miércoles, 3 de octubre de 2018

TRUMP ES LA ESCISIÓN EN LA CLASE DOMINANTE


Por Manuel E. Yepe

Es bueno que muchos en la izquierda estadounidense estén empezando a ver los enfrentamientos de Trump y sus defensores contra la autodenominada "resistencia", como reflejo de una "división en la clase dominante".

Así lo estima Greg Godels, el destacado periodista comunista estadounidense que solía usar el seudónimo de Zoltan Zigedy. “Es un avance muy saludable porque descarta confusiones fomentadas por la dirección del partido demócrata, el sensacionalismo infantil y la simplicidad sin sentido de los medios de prensa capitalistas”.

Según Godels se trata de una batalla real y feroz entre grupos diferentes de los más ricos y poderosos, un conflicto que da un significado más profundo a las extrañas travesuras de la era Trump.

Detrás de las imágenes escabrosas e ilusorias de un vulgar corrupto como Trump, objetado sólo por los "heroicos" protectores de la libertad y la seguridad (el FBI, la CIA, la NSA, etc.) se esconde una verdadera lucha por las ideas, los intereses y el porvenir. Es bueno que sean más los que están viendo una lucha entre los ricos y los poderosos disputando sus diferentes visiones del futuro del capitalismo: "una escisión en la clase dominante".

Muchas veces en los últimos dos años, Greg Godels ha escrito sobre el surgimiento de alternativas para el fundamentalismo de mercado como el neoliberalismo y la globalización en la sabiduría convencional de la clase dominante. Ha sostenido que el auge  del nacionalismo económico en economías avanzadas es expresión de esa alternativa. La intensificación de la competencia en la política energética se ofrece como un síntoma material del nacionalismo económico, al igual que el desinterés por mantener un telón de fondo relativamente pacífico para asegurar y promover el comercio.

Estados Unidos está más interesado en vender armas que en resolver sus muchas guerras (se sabe que el Secretario de Estado Pompeo convenció a los miembros de la administración Trump, avergonzados públicamente por la matanza en Yemen, de que no se cortara por tal fechoría el apoyo a Arabia Saudí debido a la posible pérdida de 2.000 millones de dólares en ventas de armas).

Una reciente reflexión de Joshua Green, corresponsal nacional de Bloomberg Businessweek, titulada Los dividendos de la ira, da cuenta de cómo el reconocimiento del cambiante terreno político provocado por la crisis y su consecuencia directa en el lema del nacionalismo económico de Trump "Making America Great Again" explica cómo fue la ira por el rescate financiero lo que dio a Trump la presidencia. Green recuerda la infame reunión de Obama en la Casa Blanca con los directores generales de los principales bancos, en la que les dijo con franqueza: "Mi administración es lo único que hay entre ustedes y las horcas caudinas".

Reflexionando sobre esas palabras de Obama, Green advierte:

“Millones de personas perdieron su trabajo, su casa, su cuenta de retiro y cayeron fuera de la clase media. Muchos más viven con una ansiedad que les roe. Los salarios estaban estáticos cuando se desató la crisis y han permanecido así durante toda la recuperación.

Recientemente, la Oficina de Estadísticas Laborales informó que la participación de los trabajadores estadounidenses en los ingresos no agrícolas ha caído casi a su nivel más bajo después de la Segunda Guerra Mundial.

Esta dura acusación del capitalismo post-apocalíptico capta bien las condiciones que han avivado el miedo a tales horcas. No se equivoquen; quienes gobiernan los principales centros capitalistas, prestan atención a la ira, no para responderla, sino para desviarla.

La historia de la política estadounidense en la última década es la historia de cómo las fuerzas que Obama y el partido demócrata no lograron contener reestructuraron el mundo desatando energías en la izquierda (Ocupar Wall Street) y en la derecha (el Tea Party). La masa crítica de las condiciones que llevaron a Donald Trump tuvo su génesis en estas reacciones...."

Trump fue capaz de preparar una campaña basada en dar respuesta a la ira con medidas de nacionalismo económico, patriotismo y, paradójicamente, partidismo para la clase obrera.

Por supuesto que la idea de que Trump proyectaba  construir un partido de los trabajadores o tenía la intención de transformar al Partido Republicano en "un partido de trabajadores" es ridícula, pero se recuerda que su campaña fue impulsada por la animosidad anti-inmigrante con el argumento de que les quitaban empleos.

Cuando Trump declara su candidatura, los estadounidenses de todas las tendencias estaban amargados con las élites dirigentes de ambos partidos, y en ello descansa su oportunista posición de atacar a éstas, incluyendo las republicanas.

Sólo un esfuerzo concertado para crear o nutrir un movimiento verdaderamente independiente y anticapitalista que aborde las necesidades reales de los trabajadores tiene sentido hoy, cuando los partidos burgueses sacrifican voluntariamente los intereses de los trabajadores en aras del capitalismo concluye Greg Godels.

La Habana, Octubre 1 de 2018

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

BOLIVIA. UNA EXTRAÑA SENTENCIA


Jorge Gómez Barata

Quienes durante los últimos años acompañaron la persistente lucha y compartieron el optimismo del presidente Evo Morales respecto a lograr una salida al mar para su país, quedaron perplejos ante el fallo de la Corte Internacional de Justicia respecto a la demanda interpuesta por Bolivia contra Chile.

Sorpresivamente, el pronunciamiento de los jueces que integran el más alto tribunal del mundo, no aludió al fondo del contencioso, sino que, en consonancia con lo solicitado estableció que “Chile no ha contraído la obligación jurídica de negociar con Bolivia una salida al mar…” Hasta el momento de la lectura del laudo final, se asumía como algo obvio, que la reclamación boliviana se refería a la sustancia del asunto, es decir, al despojo territorial del cual el país fue objeto y por lo cual reclama una reparación.

Al aludir a un elemento accesorio, el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, máximo órgano judicial del mundo, no parece justo ni injusto, sino desenfocado e intrascendente. De hecho, Chile no ganó nada y Bolivia nada perdió, excepto tiempo y oportunidad. El contencioso está en el mismo punto en que se encontraba antes de que un estado demandara al otro. 

Luego de cinco años de estudios y deliberaciones y de escuchar a las partes, La Corte Internacional de Justicia de la Haya se ha pronunciado sobre una cuestión procesal, aunque interesante desde el punto de vista histórico, irrelevante en cuanto al fondo del conflicto. Incluso, en el caso de que la Corte hubiera fallado a favor de Bolivia y estableciera que en algún momento Chile había adquirido la obligación jurídica de examinar el tema, ello no significaría que estaba obligado a volver a hacerlo ni a devolver el territorio tomado por la fuerza.

La lectura del fallo, trasmitida en vivo e íntegramente por televisión permitió ver cómo, punto por punto, fue desmontada la reclamación boliviana que, a ojos vista, careció de significado real. Lo importante hubiera sido preguntar a la corte si el despojo territorial de que Bolivia fue objeto es sostenible jurídicamente y si el daño que ello ha ocasionado debe ser reparado concediendo un acceso soberano al mar.

No se trata de establecer si Chile alguna vez se ha comprometido a examinar el asunto y ni siquiera si lo hará en el futuro, sino del hecho inobjetable de que, por las armas, y en calidad de botín de guerra, Bolivia fue desvalijada por Chile que se apoderó de una porción de su territorio que por añadidura constituía su única salida al mar, lo cual se erige como agravante al condenar al país al enclaustramiento mediterráneo.

Por otra parte, la desconcertante sentencia, que obviamente se atiene a la demanda presentada por Bolivia, pudiera formar parte de un monumento a la concepción formalista de la justicia que, con el pretexto de atenerse a hechos, ignoró los elementos nacionales y humanos presentes en el diferendo, pasando por alto el enorme daño que el enclaustramiento mediterráneo causa a la economía y la cultura boliviana. Leguleyo le llamarían en muchos lugares de la hispanidad a ese modo de encarar la administración de justicia.

Al margen de que puedan considerarse algunos pasos judiciales, en el ámbito político, el gobierno boliviano deberá realizar un control de daños, precisar el alcance del revés, y aquilatar sus costos. Como se sabe en los movimientos políticos de masa, especialmente en aquellos con entidad nacional, las expectativas no cumplidas ejercen un efecto desmovilizador.

Como bien señaló el presidente Evo Morales, la lucha sigue y continuará hasta que el daño sea reparado. Más allá de togas y birretes, la justicia tiene una dimensión humana y de ella los pueblos tiene un sentido tan innato como elemental. Allá nos vemos.

La Habana, 02 de octubre de 2018

NYT: Los once hechos que debes saber sobre la fortuna de Trump


The New York Times  -  2 de octubre de 2018

El presidente estadounidense, Donald Trump, recibió el equivalente actual a más de 400 millones de dólares del imperio inmobiliario de su padre, Fred, cuya fotografía se encuentra detrás de él en el Despacho Oval. CreditDoug Mills/The New York Times

Donald Trump construyó un imperio de negocios y ganó la presidencia de Estados Unidos al proclamar que es una persona que logró convertirse en multimillonaria gracias a su propio esfuerzo, y ha insistido desde hace tiempo en que su padre, el legendario constructor neoyorquino Fred Trump, prácticamente no le dio ninguna ayuda financiera. “Construí lo que construí por mí mismo”, ha dicho el presidente en repetidas ocasiones.

No obstante, una investigación realizada por The New York Times ha revelado que Donald Trump recibió el equivalente actual a por lo menos 413 millones de dólares del imperio inmobiliario de su padre. Además, gran parte de ese dinero llegó a Donald Trump a través de estrategias fiscales dudosas en las que participó durante la década de los noventa, incluidos casos de fraude evidente, según descubrió The New York Times.

En total, los padres del presidente transfirieron más de 1000 millones de dólares a sus hijos, lo que les hubiera obligado a pagar impuestos de al menos 550 millones debido a la tasa del 55 por ciento en donaciones y herencias que estaba en vigor en ese momento. Ayudados por una variedad de esquemas fiscales, los Trump pagaron 52,2 millones, es decir, alrededor del 5 por ciento, según muestran sus declaraciones de impuestos.

El presidente estadounidense declinó durante varias semanas las solicitudes de comentar para este artículo.

Un abogado de Trump, Charles J. Harder, ofreció una declaración por escrito. “No hubo fraude o evasión de impuestos de parte de nadie. Los hechos en los que The New York Times basa sus acusaciones falsas son extremadamente imprecisos”, dijo. “El presidente Trump casi no tuvo involucramiento con estos asuntos”, continuó, y dijo que el presidente había delegado esas tareas a parientes y profesionales tributarios. “Los asuntos fueron manejados por otros miembros de la familia Trump que no eran expertos y, por lo tanto, dependieron por completo de los antes mencionados profesionales certificados para asegurarse de que se cumpliera absolutamente con la ley”.

En un comunicado de la familia Trump, el hermano del presidente, Robert Trump, dijo: “Todas las declaraciones de impuestos apropiadas por donaciones e impuestos estatales fueron presentadas y los impuestos requeridos fueron pagados”.

Desde que Donald Trump rechazó por primera vez dar a conocer sus declaraciones de impuesto sobre la renta, su campaña y después su presidencia han estado llenas de cuestionamientos sobre la extensión y las fuentes de su fortuna, preguntas que solo se han intensificado con la investigación por la trama rusa. Este nuevo trabajo periodístico de The New York Times revela poco sobre sus recientes tratos de negocios. Pero la investigación —basada en un vasto acervo de declaraciones de impuestos confidenciales y registros financieros, y las más de trece mil palabras de uno los artículos de investigación más largos publicados en The New York Times— ofrece el primer examen completo de la fortuna heredada y de los esquemas fiscales que le garantizaron a Trump una vida rodeada de lujos.

Estos son algunos de los puntos principales de la investigación:

Las maniobras fiscales de los Trump muestran un patrón de engaño, afirman expertos fiscales

La línea entre evitar pagar impuestos de manera legal y la evasión fiscal ilegal es a menudo borrosa, y abundan los trucos para evitar pagar impuestos que han sido aceptados por las cortes o el propio Servicio de Impuestos Internos (IRS); los estadounidenses más acaudalados en escasas ocasiones pagan algo cercano a la carga tributaria completa. Las maniobras fiscales de los Trump recibieron poca resistencia por parte del IRS, según descubrió The New York Times.

No obstante, expertos fiscales informados sobre los hallazgos del Times dijeron que parece que los Trump hicieron más que aprovechar las lagunas legales. Dijeron que la conducta descrita aquí representaba un patrón de engaño y confusión que evitó repetidamente que el IRS gravara grandes transferencias de riqueza de Fred Trump a sus hijos.

Donald Trump comenzó a cosechar riqueza del imperio inmobiliario de su padre desde que comenzó a caminar

En la versión de Donald Trump de cómo se convirtió en millonario, él fue el maestro de la negociación que se liberó de la “diminuta” operación inmobiliaria de su padre en Brooklyn y Queens, y construyó un imperio de 10.000 millones de dólares que pondría el apellido Trump en hoteles, rascacielos, casinos y campos de golf en todo el mundo.

No obstante, la investigación de The New York Times aclara que en cada etapa de la vida de Trump, sus finanzas están intrínsecamente entrelazadas con, y dependen de, la riqueza de su padre. A los 3 años de edad ganaba el equivalente actual a 200.000 dólares al año del imperio de su padre. Era millonario a los 8 años. En sus 40 y 50, recibía más de 5 millones de dólares al año.

Había un patrón claro en esta generosidad: cuando Donald comenzaba nuevos y costosos proyectos, Fred Trump incrementaba su ayuda. A finales de los años setenta, cuando Donald Trump llegó a los relucientes vecindarios de Manhattan —al convertir el viejo Hotel Commodore, cerca de Grand Central Terminal, en un Grand Hyatt— su padre pidió numerosos préstamos. Cuando Donald hizo sus primeras incursiones en los casinos de Atlantic City unos años después, su padre creó un plan para incrementar súbitamente el flujo de asistencia.

Ese ‘pequeño préstamo’ de un millón de dólares fue realmente de al menos 60,7 millones, y la mayoría nunca lo pagó

En los libros y programas de televisión de Trump y en la campaña, una figura central de su mitología ha sido esa: a medida que comenzó a construir su propio imperio, la única ayuda financiera que obtuvo de parte de su padre fue un préstamo de un millón de dólares. No solo eso: “Le tuve que pagar con intereses”, ha dicho el actual presidente.

Trump en 1982 en el techo de la Torre Trump, un rascacielos de Manhattan que el dinero de su padre ayudó a construir y que lo convirtió en un empresario influyente en Nueva York. Credit Fred R. Conrad/The New York Times

Pero The New York Times descubrió que, de hecho, Fred Trump le prestó a su hijo por lo menos 60,7 millones, que equivalen hoy a 140 millones de dólares. La mayor parte de ese dinero nunca fue pagado, según muestran los registros.

Fred Trump tejió una red de protección que salvó a su hijo de una mala inversión tras otra

A medida que la década de los ochenta terminaba, las apuestas más grandes de Donald Trump comenzaron a reventar —Trump Shuttle (una aerolínea), el Hotel Plaza, los casinos de Atlantic City—. Sin embargo, mientras él naufragaba de un desastre financiero a otro, las sociedades y las compañías familiares incrementaron dramáticamente sus pagos.

Entre 1989 y 1992, cuatro de las entidades que Fred Trump creó le pagaron a su hijo el equivalente actual a 8,3 millones de dólares. Y cuando Donald Trump suplicó a banqueros para obtener una línea de crédito de emergencia, usó como garantía la participación de acciones que su padre le había dado en un grupo de edificios habitacionales.

Los registros fiscales también revelan que en el momento más difícil de los problemas financieros de Trump, en 1990, su padre retiró una cantidad extraordinaria —casi 50 millones de dólares— de su imperio. Aunque The New York Times no pudo encontrar evidencia de que Fred Trump realizó algún pago significativo de la deuda, donaciones benéficas o gastos personales, hay indicios de que deseaba tener efectivo a la mano para rescatar a su hijo si era necesario.

Eso fue lo que sucedió en el Trump’s Castle cuando un pago de bonos de 18,4 millones vencía en diciembre de 1990. Fred Trump envió a un contador confiable a Atlantic City con cheques para comprar 3,5 millones en fichas del casino sin hacer apuesta alguna. Con esta estrategia —un préstamo ilegal ante las leyes de apuesta de Nueva Jersey, que resultó en una penalización civil de 65.000 dólares—, Donald Trump evitó caer en impago de sus bonos por un estrecho margen.

Los Trump convirtieron una deuda de 11 millones en una deducción legalmente cuestionable

Para 1987, la deuda de Donald Trump por los préstamos de su padre había crecido a por lo menos 11 millones de dólares. Si Fred Trump simplemente hubiera condonado la deuda, su hijo hubiera debido millones de dólares en impuesto sobre ingresos. Ellos encontraron otra solución: una que aparentemente constituye tanto una donación multimillonaria no reportada como una deducción de impuestos ilegal.

Ese diciembre, muestran los registros, Fred Trump gastó 15,5 millones para comprar el equivalente al 7,5 por ciento de las acciones de Trump Palace, la torre de condominios de su hijo en el Upper East Side de Manhattan. Cuatro años después, según las declaraciones de impuestos y los registros financieros, Fred Trump vendió esas acciones por solo 10.000 dólares. El comprador, indican otros documentos, fue su hijo.

Según expertos fiscales, con las exitosas ventas de los condominios de Trump Palace, vender acciones con valor de 15,5 millones a tu hijo por una pequeña porción del valor constituye una donación multimillonaria bajo las reglas del IRS. Sin embargo, las declaraciones de impuestos de Fred Trump no muestran tal donación a Donald Trump. Lo que sí revelan es que usó la transacción para declarar una enorme deducción. Eso aparentemente viola la ley de impuestos federal que prohíbe deducir cualquier pérdida proveniente de la venta o intercambio de propiedades entre familiares.

En total, Fred Trump evitó pagar alrededor de 8 millones de dólares en impuestos por la donación y 5 millones en impuesto sobre la renta por la transacción.

Padre e hijo decidieron crear el mito del multimillonario que se hizo a sí mismo

En total, el Times documentó 295 fuentes distintas de ingresos que Fred Trump creó a lo largo de cinco décadas para canalizar recursos hacia su hijo.

Pero la asociación entre Donald Trump y su padre iba más allá de la búsqueda y la preservación de las riquezas. También se unieron en un proyecto más ambicioso: crear el mito de Donald J. Trump, el multimillonario que se hizo a sí mismo. Si Fred Trump era el socio silencioso que ayudaba a financiar la acumulación de riqueza, fue Donald Trump quien la convirtió en una narrativa seductora.

Un símbolo de esa dinámica es la Trump Tower, el ícono que estableció a Donald Trump como un importante actor en Nueva York. El dinero de Fred Trump ayudó a construirlo. Su hijo reconoció y explotó su poder icónico tanto en El aprendiz como en su campaña presidencial.

Donald Trump trató de cambiar el testamento de su padre cuando estaba enfermo, lo que desató una crisis familiar

En diciembre de 1990, Donald Trump le envió a su padre un documento que lo dejó enojado y alarmado. Era un codicilo que buscaba hacer varios cambios al testamento de Fred Trump. Entre ellos: fortalecer las disposiciones que establecían a Donald Trump como el único ejecutor de su patrimonio. Pero, en medio de la confusión financiera de Trump —esto sucedió en el mes del rescate con 3,5 millones de dólares de Trump’s Castle—, Fred Trump temía que este documento pusiera en riesgo el trabajo de su vida. Temía que su hijo pudiera usar el imperio como garantía para salvar sus propios negocios fallidos, según consta en las declaraciones recogidas años más tarde durante una disputa familiar.

Fred Trump rechazó la maniobra y se negó a firmar el codicilo. Pero el episodio provocó un juicio familiar: Fred Trump estaba envejeciendo y era enfermizo. Sin una intervención rápida podía morir y dejar un vasto patrimonio: no solo su imperio de bienes raíces, sino también decenas de millones de dólares en efectivo, vulnerable al 55 por ciento del impuesto a la herencia.

En la versión de Trump de cómo se convirtió en millonario, él fue el maestro de la negociación que convirtió un préstamo de un millón de dólares de su padre en un imperio de 10.000 millones de dólares. Credit Marilynn K. Yee/The New York Times

Entonces, con Donald Trump jugando un papel central, la familia formuló un plan que incluía estrategias fiscales poco ortodoxas que los expertos le dijeron a este diario que eran legalmente dudosas y, en algunos casos, parecían ser fraudulentas.

Los Trump crearon una compañía para sacar dinero del imperio

El primer componente importante fue crear una compañía llamada All County Building Supply & Maintenance. En papel, All County era el agente de compras de Fred Trump y adquiría todo, desde calderas hasta artículos de limpieza. Pero All County era, de hecho, una compañía que existía solo en papel: los documentos y las entrevistas muestran que era un vehículo para extraer dinero del imperio de Fred Trump simplemente marcando las compras ya realizadas por sus empleados. Esos millones en compras, que eran como dádivas libres de impuestos, luego pasaron a los propietarios de All County: Donald Trump, sus hermanos y un primo.

Lee-Ford Tritt, un destacado experto en leyes de impuestos en la Universidad de Florida, dijo que el uso que hizo Trump de All County era “altamente sospechoso” y podría constituir un fraude fiscal. “Ciertamente, parece un regalo disfrazado”, dijo.

All County también resultó ser un inconveniente para los inquilinos de Fred Trump. La empresa utilizó las facturas alteradas para justificar los aumentos de los alquileres en los edificios regulados, según muestran los documentos.

Harder, el abogado del presidente, impugnó los informes del Times: “Si el Times declara o implica que el presidente Trump participó en fraude, evasión de impuestos o cualquier otro delito, se expondrá a tener responsabilidad sustancial y daños por difamación”.

Los padres de Trump evadieron cientos de millones de dólares en impuestos a donaciones al subvaluar los activos que transmitirían

Con el efectivo que sale del imperio de Fred Trump, los Trump comenzaron a transferir parte de las propiedades a Donald Trump y sus hermanos. El instrumento que crearon para hacer eso fue un fideicomiso de anualidades retenidas, también conocido como GRAT.

El propósito de un GRAT es transferir riquezas a través de diversas generaciones familiares sin pagar el 55 por ciento del impuesto al patrimonio. Los padres de Trump tuvieron que pagar impuestos de donaciones basados ​​en un número crucial: el valor de mercado del imperio de Fred Trump. Pero el Times encontró evidencia de que esquivaron cientos de millones de dólares en impuestos sobre donaciones mediante la presentación de declaraciones de impuestos que subestimaban los activos colocados en dos GRAT, uno para cada padre.

La declaración de impuestos de 1995 de Fred Trump afirmaba que los veinticinco complejos de apartamentos y otras propiedades en los fideicomisos valían solo 41,4 millones de dólares. La inverosimilitud de esta declaración se aclararía en 2004, cuando los bancos valoraran los mismos bienes raíces en casi 900 millones de dólares.

“Juegan con las valuaciones de manera extrema”, dijo Tritt, el experto en derecho tributario, quien recibió información sobre los hallazgos del Times. “Hay fluctuaciones dramáticas dependiendo de su propósito”.

Harder, el abogado del presidente, dijo: “Todos los asuntos de patrimonio fueron manejados por abogados licenciados, licenciados en propiedad intelectual y valuadores de bienes raíces con licencia que respetaron estrictamente todas las leyes y reglas”.

Después de la muerte de Fred Trump, el activo más valioso de su imperio era un pagaré de Donald Trump

Cuando Fred Trump murió en junio de 1999, a la edad de 93 años, la mayor parte de su imperio no se encontraba en ninguna parte de su patrimonio, lo que demuestra el éxito de las estrategias fiscales elaboradas por los Trump a principios de los noventa. El ítem más grande incluido en su declaración de impuestos fue un pagaré de 10,3 millones de dólares de Donald Trump, un dinero que su hijo parece haber tomado prestado el año anterior a su muerte. En cuanto a los remanentes del imperio que quedaron en el patrimonio de Fred Trump, la declaración de impuestos citó evaluaciones que una vez más subestimaban sus valores de mercado.

Como ejecutores de su padre, Donald, Maryanne y Robert Trump eran legalmente responsables de la exactitud de su declaración de impuestos. Fueron obligados no solo a entregar al IRS una contabilidad completa del valor de los bienes de su patrimonio, sino también de revelar todos los donativos sujetos a impuestos que Fred Trump había hecho durante su vida. Los expertos en impuestos aseguran que si sabían que algo estaba mal y no lo revelaron, podrían haber violado la ley tributaria.

Harder, el abogado del presidente, defendió las declaraciones de impuestos presentadas por los Trump. “Las declaraciones fiscales y las posiciones fiscales que el Times ataca ahora fueron examinadas en tiempo real por las autoridades fiscales pertinentes”, dijo. “Estos asuntos han estado resueltos por más de una década”.

Donald Trump tuvo un golpe de suerte cuando se vendió el imperio, pero es probable que no haya vendido bien

En 2003, una vez más en problemas financieros, Donald Trump comenzó a diseñar la venta del imperio que Fred Trump soñó que siempre quedaría en manos de la familia. La venta, completada en 2004, le reportó las mayores ganancias que obtuvo de su padre: su parte fue de 177,3 millones de dólares, unos 236,2 millones de dólares actuales.

Pero resultó que, en ese momento, los bancos valoraban al imperio en cientos de millones de dólares más que el precio de venta. Donald Trump, maestro en el arte de negociar, vendió barato el legado de su padre.