lunes, 15 de abril de 2019

EMIGRACION: DESARROLLO Y SUBDESARROLLO


Jorge Gómez Barata

Bendita sea Europa y el acuerdo de Schengen en virtud del cual 26 países del Viejo Continente levantaron las fronteras entre ellos, permitiendo la libre circulación de sus nacionales. El trato se aplica también a los extranjeros admitidos en alguno de esos estados. De ese modo Europa no se convirtió en un solo país, aunque si en un espacio común, paradigma y evidencia de que el libre tránsito de las personas es posible y debería ser un derecho universal.

El mecanismo Schengen que no elimina la discriminación ni impide los abusos contra los emigrantes no europeos, es un paso importante en la dirección correcta y supone la cooperación y la coordinación entre los servicios policiacos, de seguridad, aduanas y otros, para preservar a los estados e instituciones de acciones terroristas, narcotráfico, contrabando y otros delitos de carácter transnacional.    

Con todos sus defectos, la Unión Europa, el espacio Schengen (Schengenland) y la zona euro, donde funciona una moneda única, constituyen avances de los procesos civilizatorios y un mentís a las predicas separatistas que con diversas excusas, entre ellas la cultura y la soberanía, reivindican un nacionalismo que ha comenzado a ser anacrónico y que, en el peor de los casos, oculta prejuicios raciales y actitudes xenófobas

Gracias a avances, que para los latinoamericanos resultan lejanos, entre los derechos ejercidos por los europeos figuran los de salir y regresar a sus países, radicarse en cualquiera de las naciones del continente, trabajar en ellas, amarlas, honrarlas, defenderlas y formar familias, sin sentirse extranjero ni ser discriminado en ningún lugar.

En América Latina, las reflexiones asociadas a las problemáticas migratorias y a los movimientos de trabajadores emigrantes son particularmente importantes debido al desigual desarrollo económico y social y a la existencia de países que como México, Brasil, Argentina, Chile, Costa Rica y otros, son mercados laborales atractivos para las personas que, obligados por circunstancias económicas y sociales, en algunos casos extremas, como ocurre en los centroamericanos, procuran mejorar sus niveles de vida trabajando fuera de sus países.

En la emigración intrarregional latinoamericana se han identificado varios flujos principales: centroamericanos hacia México, Panamá, Costa Rica, Belice y Trinidad y Tobago, sudamericanos hacia Brasil, Argentina y Chile, haitianos hacia Republica Dominicana y cubanos hacia todas partes. Ninguno los países receptores de emigrantes, afronta una situación tan comprometida como México, abrumado por caravanas de miles de personas, ninguno tiene fronteras con Estados Unidos ni forma un corredor que desde todos los confines de Centroamérica conduce a las fronteras norteamericanas.

En materia migratoria desde los balseros cubanos no se registraba una innovación comparable a las caravanas de miles de personas que partiendo de Centroamérica atraviesan México para intentar ingresar en los Estados Unidos, creando situaciones que comprometen la seguridad nacional de México. 

A los ángulos políticos y de seguridad, se suman los dramas humanitarios, pues muchos de los participantes de estas caravanas carecen de recursos para sustentarse durante las agotadoras jornadas y son acompañados por niños y mujeres. Por estar en su territorio, por solidaridad y por la vocación popular de su gobierno, México los asiste.

Al respecto, no cabe la ingenuidad de suponer que las “caravanas” son acciones espontaneas y que de ellas no se aprovechan elementos de baja catadura que México no puede admitir y con los cuales el gobierno no pude convivir ni entenderse.  

La geografía, la incompetencia de los gobiernos centroamericanos para administrar sus emigraciones y la necesidad de mantener el orden interno, convierten a México en una especie de custodio de las fronteras de Estados Unidos, cosa que la actual administración estadounidense explota al máximo. 

Aunque parece distante y es un asunto en el cual se avanzó poco, incluso durante los gobiernos de izquierda que recién gobernaron en varios países sudamericanos, la flexibilización de los procedimientos migratorios y las facilidades para el libre tránsito de las personas es una asignatura pendiente en Latinoamérica sin lo cual la retórica en torno a la integración es insostenible.

La Habana, 10 de abril de 2019

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