domingo, 17 de marzo de 2019

VENEZUELA. DESESCALAR EL CONFLICTO


Jorge Gómez Barata

En las crisis como la que ahora atraviesa Venezuela están presentes componentes que por separados son abrumadores y juntos, letales. Se trata del inevitable desajuste de las estructuras sociales y estatales que acompañan a los procesos políticos de gran calado, sobre todo a las revoluciones. En Latinoamérica, a la obstinada resistencia de las clases derrotadas, como un fatal designio, se incluye la reacción de los Estados Unidos.

A ese entramado se suma el rechazo visceral de la actual administración estadounidense a la evolución política de Venezuela liderada por Hugo Chávez (1999-2013) y Nicolás Maduro (2013…) con los cuales convivieron Bill Clinton durante dos años, mientras George Bush y Barack Obama lo hicieron durante dieciséis en cambio, Donald Trump no soporta hacerlo durante dos años.

En realidad, los cambios más drásticos no han ocurrido en Venezuela sino en Estados Unidos, donde los hombres designados por el presidente para conducir la política latinoamericana (Mike Pompeo, John Bolton, Mauricio Clever-Carone y Eliot Abrams) secundados en el Congreso por los senadores Marcos Rubio, Bob Menéndez y otros legisladores, conforman la “armada” más conservadora que en décadas haya ejecutado la política latinoamericana.   

Debido al radicalismo y la intolerancia estadounidense, a las intensas pugnas internas, se ha sumado la guerra económica y el aislamiento internacional, que dan lugar a una confrontación extrema y perenne. En el vórtice de este turbión está el pueblo y su existencia perentoria.

A pesar del contencioso que durante dos décadas ha impedido el funcionamiento de la economía y los servicios y creado situaciones sociales y humanitarias extremadamente delicadas y difíciles de administrar, es particularmente importante mantener funcionando los grandes complejos tecnológicos, que como los sistemas electroenergético y de comunicaciones, los servicios de salud, alimentación, transporte y otros elementos imprescindibles para la vida que son extremadamente vulnerables y no pueden dejar de operar ni un segundo.

Es lo que ocurre en Venezuela, un país extremadamente peculiar, entre otras cosas por sus inmensas riquezas y porque su equipamiento e infraestructura industrial, de telecomunicaciones, importaciones de alimentos y comercio petrolero, desde hace un siglo están vinculado al esquema energético y comercial estadounidense, generando encadenamientos productivos, flujos financieros y operaciones bancarias extraordinariamente voluminosas y de significado para la economía global.

A todo ello se añade la existencia de otras potencias como Rusia y China, interesadas en esos recursos y cuya confrontación con Estados Unidos es manifiesta lo cual, además de anularlas como mediadoras, involucran a Venezuela en pugnas geopolíticas globales.

Las complejidades del panorama político, agudizadas por los reiterados fracasos de los diálogos entre la oposición y el gobierno, la negativa proyección de la OEA y el llamado Grupo de Lima, la llegada al poder de gobiernos hostiles en varios países, así como el incremento de la agresividad de los Estados Unidos, que incluyó la expropiación de la petrolera venezolana CITGO y el embargo petrolero, llegaron a un punto en el cual el diputado Juan Guaidó se autoproclamó “presidente a cargo”.

El insólito hecho que el gobierno legítimo no pudo neutralizar oportunamente, pareció una señal para que se desatara un movimiento internacional concertado contra el gobierno venezolano, que ha implicado a unos cincuenta países, al conjunto de la Unión Europea e incluso a la ONU.

En ese complicado contexto interno y externo, el pasado día siete fue saboteado el mecanismo automático que controla el funcionamiento de la central hidroeléctrica Simón Bolívar del río Guri, la cual genera alrededor del setenta por ciento de la electricidad que consume el país y constituye el núcleo del sistema electroenergético nacional.

El hecho denunciado consistentemente por el gobierno que afirma tener pruebas de que se trató de un sabotaje digital o cibernético, acompañado por otros eventos del mismo carácter, dejó a casi el 80 por ciento del país sin electricidad durante varios días con las consecuencias humanitarias y económicas que ello genera y que ha elevado la tensión política a niveles que pueden ocasionar consecuencias impredecibles.

Aunque es difícil encontrar una plataforma negociadora, me atrevería a instar al Grupo Montevideo a redoblar sus esfuerzos para intentar desmontar los componentes más peligrosos de la crisis y ofrecer alguna alternativa. Tal vez volver al momento en que la oposición conquistó la mayoría en la Asamblea Nacional y Nicolás Maduro ejercía la presidencia sea una posibilidad para encontrar un punto de partida.

Al respecto digo como Mujica: “…Tal vez no sea la mejor solución y ni siquiera sea justa, pero es la única…” Lo otro sería un Armagedón donde no puede haber ganadores. Allá nos vemos.

La Habana, 15 de marzo de 2019

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto!

ASPIRANTE DEMÓCRATA DESCARTA CAPITALISMO


Por Manuel E. Yepe

Alexandria Ocasio-Cortez, identificada en la prensa por sus iniciales AOC es una de las probables candidatas a integrar la candidatura para la presidencia de Estados Unidos en 2020 por el partido demócrata de Estados Unidos. Nació en Nueva York, el 13 de octubre de 1989. Ganó las elecciones primarias demócratas en el 14º distrito congresional de Nueva York después de vencer al líder demócrata Joseph Crowley con amplísima mayoría de votos. Es miembro de la organización Socialistas Democráticos de América y se le ha vinculado a una gran variedad de plataformas políticas progresistas estadounidenses.

En el curso de una entrevista que concedió en Austin, Texas, AOC expuso a la revista electrónica The Intercept sus opiniones sobre los defectos que observaba en el sistema capitalista.

La entrevista ocurrió cuando se efectuaba la primera votación en el Senado del proyecto de resolución conocido por Green New Deal consistente en un conjunto de propuestas políticas suyas para integrar el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que comenzó a partir de una iniciativa de economía verde conocida como el "Global Green New Deal".

Esta iniciativa, cuyo nombre evoca los planes de Franklin D. Roosevelt de estímulo económico impulsados a raíz de la Gran Depresión, es una resolución redactada por Alexandria y un compañero suyo de las filas demócratas, el senador Edward J. Markey por Massachusetts, que aunque no tiene visos de ver la luz como legislación por el momento simboliza el nuevo impulso progresista tras la victoria demócrata en la Cámara del Congreso el pasado noviembre.

El documento de 14 páginas, reclama una reducción de la emisión de gases de efecto invernadero de un 40% a un 60% en 2030 y además dejar en “cero” las emisiones globales hacia 2050.

 AOC llega a esa conclusión porque opina que “Estados Unidos lidia con las consecuencias de poner las ganancias por encima de todo lo demás en nuestra sociedad y es eso lo que hace que el sistema capitalista, tal como se manifiesta hoy, sea “irredimible”.

Aunque aparentemente es una ironía golpear al capitalismo en medio de una orgía de marketing financiado por la industria de la tecnología, AOC sostiene que "el capitalismo es la ideología del capital y en este sistema lo más importante es la concentración del capital, la búsqueda y la maximización de las ganancias... y es eso lo que a mi juicio hace al capitalismo insalvable", dijo.

Hablando sobre su proyecto legislativo nombrado New Deal Verde, Ocasio-Cortez dijo que espera ocuparse de las comunidades minoritarias y lugares como Flint (en el estado de Michigan), porque estos grupos fueron dejados atrás por el New Deal original - ese que fuera aprobado por el Presidente Franklin Roosevelt.

Mientras que la mayoría de los estadounidenses ven al New Deal original como progenitor de programas de bienestar social que beneficiaron a millones de estadounidenses blancos y de minorías, Ocasio-Cortez dice que la ley era, de hecho, profundamente racista, debido a lo que se ha dado en llamar la "línea roja".

"El New Deal fue una política económica extremadamente racista que trazaba líneas rojas alrededor de las comunidades negras y mulatas para aislarlas de la América blanca."

"Permitió a los estadounidenses blancos acceder a préstamos hipotecarios a los que no tenían acceso los estadounidenses negros a quienes les estaba vedado el acceso a la mayor fuente intergeneracional de riqueza”, sostiene AOC.

Ocasio-Cortez es progresista y miembro de los Socialistas Democráticos de América. Defensora de la sanidad universal y del programa de trabajo Jobs Guarantee (Garantía de empleos), aboga por acabar con la privatización de las cárceles y por el acceso a una universidad pública y gratuita; es favorable a políticas de control de las armas de fuego. Critica la política exterior de Israel y calificó la muerte de los manifestantes palestinos en la frontera de Gaza de 2018 como una "masacre". Apoya la abolición del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos), y sostiene que esta agencia emplea centros de detención clandestinos.

En las elecciones legislativas celebradas el 6 de noviembre de 2018 ganó el escaño del distrito 14 de Nueva York. Desde su elección ha sido objeto de continuos ataques de todo tipo por parte de los sectores conservadores estadounidenses.

Es la mujer más joven elegida en el Congreso en la historia de los Estados Unidos, desde que superó a la republicana Elise Stefanik, que había sido elegida en 2014 a la edad de 30 años.  Desde su elección ha sido objeto de continuos ataques de todo tipo por parte de los sectores conservadores estadounidenses.

Aunque a la agenda política, económica e internacional de AOC le falta mucho para llegar a ser un programa antiimperialista y de verdadera justicia social, el caso de esta posible candidata a la presidencia en Estados Unidos indica una saludable tendencia para la Humanidad.

La Habana, Marzo 16 de 2019

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.