geopolítica y pretensiones hegemónicas, aunque operadas de modo camuflado. Turquía, un aliado incómodo, no es un competidor ni un proveedor decisivo para Estados Unidos.

Se trata de un estado formado con los restos del Imperio Otomano, ranciamente islámico y derrotado en la Primera Guerra Mundial, que debido a la orientación laica incorporada por Kemal Atatürk, se convirtió en la nación más secular del mundo musulmán, atraída a la OTAN por conveniencias prácticas.

Tales vínculos y un cierto desarrollo de la democracia liberal, no impidieron que bajo la férula de Recep Tayyip Erdogán, el país y sus instituciones retroceda hacia un autoritarismo con fuertes matices confesionales, lo cual exacerba el diferendo con Estados Unidos y Europa, que actualmente alcanza rango de crisis bilateral. 

En la crisis actual, probablemente más que los aranceles al comercio y las manipulaciones financieras que amenazan con hacer colapsar a la moneda turca, influyen la decisión de los Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, y trasladar allí a su embajada, hecho calificado por Erdogán como una línea roja cruzada por Trump.

La protección concedida por Estados Unidos del clérigo turco Fetullah Gülen, y la prisión en Turquía del pastor evangélico estadounidense Andrew Brunson, acusado de conspiración para derrocar el gobierno y de terrorismo, traen consigo contradicciones que, por el momento, no tienen solución.

Turquía, que implicó a Estados Unidos en el fallido golpe de estado, sobre todo por la protección jurídica concedida Fethullah Gülen, y que reaccionó al traslado de la embajada estadounidense convocando a la Organización de Cooperación Islámica (OCI), integrada por unos 80 países, propició que líderes musulmanes de todo el mundo rechazaran la medida.

En 2016, en el contexto del fallido golpe de estado contra Erdogán, fue detenido en Turquía el pastor evangélico estadounidense Andrew Brunson, quien ha residido en Turquía por más de veinte años, acusado de colaborar con el golpe de estado y de la conspiración para derrocar al gobierno, incluso de terrorismo. Mientras Trump exige su liberación, amenazando a Turquía con enormes sanciones, el presidente turco ha sugerido un intercambio de predicadores.

Mientras Erdogán aprovecha la tentativa de golpe de estado en 2016 para descabezar a la oposición, eliminar la prensa opositora, y debilitar los bastiones del laicismo, y subraya la orientación islámica de su gobierno, las acciones de Trump recuerdan los intentos de apagar un fuego lanzándole gasolina.

En cualquier caso, se trata de un peligroso frente abierto que no es ni un diferendo económico ni una crisis de predicadores. Ojalá Trump sepa lo que hace, porque no hay manera de levantar muros ni cerrar el Bósforo. Romper con occidente no es un sacrificio para Erdogán, que aprovecha para demonizar a Estados Unidos y alejarse de la cristiandad, que no es el espacio natural de Turquía. Allá nos vemos.

La Habana, 19 de agosto de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo indicar la fuente

EL CAPITALISMO EROSIONA LA SALUD MENTAL


Por Manuel E. Yepe

Al examinar nuestro pasado evolutivo y nuestra historia como cazadores-recolectores igualitarios, cooperativos y solidarios en la comunidad primitiva, disipamos la falsa idea de que los seres humanos, por su propia naturaleza, son competitivos, agresivos e individualistas. Los seres humanos tenemos todas las aptitudes psicológicas y sociales para vivir de manera diferente y la desigualdad no es inevitable.

Así lo manifiestan los profesores de epidemiología Kate Pickett y Richard Wilkinson, autores de varios libros y otros estudios acerca de los efectos de las desigualdades sociales en Estados Unidos, en su nuevo libro titulado The Inner Level (El Nivel Íntimo), en el que se apoyan en un sólido conjunto de argumentos para demostrar que “la desigualdad devora el corazón del mundo íntimo y las ansiedades sociales de la gran mayoría de la población”.

En The Inner Level, la evidencia que muestran los autores sobre el impacto de la desigualdad en el bienestar mental es sólo una parte de la nueva situación. Los profesores Pickett y Wilkinson  cuestionan dos mitos clave que algunos utilizan para justificar la perpetuación y tolerancia de la desigualdad.

Cuando abordamos la falsa idea de que los niveles actuales de desigualdad reflejan la existencia de una justificable meritocracia en la que ascienden los de más capacidad natural y languidecen en el fondo los incapaces, comprendemos que, por el contrario, son las desigualdades en los resultados las que limitan la igualdad de oportunidades; las diferencias en los logros y los logros mismos son impulsados por la desigualdad, no sus consecuencias.

Pickett y Wilkinson, sostienen que la desigualdad es un obstáculo importante para la creación de economías sostenibles que sirvan para optimizar la salud y el bienestar tanto de las personas como del planeta debido a que el consumismo tiene que ver con la mejora de uno mismo y la competencia por el estatus se intensificada con la desigualdad.

Una encuesta reciente de la Mental Health Foundation halló que en un momento dado del pasado año el 74 % de los adultos en el Reino Unido estaban tan estresados que se sentían abrumados e incapaces de sobrellevar la situación. Un tercio tenía inclinaciones suicidas y el 16 % se había autolesionado en algún momento de su vida. Estas cifras eran mucho más altas entre los jóvenes.

En Estados Unidos, las tasas de mortalidad crecen sin cesar, sobre todo para hombres y mujeres blancos de mediana edad, debido a la "desesperación", que incluyen las muertes por adicción a drogas y al alcohol así como los suicidios y muchos accidentes de autos. Una epidemia de angustia parece estar afectando a algunas de las naciones más ricas del mundo.

Estudios realizados en 28 países europeos muestran que la desigualdad aumenta la ansiedad por el estatus en todos los grupos de ingresos, desde el 10% más pobre hasta el segmento más rico.

Otro estudio sobre cómo la gente experimenta un estatus social bajo, tanto en los países ricos como en los pobres, encontró que, a pesar de las enormes diferencias en sus niveles materiales de vida, en todo el mundo las personas que viven en la pobreza relativa tenían un fuerte sentimiento de vergüenza y auto-odio. Estar en la parte inferior de la escala social se siente igual si se vive en un país rico que si se reside en uno muy pobre.

Aunque parece que la gran mayoría de la población está afectada por la desigualdad, respondemos de diferentes maneras a las preocupaciones que genera la forma en que otros nos ven y nos juzgan. Una de esas maneras es sentirnos agobiados y oprimidos por la desconfianza, los sentimientos de inferioridad y la autoestima deprimida, y eso conduce a altos niveles de depresión y ansiedad en sociedades más desiguales, afirman los autores de The Inner Level.

Los síntomas psicóticos, como los delirios de grandeza, son más comunes en los países más desiguales, al igual que la esquizofrenia.

El narcisismo aumenta a medida que aumenta la desigualdad de ingresos, según mediciones de la Narcissistic Personality Inventory (NPI) a partir de muestras sucesivas en la población estadounidense.

Otra muy extendida respuesta a la necesidad de superar lo que los psicólogos llaman la "amenaza evaluativa social" es a través de las drogas, el alcohol o el juego, mediante la alimentación como reconfortante, o a través del consumo de estatus y el consumismo conspicuo. Aquellos que viven en lugares más desiguales son más propensos a gastar dinero en automóviles caros y a comprar bienes de estatus; y son más propensos a tener altos niveles de deuda personal porque tratan de demostrar que no son "gente de segunda clase" al poseer "cosas de primera clase".

La Habana, Agosto 17 de 2018

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

Brasil puede ir a lista de naciones sin ley ni democracia, alerta PT



Brasilia, 18 agosto (PL) Sobre Brasil pende hoy la amenaza de ir a la lista ''de naciones sin ley y sin democracia'', alertó la presidenta nacional del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffmann.

La también senadora petista lanzó la advertencia al comentar la postura del gobierno de Michel Temer sobre la decisión adoptada por el Comité de Derechos Humanos de la ONU, que la víspera reclamó respeto para los derechos políticos del ex dignatario Luiz Inácio Lula da Silva y su participación como candidato en las próximas elecciones.

El órgano de las Naciones Unidas con sede en Ginebra demandó que Lula tenga asegurado el 'acceso apropiado a la prensa y a miembros de su partido político' y la posibilidad de concurrir como aspirante presidencial 'hasta que todos los recursos pendientes de revisión contra su condena sean completados en un procedimiento justo'.

Todo lo que Lula siempre exigió, desde el inicio de la odiosa campaña contra él, foue eso: un juzgamiento justo, puntualizó Hoffamnn antes de señalar que 'infelizmente, para la imagen de Brasil en el mundo, fue necesario recurrir a la más alta corte de Derechos Humanos para que ese derecho fuera finalmente reconocido'.

La dirigente del PT subrayó además que no hay cómo esconder del mundo las violencias que vienen siendo practicadas en el país por sectores del Poder Judicial en complicidad con la red Globo, los grandes medios y el gobierno golpista de Michel Temer.

'O cumplen la decisión de la ONU, o lanzan de una vez e Brasil en la lista de naciones sin ley y sin democracia', recalcó.

Hoffmann señaló asimismo que causa indignación la postura del ministro de Justicia, Torquato Jardim, quien consideró que la ONU se entromete indebidamente en los asuntos internos de Brasil y expresó que la decisión del Comité de Derechos Humanos no tiene ninguna relevancia jurídica.

Criticó también la nota de la Cancillería brasileña, según la cual 'las conclusiones del Comité tienen carácter de recomendación y no poseen efecto jurídicamente vinculante'.

La senadora del PT recordó que desde el año 2009 Brasil incorporó al ordenamiento jurídico nacional el Protocolo Facultativo que reconoce la jurisdicción del Comité de Derechos Humanos de la ONU y la obligatoriedad de sus decisiones.

En declaraciones formuladas ayer al portal de noticias UOL, la vice-presidenta del Comité de Derechos Humanos de la ONU, Sarah Cleveland, aclaró que el Estado brasileño está obligado a acatar la determinación de la ONU y asegurar el ejercicio de sus derechos políticos al candidato presidencial Luiz Inácio Lula da Silva.

Esa no es una orden judicial, pero Brasil -en tanto signatario de dicho protocolo - tiene la obligación legal de cumplir el pedido, reiteró.

Por su parte Cristiano Zanin Martins, uno de los abogados de la defensa de Lula, consideró la decisión de la ONU como una gran victoria y alertó que si ésta fuera desacatada -como ya dejó entrever el gobierno de Michel Temer- la legitimidad de las venideras elecciones será cuestionadas internacionalmente.

Martins negó que se trate de 'una mera recomendación' del Comité de Derechos Humanos de la ONU y recordó que el propio Supremo Tribunal Federal (STF) reconoció que tratados internacionales están por encima de la ley.

tgj/mpm