martes, 23 de abril de 2019

Tribunal de Justicia brasileño acepta reducir condena del expresidente Lula da Silva


RT  -   23 abr 2019 21:08 GMT

La pena debe reducirse a ocho años, diez meses y 20 días.

Leonardo Benassatto / Reuters

Cuatro de los cinco ministros del Superior Tribunal de Justicia (STJ) votaron este martes para mantener la condena al expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, pero con una reducción de la pena a ocho años, diez meses y 20 días.

El magistrado Félix Fischer, relator del Tribunal Superior de Justicia de Brasil, fue uno de los primeros en votar para que se reduzca la pena del expresidente, condenado el 12 de julio del 2017 y privado de su libertad desde el 7 de abril del 2018 en una cárcel de Curitiba, estado de Paraná. 

Según la legislación local, en caso de que la determinación judicial se sostenga, el dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) podría acceder a la prisión domiciliaria en octubre. De esta forma, Fischer rechazó anular la privación de la libertad.

En Brasil, el Tribunal Superior funciona como una tercera instancia dentro de los procesos judiciales. En este procedimiento, el caso llegó luego de que el político planteara un recurso de apelación tras recibir una pena de 12 años y un mes de cárcel por el caso conocido como 'Lava Jato', donde se lo acusa de actos de corrupción. En concreto, la Justicia sostuvo que Lula da Silva recibió un departamento de lujo en la ciudad de Guarujá a cambio de entregar contratos a la empresa constructora OAS. 

Por el lado de la defensa, se sostiene que, a pesar de la sentencia en su contra, nunca se logró comprobar ningún delito. Asimismo, hace algunas semanas Lula escribió: "Fui condenado y encarcelado por 'actos indeterminados', figura inexistente en la legislación penal brasileña. He presentado suficiente documentación que demuestra mi inocencia. Mis acusadores, por el contrario, no han encontrado una sola prueba".

Fischer rechazó los argumentos de la defensa que intentaban anular la condena o trasladar el proceso a la justicia electoral, lo que implicaba retomar la investigación desde el principio y liberar a Lula mientras se llevaba a cabo el nuevo procedimiento. 

La condena

Lula fue condenado por supuestamente recibir un departamento triplex de lujo frente al mar en el Condominio Solaris, ubicado en Guarujá, una ciudad del estado de Sao Paulo. Sin embargo, durante todo el procedimiento no se pudo probar que tuviera vínculo alguno con la propiedad.

De hecho, esto fue reconocido por algunos de los jueces que votaron en segunda instancia su condena, asegurando que lo hacían sin pruebas pero con "convicción".

En enero el Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región de Porto Alegre (TRF4), en segunda instancia, confirmó la condena y se elevó a 12 años y un mes de cárcel. 

No lo dejaron postularse

Antes de producirse las elecciones presidenciales en octubre del 2018, el líder del PT era el favorito en las encuestas, a pesar de estar preso. Sin embargo, el Tribunal Superior Electoral (TSE) anuló su candidatura, entonces Lula designó a quien fue su ministro de Educación y ex alcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad, para reemplazarlo. 

Tas la victoria del ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, el juez que envió a Lula a la cárcel, Sergio Moro, fue colocado al frente del Ministerio de Justicia.

Portugal, el milagro de crecer gastando en la gente


RT   -    23 abr 2019 16:59 GMT
Luis Gonzalo Segura

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, llega al Consejo Europeo en Bruselas (Bélgica), 10 de abril de 2019. / Aris Oikonomou / AFP

Mientras el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, se dirigía en un debate televisivo a los ciudadanos españoles y les solicitaba el voto para poner remedio, entre otras cuestiones, al riesgo de pobreza que sufren 2,7 millones de niños, en Portugal se preparaban para los fastos del 45 aniversario de la Revolución de los Claveles (25 de abril). Y es que Portugal es el país de los milagros, del democrático y también del económico. 

Porque mientras en España la crisis sigue mostrando su faz más despiadada, con crecimiento incluido de la extrema derecha, en Portugal casi todo son parabienes. El mundo mira sorprendido a Portugal, España la vigila con recelo. Los portugueses hicieron justo lo contrario que los españoles hace cuarenta y cinco años: caminaron hacia la democracia de la mano del pueblo mientras España lo hizo de la mano del sucesor del dictador: Juan Carlos I. Casi medio siglo después, han vuelto a darse la espalda: Portugal decidió caminar hacia la regeneración económica acompañada por lo social, España lo hizo con los hombres de negro. Con los banqueros, los políticos, los empresarios y los capitalistas austericidas que, curiosamente, han seguido enriqueciéndose con el empobrecimiento de la mayoría.

'No' al austericidio

Con la crisis económica, las tasas de desempleo se dispararon, los recortes salariales aumentaron y las partidas sociales fueron cercenadas salvajemente, pero Portugal dijo 'no'. Lo que antes no pudo ni supo hacer Grecia, la pequeña pero digna Portugal sostuvo en 2015 su 'no' a la austeridad. Se eliminaron los recortes en salarios, pensiones o seguridad social e, incluso, se llegó más allá: se aumentó el salario mínimo y se devolvieron días de vacaciones que habían sido arrebatados durante la crisis. Y se incentivó a las empresas con ayudas al desarrollo, mejoras fiscales y financiación. 

Los cuervos, de mal agüero, protestaron. Recelaron. La oposición y los acreedores se mostraron contrarios. Pero las empresas empezaron a ganar confianza, consiguiendo aumentar la producción y las exportaciones, y en 2018 Portugal registró el mayor crecimiento económico en los últimos diez años: el turismo ha vivido un boom, el desempleo se ha reducido a más de la mitad (del 16% en 2013 al 6,7% en 2018) y la inversión extranjera se ha elevado de forma exponencial. 

El milagro ha sido producto de una alianza de izquierdas que incluye, ¡oh, sorpresa!, a los comunistas y a la Izquierda con mayúsculas. Una izquierda que va más allá de la socialdemocracia liberal que, situada en el centro o centro-izquierda, ha acaparado durante décadas en Portugal, España y gran parte de Europa a una gran mayoría del electorado progresista.

Los catalogados por muchos como 'antisistema', liderados por Antònio Costa, han reducido el déficit del 4,4% al 1% y se espera que en 2020 se consiga superávit por primera vez en un cuarto de siglo. ¿Cómo es posible que gastando más en la ciudadanía se deba cada vez menos? Reduciendo el gasto en infraestructuras y otros sectores. Reduciendo el gasto público lo más posible sin que ello suponga reducir el gasto en la ciudadanía. En lo social. 

Con todo, Portugal todavía tiene muchos problemas. Los salarios siguen siendo muy bajos en relación con el resto de países europeos, la precariedad laboral es una epidemia y los sindicatos solicitan continuar con las mejoras laborales y aumentar el gasto social. Algo que el déficit heredado, esa gran carga que está asfixiando a muchos países y ciudadanos, lo impide. Una deuda que ya ha empezado a ser reducida porque Portugal ha devuelto al FMI por anticipado las cantidades prestadas y ha conseguido que el déficit fiscal haya pasado del 11% en 2010 al 0,5% en 2018 y la deuda haya bajado desde el 133% al 124% en el mismo período.

¿Milagro o confluencia de factores?

Sin embargo, muchos críticos no creen en los milagros. No son creyentes. Alegan que sin las reformas más duras emprendidas por Pedro Passos Coelho entre 2010 y 2015 sería imposible el milagro económico de Portugal. Durante ese período los recortes rebajaron los costes laborales unitarios, lo que ha sido fundamental para aumentar las exportaciones desde el 29% del PIB en 2010 al 43% en 2018. También esgrimen que habría sido imposible la recuperación sin el crecimiento económico de los dos grandes socios comerciales de Portugal: Alemania y España. Las exportaciones a los germanos suponen el 12% y los españoles el 21%, habiendo aumentado las ventas a España un 30% desde que comenzaron a rebajarse los costes salariales. No es un caso único, las exportaciones a Francia crecieron un 26%.

Y a todo lo anterior, los extranjeros. El turismo ha pasado de representar el 13% en 2010 a más del 17% en 2018, llegando a casi 13 millones de turistas el año pasado. Mientras, las visas a extranjeros a cambio de inversiones que superen el medio millón de euros han generado unos 3.400 millones de euros. No solo eso, sino que las ventajas fiscales para profesionales y jubilados han atraído a miles de extranjeros.

Por último, la agresiva política del Banco Central Europeo en la compra de bonos se esgrime como otro factor positivo externo a Portugal, dado que ha permitido reducir el esfuerzo fiscal de los portugueses en el pago de la deuda.

Es cierto que los factores externos han ayudado, y mucho, pero no lo es menos que, por ejemplo, España ha reducido su desempleo de forma considerable (del 25,73% en 2013 a 16,55% en 2018), pero ni mucho menos en los niveles de Portugal (para ser equiparable debería haber estado esa cifra en 2018 en el 10%). En Grecia, para más señas, el desempleo ha pasado del 27,5% en 2013 al 21,5% en 2017, un descenso muy insuficiente. 

El gasto social no genera déficit 

No se puede negar, pues, no al menos razonablemente, que el aumento del gasto social ha tenido una repercusión enormemente positiva en Portugal. Las políticas sociales, las políticas humanas, los gobiernos que priorizan a los ciudadanos son políticas y gobiernos de bienestar que en ningún caso son impedimento para controlar el déficit y crecer económicamente. Ni mucho menos la razón que lo condicione. 

Sería bueno que España lo recordara en las elecciones que se celebran esta semana, para elegir la senda portuguesa y abandonar la castellana, y que Europa haga lo propio ante las previsiones para el futuro próximo que auguran reducción del crecimiento y la demanda. Más gasto social no genera más déficit, y no, no es un milagro, pero en los tiempos que corren lo parece.

¿Por qué los jóvenes estadounidenses se inclinan hacia el socialismo y en qué futuro creen?


RT  -   23 Abril de 2019 | 12:50 GMT

Charles Krupa / AP

Casi treinta años después de la caída del Muro de Berlín y el colapso de los llamados regímenes socialistas en Europa de Este, los sociólogos señalan que la mayoría de los jóvenes de EE.UU. están a favor del socialismo y en contra el capitalismo.

Casi treinta años después de la caída del Muro de Berlín y el colapso de los llamados regímenes socialistas en Europa de Este, los sociólogos señalan que la mayoría de los jóvenes de EE.UU. están a favor del socialismo y en contra el capitalismo.

La generación roja

Así, según un sondeo realizado por Gallup en el 2018, solo un 45 % de los estadounidenses de entre 18 y 29 años de edad está a favor del capitalismo y un 51% apoya el socialismo. Además, el estudio GenForward, realizado por científicos de la Universidad de Chicago, reveló que de los cuatro grandes grupos raciales, solo los blancos eligen mayoritariamente —un 54%— el sistema económico actual, mientras que los ciudadanos de origen africano, asiático y latino simpatizan predominantemente con el socialismo.

"Hemos encontrado una tendencia preocupante hacia la normalización de la connotación positiva del 'socialismo'", afirmó con amargura la fundación Víctimas del comunismo (VOC), comentando su propio estudio, que corroboró, en general, los datos de Gallup.

El fenómeno se hizo evidente en 2015 y 2016, cuando Bernie Sanders, senador del Partido Demócrata que se denomina socialista democrático, obtuvo un éxito inesperado en las primarias y logró crear una movilización masiva y vencer en varios estados a Hillary Clinton. Finalmente fue derrotado, según revelaciones de Wikileaks, debido entre otras cosas a las maniobras de la élite del partido, preocupada por una posible victoria del "radical" candidato.

A pesar de la derrota, los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés), organización política procedente del viejo Partido Socialista de América, que le apoyó firmemente, lograron aumentar en dos años el número de sus miembros desde 6.000 hasta 56.000 afiliados.

Este año, tras su anuncio de participación en los comicios de 2020, Bernie logró recaudar más de 18 millones de dólares de 525.000 seguidores en tan solo 41 días de campaña electoral.

¿Qué socialismo quieren los estadounidenses?

Los sondeos muestran que la mayoría de los ciudadanos de EE.UU. entienden el socialismo de una manera muy distinta al concepto tradicional.

Según el estudio de VOC, solo un 9 % de los encuestados asocia la idea con las figuras de Karl Marx y Friedrich Engels. La referencia más popular es Sanders, seguido por los líderes del ala liberal del Partido Demócrata Barack Obama y Hillary Clinton  y la política del 'New Deal' puesta en marcha por Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresión.

La misma encuesta revela que los estadounidenses suelen denominar como socialistas a los países desarrollados con una notable regulación económica gubernamental, como Suecia, Canadá y Francia, mientras que quedan atrás aquellos Estados que declaran explícitamente su carácter socialista, como Venezuela, Cuba, China o Corea del Norte.

No resulta sorprendente que las dos definiciones de socialismo más ampliamente compartidas por los encuestados implican una economía de libre mercado, completada por un rol más o menos activo del Gobierno.

El socialismo democrático de Sanders

Sanders, líder indudable de la izquierda de EE.UU., formuló su posición de manera más explícita en un discurso en la Universidad de Georgetown en noviembre del 2015. Recordando el 'New Deal' (Nuevo trato) de Roosevelt, se alineó con el concepto del estado de bienestar encarnado por este presidente demócrata y abandonado por el país con el avance del neoliberalismo a principios de los años 1980.

El senador por Vermont prometió reforzar la educación pública y crear un sistema de salud gratuito, luchar contra el desempleo a través del financiamiento de obras públicas, aumentar el salario mínimo hasta los 15 dólares por hora, combatir la expansión de la industria petrolera y el cambio climático, aumentar la tributación de las empresas más grandes del país y reformar el procedimiento de las elecciones en EE.UU. para garantizar el principio de "una persona, un voto".

"No creo que el Gobierno deba poseer los medios de producción, pero sí creo que la clase media y las familias trabajadoras, que producen la riqueza de EE.UU., merecen un trato justo. Creo en las compañías privadas que prosperan, invierten y crecen en EE.UU. en lugar de enviar sus trabajos y ganancias al extranjero", resumió su interpretación del socialismo.

Esta visión es compartida por la también demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, otra personalidad emblemática del movimiento, elegida como congresista nacional a sus 29 años.

"Cuando los 'millenials' hablan de conceptos como el socialismo democrático (…) estamos hablando de países y sistemas que ya existen y que ya han demostrado ser exitosos en el mundo moderno", afirmó la política en una entrevista a Business Insider.

¿Socialismo democrático o democracia social?

La mayoría de los expertos piensa que la retórica de Sanders y Ocasio-Cortez no tiene mucho que ver con el socialismo. A pesar de que el concepto puede interpretarse de maneras muy distintas, en su núcleo está el imperativo de establecer el control de la sociedad sobre los medios de producción, es decir, de los recursos y herramientas necesarias para el proceso de trabajo. Al contrario de lo que declara Sanders, se trata no de un perfeccionamiento del capitalismo, que podrá solo prolongar su existencia, sino de un cambio total de las reglas del funcionamiento de la economía.

En efecto, las propuestas de Sanders, limitadas por la idea del estado de bienestar, no van más allá de la política socialdemócrata, que se reduce a una regulación estatal con el fin de tratar de prevenir las crisis económicas y restringir las desigualdades sociales.

"Lo que quieren los estadounidenses que que apoyan el 'socialismo' es en realidad lo que el resto del mundo llama democracia social", resumió el premio Nobel de economía Paul Krugman.

Noam Chomsky, conocido filósofo y teórico del anarquismo, corroboró esta definición: "[Sanders] es una persona decente y honesta. (…) Pero está considerado un radical y un extremista. Es una caracterización bastante interesante, ya que él es básicamente un demócrata del 'New Deal'".

Spencer Platt / Gettyimages.ru

A la izquierda de Sanders

Aunque el programa de Sanders no es suficientemente avanzado como para calificarlo de socialista, este se convirtió en una figura necesaria para la construcción de una nueva izquierda estadounidense, cuya parte más activa supera a Bernie en radicalidad.

Así, el programa del DSA favorece abiertamente a la propiedad colectiva sobre los medios de producción, admitiéndola en varias formas, desde cooperativas hasta empresas públicas, gestionadas por trabajadores y representantes de consumidores.

"Esto significa que tenemos que dirigir nuestros lugares de trabajo y nuestro propio gobierno", cita New York Magazine a Bianca Cunningham, copresidenta de la sección neoyorquina de la organización.

Julia Salazar, estrella en ascenso del socialismo democrático elegida el año pasado en el Congreso del estado de Nueva York, confirma que el objetivo final del movimiento debe consistir en la supresión del capitalismo: "Un socialista democrático reconoce que el sistema capitalista es inherentemente opresivo y está trabajando activamente para desmantelarlo y para empoderar a la clase obrera y a los marginados en nuestra sociedad".

"A largo plazo, los socialistas democráticos quieren acabar con el capitalismo", explicaMeagan Day, miembro del DSA, a Vox. Opina que se puede llegar a este objetivo mediante grandes reformas que, al menos inicialmente, se pueden llevar a cabo en colaboración con la parte más progresista del Partido Demócrata. Subraya el peligro de un estancamiento en el proceso, señalando que el estado del bienestar "puede mitigar las peores desigualdades durante un tiempo, pero en el mejor de los casos se trata de una tregua temporal entre los patrones y los trabajadores".

Las perspectivas de Sanders

En lo inmediato, el destino de la izquierda estadounidense depende del resultado de la carrera electoral que está desarrollándose para los comicios de 2020. Como en 2016, se puede esperar que Bernie será la figura más notable del espectro socialista y socialdemócrata apoyada por distintas ramas de la izquierda.

Bernie Sanders. Reuters

Por ahora, parece que tiene una oportunidad de ganar la nominación y convertirse en el candidato presidencial del Partido Demócrata. Según una encuesta realizada en marzo por la Universidad de Monmouth, Sanders contaría con el apoyo del 25 % de los miembros de su partido en las primarias. Le precede Joe Biden, vicepresidente durante la Presidencia de Barack Obama, con un 28 % de los votos. Sin embargo, la distancia entre los dos políticos está reduciéndose con rapidez. Así, en enero, un 29 % de los demócratas optaba por Biden y solo un 16 % lo hacía por Sanders.

Sin embargo, a diferencia de la situación de hace tres años, ahora Sanders tiene que competir con otros representantes del ala izquierda del Partido Demócrata. A pesar de que no se definen como socialistas, estos comparten algunas de las propuestas más progresistas de Bernie. Así, por ejemplo, Kamala Harris, Elizabeth Warren y Kirsten Gillibrand, que han apoyado la versión más completa del sistema de salud gratuito universal propuesto por Sanders, sumarían un 19 % de los votantes en las primarias, según este sondeo.

Al mismo tiempo, las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 serían probablemente las últimas para Sanders, que tendrá entonces 79 años. En un contexto de sospechas acerca de que la edad avanzada del candidato podría alejar a los votantes, este prometió nombrar como candidato a vicepresidente a una persona más joven y de género distinto a él.

El destino de la izquierda en EE.UU.

Cualquiera que sea la carrera electoral de Sanders, la propagación del escepticismo hacia el capitalismo dentro de la sociedad estadounidense resulta de la condición socioeconómica del país y tiene un carácter objetivo, opinan los expertos.

"Si queremos entender por qué los 'millenials' son como son, tenemos que tener en cuenta la mayor competencia entre los trabajadores, el mayor aislamiento de los trabajadores entre sí, el individualismo extremo de la sociedad estadounidense moderna y los problemas generalizados de deuda y seguridad económica a los que se enfrenta esta generación", dice a Vox Malcolm Harris, autor del libro 'Los niños de estos días: la creación de los 'millenials'.

Los problemas enumerados por Harris son frutos del neoliberalismo, la etapa vigente del capitalismo, que reemplazó en los años 1980 al concepto del estado de bienestar, explicael politólogo Robin Varghese. La economía neoliberal, caracterizada por el libre mercado, la opresión del movimiento obrero y la reducción de los tributos corporativos, resultó en décadas de estancamiento de los salarios y en un aumento del desempleo. Al mismo tiempo, se ha completado una financialización de la economía mundial: las corporaciones prefieren invertir en finanzas, ya que este sector ofrece ganancias más grandes, en vez de desarrollar una producción real que aumente la productividad del trabajo y los salarios.

En estas circunstancias, la frustración y el descontento se extienden entre la sociedad, y sobre todo, entre los jóvenes. Una clara evidencia de este proceso es la popularidad inesperada de políticos que cuestionan el poder de las élites tecnócratas, como Jeremy Corbyn en el Reino Unido, Jean-Luc Mélenchon en Francia o Bernie Sanders en EE.UU.

Por ahora, no se puede predecir hasta qué punto llegarán los cambios y la radicalización de la juventud en EE.UU. Sin embargo, los socialistas advierten contra las medidas paliativas propuestas por la izquierda socialdemócrata, que solo aplazarán la solución definitiva. "Hoy el problema no es una crisis repentina del capitalismo, sino su funcionamiento normal", sintetiza Varghese.

Redactado por Vladislav Fedyushin

Corte federal de Estados Unidos rechaza liberar bajo fianza a Chelsea Manning


Publicado en Cubadebate el 23 abril 2019

Chelsea Manning. Foto: Hannah McKay/Reuters.

Una corte estadonidense se negó el lunes a liberar a la exanalista militar Chelsea Manning, quien ha estado detenida desde el 8 de marzo por negarse a declarar contra el fundador de Wikileaks Julian Assange, a quien transmitió en 2010 una gran cantidad de documentos confidenciales.

La activista e ícono transgénero, nacido como hombre con el nombre Bradley hace 31 años, había apelado contra la decisión de encarcelamiento por desacato al tribunal.

Pero el tribunal federal de apelaciones del estado de Virginia “no encontró ningún error en la decisión del tribunal de distrito” y “se niega a dejarla en libertad bajo fianza”, dijeron tres jueces, sin decir más sobre la duración de su detención.

Chelsea Manning fue condenada en 2013 a 35 años de prisión por una corte marcial castrense debido a la difusión de unos 750 mil documentos diplomáticos e información militar, que avergonzaron a Estados Unidos.

Su sentencia fue conmutada por el presidente demócrata Barack Obama y fue liberada en mayo de 2017 después de pasar siete años en prisión, durante los cuales comenzó su transición hacia el sexo femenino.

Sin embargo, el 8 de marzo, la enviaron de vuelta a prisión después de negarse a declarar ante un gran jurado que investiga a Wikileaks y a su fundador Julian Assange, ahora detenido en Gran Bretaña.

Las herramientas clave de la justicia estadounidense, los grandes jurados, son colectivos de ciudadanos seleccionados por sorteo, que tienen la tarea de investigar con la máxima confidencialidad en los casos penales federales más graves.

El 11 de abril, Julian Assange fue arrestado en la embajada de Ecuador en Londres, donde había estado refugiado durante siete años, tras una solicitud de extradición de los Estados Unidos.

(Con información de AFP)

Netanyahu promete poner el nombre de Donald Trump a un nuevo asentamiento en los Altos de Golán


RT  -   23 abr 2019 15:57 GMT

Esta decisión de Israel es fruto de que EE.UU. reconociera su soberanía sobre ese territorio el mes pasado.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Ronen Zvulun / Reuters

Este martes, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha comunicado a través de Twitter que pondrá el nombre del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a uno de los asentamientos en los Altos de Golán.

Ofir Gendelman, portavoz del líder israelí, ha confirmado esta decisión y ha precisado que Tel Aviv empleará el nombre del mandatario norteamericano para una nueva comunidad.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó 25 de marzo un documento oficial en el que reconoce la soberanía de Israel sobre el territorio sirio de los Altos del Golán, ocupado por el país hebreo desde 1967.

El territorio en disputa es una región montañosa de 1.800 kilómetros cuadrados situada en el sudoeste de Siria y norte de Israel. Cuenta con un yacimiento de petróleo con un potencial volumen de más de un billón de barriles y, sobre todo, representa una importante fuente de agua para Israel.