martes, 30 de octubre de 2018

MISILES DE ALCANCE INTERMEDIO


Jorge Gómez Barata

La II Guerra Mundial legó a la humanidad las armas atómicas y el terrible precedente de su empleo en Hiroshima y Nagasaki en 1945, mientras la Guerra Fría (1945-1991) provocó la carrera de armamentos que dio lugar a un arsenal nuclear que llegó a contar con alrededor de 20.000 ojivas y miles de misiles de todas las designaciones.

En la lucha por el desarme nuclear, iniciada por Nikita Kruzchov, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética y Dwight Eisenhower, presidente de los Estados Unidos y, continuada por los sucesores de ambos, ha registrado momentos trascendentales, entre ellos, el Tratado de No Proliferación (1968), y la prohibición de las fuerzas nucleares de corto y mediano alcance (INF), adoptado en 1987 durante la Cumbre en Washington por los presidentes Reagan y Mijaíl Gorbachov.

El acuerdo significó la destrucción de todos los misiles estadounidenses y soviéticos con un alcance entre los 500 y los 5.500 kilómetros. En virtud del Tratado se eliminaron 2.692 misiles, 846 de Estados Unidos y 1.846 de la Unión Soviética. En esa partida fueron suprimido los temibles Pershing y los SS 20 soviéticos. Ese entendimiento largamente negociado, es el instrumento al que Donald Trump planea renunciar.

Debido a su sistema de alianzas con Europa basado en la OTAN, recurso del que Rusia no dispone, los misiles de alcance intermedio son preferidos por Estados Unidos, que favorece el acercamiento de la OTAN a las fronteras rusas. En una maniobra semejante, en 1962 la Unión Soviética emplazó este tipo de misiles en Cuba, colocando prácticamente todo el territorio de los Estados Unidos a su alcance.

En posiciones adelantadas los misiles de alcance intermedio surten el mismo efecto que los estratégicos, con la ventaja de que son menos costosos, más precisos y menos vulnerables debido a que la trayectoria es más baja y el vuelo más breve, por lo cual están menos expuestos a las defensas anticoheteriles. También son más eficaces para explotar el factor sorpresa.

Ante la eventualidad que Trump abandone el tratado de eliminación de los Misiles de alcance Medio (INF), es legítimo preguntarse ¿qué haría Estados Unidos con ese armamento? ¿Acaso lo instalaría en países ex socialistas cercanos a Rusia como Alemania, Polonia, República Checa y eventualmente Ucrania? Obviamente, ante semejante provocación, el presidente Putin ha declarado que: “Rusia respondería de modo rápido y efectivo”. No sabemos cómo, pero según él, lo hará.

El abandono del Tratado INF significará una nueva carrera de armamentos y será una fiesta para el Complejo Militar Industrial que recibirá pedidos para la fabricación de miles de estas armas y sus respectivas ojivas. Emplazados cerca de las fronteras, estos misiles podrán alcanzar prácticamente todos los centros vitales de Rusia y sus principales ciudades.

El impredecible Donald Trump vuelve a incurrir en una contradicción. A la vez que lucha contra las armas nucleares en poder de Corea del Norte y trata de evitar que Irán llegue a poseerlas, da pasos que provocarán un intenso repunte de la carrera armamentista. Esta vez no se puede decir: Él sabe lo que hace. No es así, no lo sabe. Allá nos vemos.

La Habana 27 de octubre de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto!

El RESURGIR DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS


Por Manuel E. Yepe

En Occidente en general, y en Europa en particular, se asiste al resurgimiento de los partidos políticos. Tanto viejos partidos como el Laborista británico, como nuevos como el Podemos de España y el Insumiso de Francia, han experimentado aumentos espectaculares en los años recientes, con notables innovaciones organizativas.

Paolo Gerbaudo, sociólogo británico de la universidad King´s College y especialista en movimientos sociales y partidos, concede gran importancia a este renacimiento dado que durante muchos años los sociólogos y politólogos han predicho, casi unánimemente, que los partidos políticos estaban perdiendo preeminencia en las sociedades digitales globalizadas y altamente diversificadas.

De hecho, la actual revivificación de la izquierda europea ha desmentido tales pronósticos, porque la tecnología digital allí no ha suplantado al partido y, más bien, los activistas de los partidos han utilizado sus avances para desarrollar mecanismos innovadores para atraer a los ciudadanos, sin que hayan dejado de afirmar que la lucha política es su principal instrumento de trabajo.

La revitalización de los partidos políticos en el viejo continente se ha hecho evidente, en primer lugar, por el incremento de sus miembros, contrastante con la disminución de la membrecía que muchos partidos históricos europeos venían experimentando desde la década de los años ochenta del siglo XX, afirma Gerbaudo.

En Gran Bretaña, el Partido Laborista está próximo a alcanzar los 600.000 miembros, después de haber tocado a fondo con sólo 176.891 en 2007 al final del liderazgo de Tony Blair. En Francia, el movimiento Francia Insumisa de Jean-Luc Melenchon cuenta con 580.000 partidarios, lo que lo convierte en el mayor partido de Francia a sólo un año y medio de su fundación. En España, el partido Podemos, fundado en 2014, cuenta con más de 500.000 miembros, más del doble que el partido socialista tradicional.

 Incluso en Estados Unidos, un país que durante la mayor parte de su historia ha carecido de partidos socialistas con militancia de masas en el sentido europeo del término, se observa una tendencia algo similar en los Socialistas Demócratas de América (DSA), la formación socialista más grande del país, que ha crecido hasta alcanzar los 50.000 miembros tras la candidatura de Bernie Sanders para la nominación demócrata en 2016.

Según Gerbaudo, este espectacular crecimiento del número de miembros de los partidos de izquierda “moderada”, muchos de los cuales son nuevas formaciones, contrasta con las previsiones que hasta hace poco hacían muchos politólogos. Entre la década de 1990 y el período inmediatamente anterior a la crisis financiera de 2008, muchos académicos coincidieron en predecir la desaparición definitiva de los partidos políticos. En medio de la creciente apatía de los votantes y la disminución del número de sus miembros, los partidos políticos eran considerados por muchos una reliquia del pasado en tanto que la teoría posmoderna del “fin de la historia" profesaba que la historia del partido -actor histórico decisivo en la mayoría de las teorías marxistas tradicionales- había concluido.

El académico del King´s College británico sostiene que el nazismo y el estalinismo demostraron hasta qué punto un partido podía convertirse en una máquina empeñada en manipular a sus miembros e imponer una obediencia inquebrantable. Pero tan grave y problemático como ello fue la forma en que esta crítica se conjugó con el resentimiento liberal de larga data contra los partidos políticos, aguijoneada por un miedo antidemocrático a las masas organizadas y sus demandas de control democrático y redistribución económica.

Este discurso liberal de crítica al partido político se remonta a los orígenes de la democracia moderna. Atacaban a los partidos políticos por someter al individuo a la obediencia y la uniformidad, y argumentaban que en lugar de servir a los intereses generales de la sociedad, los partidos terminaban defendiendo el estrecho interés de una facción.

En los tiempos neoliberales, esta preocupación por la libertad individual ha encontrado una nueva forma de expresarse en la sobrevaloración de la iniciativa empresarial y de la espontaneidad de las fuerzas de mercado no reguladas, haciendo que todas las formas de organización colectiva parezcan ilegítimos impedimentos a la propiedad privada y la libertad individual.

Irónicamente, dice Gerbaudo, gran parte del rechazo que la gente siente hoy en día hacia los partidos políticos es producto de la ideología neoliberal, y de la forma en que durante los años 1990 y 2000 esta ideología facilitó la transformación de los viejos partidos de masas de la era industrial en nuevos "partidos líquidos" al estilo de los "partidos profesionales/electorales" estadounidenses, cuyo cinismo ha sido capturado en el imaginario público por series de televisión como House of Cards y The Thick of It, con spin doctors y encuestadores y consultores de comunicación que sustituyen con ventaja a los viejos apparatchiks y cuadros del partido.

La Habana, Octubre 29 de 2018

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

Pharrell Williams prohíbe a Trump usar su canción 'Happy' tras el tiroteo en la sinagoga


RT  -   30 oct 2018 15:25 GMT

La canción fue reproducida durante un evento político de Trump horas después de la tragedia, denuncian los representantes del cantante.

El rapero estadounidense Pharrell Williams. Lucas Jackson / Reuters

En una carta enviada a Donald Trump, el músico Pharrell Williams ha prohibido al presidente estadounidense usar en sus actos públicos su canción 'Happy' así como el resto de sus composiciones.

"El día del asesinato masivo de once seres humanos a manos de un 'nacionalista loco' puso su canción 'Happy' ante el público de un evento político en Indiana", reza la misiva, enviada por los representantes de Williams.

"No hubo nada 'happy' ['alegre, feliz', en español] sobre la tragedia infligida a nuestro país el sábado y no se había concedido permiso para el uso de esta canción para este propósito", destaca el mensaje.

El pasado 27 de octubre, un hombre fuertemente armado perpetró un tiroteo dentro de una sinagoga en Pittsburgh, Pensilvania (EE.UU.), antes de rendirse a las autoridades. El ataque en la congregación judía Tree of Life se cobró la vida de once personas.

¿Está EE.UU. condenado a guerra civil?: "El Reloj del Apocalipsis está más cerca de la medianoche"


RT  -   30 oct 2018 12:05 GMT

En la sociedad estadounidense se está librando "una especie de guerra civil cultural", "más febril cada día" a medida que se acercan las elecciones de medio término, alerta un historiador.



"El Reloj del Apocalipsis de EE.UU. está más cerca de la medianoche de lo que pensábamos", advierte en un artículo para The Times el historiador británico Niall Ferguson, quien evalúa las posibilidades de que estalle una guerra civil en el país norteamericano.  

El historiador hace alusión al llamado Reloj del Apocalipsis —ideado al comienzo de la Guerra Fría para concientizar de manera global sobre el peligro del armamento nuclear—, y sostiene que no le cabe "ninguna duda" de que ahora se encuentra en marcha "el Reloj del Apocalipsis de la Guerra Civil de EE.UU.". "Pero, ¿qué tan cerca está Estados Unidos del tipo de masacre fratricida que comenzó cuando las fuerzas confederadas abrieron fuego contra el fuerte más conocido de Carolina del Sur en abril de 1861?", se pregunta el analista.

"Guerra civil cultural"

De entrada, Ferguson sostiene que en las redes sociales estadounidenses ya se está librando "una especie de guerra civil cultural", que se vuelve "más febril cada día" a medida que se acercan las elecciones de medio término.

En ese sentido, el experto destaca los recientes incidentes con artefactos explosivos enviados por correo a varios críticos del presidente Donald Trump, un caso que, según dice, proporciona una clave para entender "nuevas profecías de una segunda guerra civil estadounidense".

En particular, el autor del artículo subraya la reacción de algunos medios ante el arresto de Cesar Sayoc, un hombre cuya furgoneta resultó estar cubierta de pegatinas pro-Trump.

Tras ello, un "corresponsal normalmente sobrio de Washington" no tardó en vincular al presidente con este incidente, indica Ferguson, quien subraya que a él tampoco le gustan las críticas habituales de Trump a los medios tradicionales, pero cuestiona que haya "una relación causal directa con un maniático que envía un puñado de bombas caseras".

Para Ferguson, "es innegable" que la gente de ambos lados de la división política está utilizando "un lenguaje intemperado", y también "parece claro" que hay "un potencial para un aumento en la violencia política" en EE.UU. Por otro lado, "según los estándares europeos, hay un número aterrador de armas letales en manos privadas", enfatiza el historiador, para finalmente lanzar un alerta mayor: "Pero, ¿guerra civil?"

"División ideológica y geográfica"

Según el experto, algunas de las personas que lanzan ese tipo de advertencias podrían ser calificadas como alarmistas, pero "debemos prestar atención" cuando se trata de analistas serios, como el historiador Victor Davis Hanson, quien asevera que estamos "al borde de una verdadera guerra civil"; o de Reihan Salam, quien sostiene que sin una reforma migratoria, EE.UU. se desmoronará; o de Peter Turchin, quien ha estado argumentando durante algún tiempo que varios indicadores importantes de inestabilidad política alcanzarán su punto máximo alrededor de 2020, lo que hace que EE.UU. sea "particularmente vulnerable a una agitación violenta".

El argumento de Hanson es que las tensiones derivadas de la globalización, de Internet, del izquierdismo del campus y la inmigración ilegal, han conducido "a una división ideológica que también es geográfica".

El propio Ferguson se inclina "por la visión optimista de que la mayoría de los estadounidenses normales consideran que la guerra cultural es agotadora", y de que la extrema derecha y la extrema izquierda son solamente "dos minorías ruidosas".

Sin embargo, el historiador hace hincapié en un "punto crucial" señalado por Hanson: que, según ha mostrado repetidamente la historia, "las pequeñas minorías entusiastas, y a veces en conflicto, pueden aumentar las tensiones, anular la oposición y presionar a la mayoría silenciada para que no sancione o, al menos, no objete la violencia".

Abraham Lincoln, decimosexto presidente de EE.UU. / Stapleton Historical Collection / www.globallookpress.com

"La analogía más preocupante"

Más allá de lo anterior, "la analogía más preocupante" –que el historiador afirma haber escuchado la semana pasada– es la trazada entre las elecciones presidenciales de 2020 y las de 1860, cuando Abraham Lincoln ganó una carrera a cuatro bandas.

Si un centrista como el gobernador de Ohio, John Kasich, se presenta como candidato independiente, y los demócratas nominan a una progresista como Kamala Harris, mientras Trump busca la reelección, "podríamos tener una situación similar" –aduce  Ferguson– a la de la elección de 1860, cuando las divisiones sobre el tema de la esclavitud se volvieron insuperables y la victoria de Lincoln "fue seguida rápidamente por la secesión de siete estados del sur y la formación de la Confederación".  

"Es cierto que no hay un único problema en la guerra cultural de hoy. Es cierto que la hora en el Reloj del Apocalipsis de la Guerra Civil se asemeja más a las 11:08 que a las 11:58", admite el historiador, antes de concluir: "Pero cuando diga quién llamó mi atención sobre la analogía de 1860, sabrán por qué estoy preocupado. Fue [el exestratega de Trump] Steve Bannon".