viernes, 11 de enero de 2019

Guatemala, una promesa norteamericana para Venezuela


Ollantay Itzamná

Guatemala, hace 65 años atrás, vivía en la misma zozobra galopante que vive el pueblo venezolano, ante la inminente invasión/destrucción promovida por el gobierno norteamericano.

Para junio de 1954, este contrastante país apenas había vivido una década de su promisoria “primavera revolucionaria”, con varios logros significativos en la ampliación de derechos y distribución de bienes y servicios. Pero, los jinetes de la muerte abortaron dicho proceso, con el apoyo servil de la oligarquía de Honduras, y el silencio cómplice de la OEA.

El argumento del gobierno norteamericano fue: “vamos a democratizar y construir el progreso del país preservándolo de la amenaza del comunismo”. ¿Guatemala está mejor que hace 65 años atrás?

En 2019, ante la resistencia estoica demostrada, y la vocación democrática del pueblo venezolano que reeligió en las urnas con más del 67% de votos al actual Presidente Nicolás Maduro, el gobierno norteamericano y los gobiernos serviles del denominado Grupo de Lima preparan una invasión militar contra Venezuela, luego del rosario de derrotas diplomáticas y políticas que les infringió Maduro, tanto en el suelo venezolano, en la OEA y en la ONU.

A diferencia de la “parsimonia” guatemalteca, de hace 65 años atrás, el pueblo venezolano está organizado y dispuesto a repeler militarmente a los invasores. Esto significa que, de ocurrir dicha invasión, Latinoamérica sufrirá una guerra fratricida. Latinoamericanos contra latinoamericanos. Con consecuencias y retrocesos inimaginables en los esfuerzos de la integración y pacificación regional.

¿Cómo está Guatemala a 65 años de la intervención militar norteamericana?

Al momento de aquella invasión (1954), las familias campesinas y urbanas del país vivían con mediana estabilidad. Los campesinos tenían tierras para cultivar y alimentar al país (producto de la nacionalización de las tierras, abolición de la servidumbre indígena). Había agua limpia disponible. Los servicios básicos de ese entonces era públicos.  Las y los trabajadores tenían derechos colectivos e individuales garantizados…

El Estado era medianamente fuerte, con una economía estable, y una sociedad que aspiraba con orgullo a construir la comunidad política imaginada (la nación guatemalteca)

Ahora, el país languidece sin tierras de cultivo para comer, sin fuentes de agua limpia para calmar su sed. Envueltos con ropa usada (en su gran mayoría). Con ciudades convertidas en cementerios de chatarra norteamericana. Comiendo frijol y maíz mexicano con glifosato (producto cancerígeno).

Cerca del 63% de la población guatemalteca subsiste en la pobreza. En el área rural, este porcentaje llega al 80%. Es el país con la mayor cantidad de niños desnutridos del Continente. Con un promedio de 15 a 18 asesinatos violentos diarios.

El país es motivo de vergüenza continental producto, no sólo de la desigualdad social, sino de la corrupción pública putrefacta.

Guatemala tiene el Producto Interno Bruto (PIB) más alto de todos los países de Centroamérica ($ 68 mil millones), pero es uno de los país con el mayor índice de desnutrición del Continente.

Tiene el Estado más débil o fallido del Continente, sin identidad nacional, pero protegido por el gobierno norteamericano porque “sus corruptos” le sirve a sus intereses geoestratégicos.

Es el país donde el soberano es el Embajador norteamericano de turno. Un país convertido en conejillo de indias para los diferentes métodos y estrategias de injerencismo norteamericano en la región. El país con más asesinatos impunes de defensores de derechos humanos, superado sólo por Colombia,

De concretarse e imponerse la intervención militar norteamericana en Venezuela, éste digno país, en poco tiempo, será lo que es Guatemala en la actualidad. Y los gobiernos lacayos que se presten a dicha invasión convertirán a sus países en la Honduras actual.


Ollantay Itzamná
Defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos
@JubenalQ

EEUU empieza la retirada de tropas de Siria


El portavoz de la coalición aliada contra el Estado Islámico señala que se ha iniciado el proceso de salida de las fuerzas estadounidenses

EL PERIÓDICO  -  Ana Alba
Barcelona - Viernes, 11/01/2019

Un soldado de EEUU saluda desde un vehículo blindado en una carretera que conduce a la ciudad de Manbij, al norte de Siria.  / HUSSEIN MALLA (AP)

Estados Unidos ha empezado el proceso de retirada de tropas de Siria, según ha anunciado el viernes el coronel Sean Ryan, portavoz de la coalición militar liderada por Washington contra el Estado Islámico (EI). Ryan ha afirmado en un comunicado que se ha iniciado "el proceso de nuestra retirada deliberada de Siria", según ha informado la agencia Associated Press.

Por motivos de seguridad, Ryan no ha detallado el tiempo que llevará la retirada total, las fases que tendrá ni los lugares de los que se empezarán a retirar los soldados. 

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), una oenegé siria con sede en Gran Bretaña, que controla el conflicto en Siria a través de una red de activistas en el terreno, ha señalado que la retirada comenzó ayer jueves por la noche con la salida de un convoy de unos 10 vehículos blindados y algunos camiones de la ciudad de Rmeilan, en el noreste de Siria, hacia Irak.

Discurso de Pompeo

El anuncio de EEUU se produce un día después de que el ministro de Exteriores de Turquía, Mevlut Cavusoglu, dijera que una operación militar en el norte de Siria contra la milicia kurda YPG, aliada de EEUU, no depende de la retirada de las fuerzas estadounidenses.

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, también abordó el tema en un discurso en El Cairo el jueves. Respecto a Siria, Pompeo dijo que Washington "usará la diplomacia y trabajará con nuestros socios para expulsar hasta la última bota iraní, y trabajará a través del proceso dirigido por la ONU para llevar la paz y la estabilidad al pueblo sirio que tanto sufre".

El Ministerio de Exteriores ruso ha señalado que tenía la impresión de que EEUU quería quedarse en Siria a pesar del retiro anunciado, según informó la agencia de noticias RIA.

BOMBARDEO ATÓMICO A JAPÓN REINTERPRETADO


Por Manuel E. Yepe

En el verano de 1945, el presidente de Estados Unidos Harry Truman buscaba un golpe decisivo contra el Imperio japonés. A pesar de las muchas victorias de los aliados durante 1944 y 1945, Truman creía que el emperador Hirohito instaría a sus generales a continuar  la lucha.

Estados Unidos había sufrido 76.000 bajas en las batallas de Iwo Jima y Okinawa, y la administración Truman anticipaba que una prolongada invasión del Japón continental les traería cifras aún más devastadoras. No obstante, Washington elaboraba planes para un asalto final contra Japón que nombraba Operation Downfall (Operación Caída).

Los estimados de la posible matanza eran aterradores. Los Jefes del Estado Mayor Conjunto estimaban que las víctimas serían 1,2 millones.

El Almirante Chester Nimitz y el General Douglas MacArthur pronosticaban más de 1.000 bajas por día, mientras que el Departamento de Marina vaticinó que los totales ascenderían a cuatro millones.

Calculaban que los enemigos japoneses tendrían hasta diez millones de bajas. El diario Los Angeles Times, un poco más optimista, proyectaba “solo” un millón de muertes.

A partir esas cifras, no era de extrañar que Estados Unidos se decidiera por la opción nuclear cuando dejó caer la bomba Little Boy en Hiroshima el 6 de agosto y luego la Fat Man sobre Nagasaki el 9 de agosto. Japón se rindió 24 días después, evitando así los horrendos pronósticos de muertes de millones de estadounidenses aquí citados.

“Tal es la narrativa que se ha enseñado en las escuelas de Estados Unidos. Pero como tantas otras versiones históricas, resultó ser una simplificación excesiva e históricamente falseada”, dice Alan Mosley en un artículo publicado en la revista virtual rusa “Strategic Culture Online Journal” el 31 de diciembre de 2018.

Cuando el presidente Truman aprobó el despliegue de las nuevas bombas atómicas, estaba convencido de que los japoneses planeaban continuar la guerra hasta el amargo final. Muchos han argumentado que las estimaciones de víctimas lo obligaron a actuar con cautela por la vida de los soldados estadounidenses que se hallaban en el Pacífico pero esta versión ignora que otras figuras cercanas a Truman llegaron a la conclusión opuesta.

El general Dwight D. Eisenhower dijo: "Yo estaba en contra del uso de la bomba atómica por dos razones. Primero, porque los japoneses estaban listos para rendirse y era innecesario golpearlos con esa horrible cosa. Segundo, porque yo odiaba que nuestro país fuera el primero en usar esa arma". Usó el mismo argumento que el entonces Secretario de Guerra Henry Stimson en 1945, quien relata en sus

memorias: "Le expresé mis graves dudas, en primer lugar porque creía que Japón ya había sido derrotado y lanzar la bomba era completamente innecesario, y en segundo lugar porque creía que nuestro país no debía escandalizar a la opinión pública mundial mediante el uso de un arma cuyo empleo, en mi opinión, no era ya obligatorio como medida para salvar vidas estadounidenses. Era mi creencia que Japón estaba, en esos mismos momentos, buscando alguna forma de rendirse con el menor costo posible.

El Almirante de Flota William Leahy, el oficial militar de mayor rango de los Estados Unidos en servicio activo durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los principales asesores militares de Harry Truman escribió en su libro “I Was There” publicado en 1950: "El uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no fue de ayuda material alguna en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse debido al efectivo bloqueo marítimo y al exitoso bombardeo con armas convencionales".

La revista Foreign Policy escribió que el día más crítico para Japón era el 9 de agosto, primer día en que el Consejo Supremo japonés se reunió para discutir seriamente la rendición. La fecha es significativa porque no se trata del día posterior al bombardeo de Hiroshima, sino el día en que la Unión Soviética entró en el teatro de guerra del Pacífico invadiendo por tres frentes la Manchuria ocupada por los japoneses. Antes del 8 de agosto, los japoneses esperaban que Rusia fuera intermediario en las negociaciones para el fin de la guerra, pero cuando los rusos se pronunciaron contra Japón, se convirtieron en una amenaza aún mayor que Estados Unidos para los japoneses.

La posición de Rusia, de hecho, obligó a los japoneses a considerar la rendición incondicional. Hasta entonces, sólo estaban abiertos a una rendición condicional que garantizara al emperador Hirohito algo de dignidad y protección ante los juicios por crímenes de guerra. Foreign Policy concluye opinando que, como en el teatro europeo, Truman no venció a Japón; Stalin sí.

Truman nunca se arrepintió públicamente de su decisión de usar las bombas atómicas. Sin embargo, estudios posteriores apoyados en testimonios de líderes japoneses involucrados sobrevivientes han determinado que Japón se habría rendido incluso si las bombas atómicas no hubieran sido lanzadas, incluso si Rusia no hubiera entrado en la guerra, e incluso si no se hubiera planeado o contemplado una invasión.

La Habana, Enero 10 de 2019

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.