viernes, 14 de junio de 2019

Guatemala, entre el racismo electoral y la apoliticidad indígena


Ollantay Itzamná

Tomado de internet

Acabo de presenciar un “Foro Presidencial”, con la participación de 9 candidatos, organizado por 48 Cantones, en el Parque Central de Totonicapán. La organización indígena maya más antigua y de más renombre a nivel nacional.

El contexto de las elecciones generales del próximo 16 de junio, donde participan tres candidatos indígenas a la Presidencia de la República (del total de 19 candidatos), incrementó el volumen noticiario sobre el irresuelto asunto del racismo cotidiano en el país habitado por indígenas, pero gobernado por criollos.

¿Es el problema el racismo o es la apoliticidad indígena?

El mencionado Foro estaba organizado para “escuchar” a los presidenciables, “sus propuestas sobre pueblos indígenas”. Ninguna de las preguntas formuladas por los organizadores abordaba asuntos como: Autodeterminación de Pueblos, Estado Plurinacional, Proceso Constituyente Plurinacional…

Es decir, las y los indígenas, en su “calidad de súbditos” del Estado Republicano criollo se reunieron para “escuchar” las enseñanzas sobre la “pureza de la política criolla”. Al grado que, dos de los candidatos, desde la testera, cual si fueran candidatos a reyes, resondraron, increparon e insultaron a las y los presentes, en nombre Dios.

“En Guatemala somos un solo pueblo. Tenemos una sola fe. Creemos en un solo Dios. Cuidado con quienes hablan de pueblos diferentes”. “Así como Dios eligió a Samuel, ahora, nos ha elegido para seguir llevándolos a Uds. al desarrollo. Cuidado con quienes cuestionan la propiedad privada, cuidado con quienes están en contra de la pena de muerte, cuidado con quienes están a favor del aborto…” “Uds. están mucho mejor que antes. La apertura a la inversión privada (privatizaciones) trajo desarrollo a Uds. Cuidado con cuestionar la privatización. Si Uds. no quieren desarrollo entonces quién sabe qué serán Uds.”, fueron algunas de las frases de airados candidatos de corbata en el Foro que aún resuena en mi tímpano.

En un momento, uno de los ancianos, quien no pudo contener la indignación ante tanto insulto, corrió a la testera principal gritando y señalando al candidato señorial: “Fuera, fuera de aquí, fuera de aquí, ya no eres bienvenido”. Pero, los aguaciles mayas de los 48 Cantones lo censuraron y retiraron al anciano del lugar por “faltar al protocolo”, mientras el encorbatado los miraba con desprecio y asqueado.

¿Por qué ancestrales organizaciones indígenas no plantean autonomías, ni Estado Plurinacional?

La colonización interna (de los dos últimos siglos) logró casi anular del todo procesos de acumulación de luchas de resistencia indígenas durante la Colonia española. Es decir, los liberales y conservadores fueron más cruentos con la dominación cultural y política para los indígenas que los españoles.

La “conciencia” de la identidad indígena es bastante reciente. Data desde los últimos decenios del pasado siglo (abonado por factores como la “memoria de los 500 años”, el multiculturalismo implementado en algunos países, los derechos colectivos impulsados en la ONU, etc.). ¿Nuestros abuelos y padres eran indígenas? Sí. Pero, fueron indígenas políticamente dominados, culturalmente ilusionados por el espejismo de la modernidad.

En el caso de Guatemala, como efecto de la firma de los Acuerdos Paz (1996), vino la cooperación internacional y financió políticas organizativas/formativas para estimular derechos culturales. Sin considerar los derechos políticos. Y, las y los trabajadores, investigadores o cooperantes indígenas se sintieron cómodos en el ámbito del culturalismo.

Así fue cómo las organizaciones indígenas y campesinas fueron atrapadas por el espejismo iluso del folclorismo. Ingresar en la disputa por derechos políticos implicaba renunciar al confort que redituaba el folclorismo. Y, el Estado-empresa prosiguió con el saqueo neoliberal (post Acuerdos de Paz) en territorios indígenas sin mayor conciencia política.

Ésta creo que es una de las razones del por qué, después de 30 años de vigencia de los derechos políticos colectivos de los pueblos como: la autodeterminación, ejercicio político, territorio, consentimiento previo, etc., las organizaciones indígenas no logran salir del “providencialismo” o de la actitud pordiosera de la “incidencia política”.

Sólo así se puede explicar, jamás justificar, la propuestas y actitudes de candidatos presidenciales mayas que se resisten (silentes) a la propuesta de la creación del Estado Plurinacional con autonomías indígenas, o a la propuesta de proceso constituyente popular y plurinacional impulsado por comunidades indígenas campesinos, organizados recientemente, articulados en el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP)

Pluriculturalidad no es plurinacionalidad

El concepto de plurinacionalidad significa varias naciones (comunidades políticas) articuladas alrededor de un proyecto político (Estado) en común que posibilite autonomías territoriales de los pueblos o nacionalidades. Plurinacionalidad es un concepto jurídico político. Por tanto, implica necesariamente el ejercicio de derechos políticos.

La pluriculturalidad es un concepto socioantropológico. Significa el reconocimiento y estímulo únicamente de derechos culturales (vestimenta, idiomas, tradiciones, espiritualismos, etc.) Mas no de derechos políticos (autodeterminación, gobierno propio, territorio, etc.) La pluriculturalidad no es más que el multiculturalismo encubierto. Y el multiculturalismo (bajo el argumento de la “tolerancia”), en Guatemala, no es más que monoculturalismo criollo predador de pueblos. Con la idea de pluriculturalidad técnicamente no se puede construir un Estado Plurinacional. Canadá, España, Ecuador, lo saben.

El Movimiento para la Liberación de los Pueblo plantea un Estado Plurinacional con autonomías territoriales. No plantea pluriculturalidad. Y el camino técnico político para materializar dicha idea es el proceso de Asamblea Constituyente Plurinacional, así como reiteradas veces lo plantean Thelma Cabrera y Vicenta Jerónimo, defensoras y candidatas principales de MLP.

El conclusión, el racismo es innato al Estado criollo. Y, el Estado criollo subsiste en la medida en que “dirigentes” indígenas, abstraídos en la “incidencia”, se sienten cómodos en el confort que les reditúa el culturalismo apolítico, y se niegan al horizonte político de la plurinacionalidad. Mientras, el racismo cotidiano se sedimenta, en el mejor de los casos, en el contenido de afligidas narrativas indigenistas.


Ollantay Itzamná
Defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos
@JubenalQ

SOLUCIÓN DE CONFLICTOS (III)


Versalles y Brest-Litovsk

Jorge Gómez Barata

Las negociaciones en Oslo entre el gobierno y la oposición venezolana no son una novedad. No existe recurso más socorrido para la solución de conflictos que tratativas de ese tipo, en las cuales se cede y se recibe.

En ese ámbito ningún líder hizo más concesiones que Lenin, el más consecuente e intransigente de los revolucionarios del siglo XX, y ninguna revolución cargó con un estigma mayor que la bolchevique que, al pactar la Paz de Brest-Litovsk, según el propio Lenin, decepcionó a pueblos que había prometido liberar. Tampoco ningún tratado imperialista fue tan voraz como el de Versalles, que consagró el segundo reparto del mundo. 

Exiliado en Zúrich, Lenin fue sorprendido por el desencadenamiento de la revolución, y urgido de regresar a Rusia se involucró en una insólita negociación con el gobierno alemán, entonces en guerra con su país, para viajar desde Suiza a través de Alemania. La audaz maniobra fue posible porque Lenin había prometido que, de llegar al poder, pondría fin a la participación de Rusia en la guerra, cosa altamente conveniente para el mando alemán.

La coincidencia circunstancial entre la revolución y el imperio hicieron posible el viaje casi suicida de tres mil kilómetros en un vagón sellado para llegar a Petrogrado, donde se puso al frente de la revolución.
 
Con el triunfo bolchevique en octubre de 1917 se planteó para Lenin la obligación de cumplir el compromiso contraído con su pueblo, y también con el gobierno alemán, cosa a la cual se opusieron no solo el resto de los países beligerantes, sino también importantes figuras del Partido Bolchevique, principalmente Trotski y Bujarin, que lo confrontaron abiertamente porque implicaba pactar con el imperialismo, y entregar pueblos completos a la voracidad germana.

Con infinita vergüenza, pero con firme determinación, la delegación soviética encabezada por León Trotski, luego de humillantes negociaciones, firmó el Tratado de Paz de Brest-Litovsk, que puso fin a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial. A cambio Alemania exigió, entre otros, los territorios de Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania y Besarabia. Meses después Alemania fue derrotada, y el Tratado de Brest-Litovsk quedó anulado. Por esa vez, gracias a la capacidad para negociar, maniobrar, y ceder, la revolución fue salvada.

El Tratado de Versalles (1919), adoptado al concluir la Primera Guerra Mundial, no tenía como objetivo cesar las acciones, cosa que se selló en los campos de batallas, sino coordinar el castigo a los vencidos y realizar un nuevo reparto del mundo. El acuerdo fue pactado entre los países vencedores, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, e Italia, sobre la base de los 14 puntos del presidente norteamericano Woodrow Wilson. Los vencidos no fueron convocados, y Rusia no participó debido al triunfo bolchevique.

Según se ha establecido, el carácter obviamente imperialista del Tratado de Versalles, fue una de las causas que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial, en la cual hubo dos negociaciones trascendentales: El Pacto de Múnich (1938), y Los acuerdos Molotov-Ribbentrop (1939), más exactamente Stalin-Hitler. Luego les cuento. Allá nos vemos.

La Habana, 05 de junio de 2019

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El presente artículo fu publicado por el diario ¡Por Esto!

CHINA Y RUSIA EN ALIANZA ESTRATÉGICA


Por Manuel E. Yepe

La revista de la Fundación Cultura Estratégica (FCE) publicó el 7 de junio un importante trabajo editorial dedicado a resaltar el fuerte contraste ente la alianza estratégica para el siglo XXI que se está consolidando entre China y Rusia y la situación de enemistad enfrentamiento y que se aprecia entre los líderes de occidente.

El presidente ruso, Vladimir Putin, recibió a su homólogo de China, Xi Jinping, en Moscú esta semana para una visita de estado de tres días.

En el encuentro no sólo se apreció el afecto personal cultivado entre ellos en casi 30 reuniones en los últimos seis años. El presidente Xi se refirió a Putin como un amigo cercano y un gran aliado internacional.

Más importante aún es el hecho de que las dos naciones están solidificando una alianza estratégica que podría definir la geopolítica del siglo XXI, considera el editorialista de la FCE.

Putin y Xi – que también asistieron recientemente al Foro Económico Internacional de San Petersburgo– firmaron allí una serie de acuerdos comerciales bilaterales que impulsarán el desarrollo euroasiático y, de hecho, el desarrollo mundial.

De particular importancia es el continuo impulso de Moscú y Beijing para llevar a cabo el comercio internacional en monedas nacionales, evitando de esta manera, el uso del dólar estadounidense como medio de pago en las transacciones internacionales. Este es un paso crucial para contrarrestar el pretendido control hegemónico del sistema financiero global por parte de Washington.

Ante los ojos del mundo en estos momentos Washington abusa de su posición privilegiada de imprimir o retener dólares para imponer su dominación imperial. Este abuso debe detenerse, y se detendrá cuando Rusia y China allanen el camino hacia un nuevo mecanismo más justo de las finanzas y el comercio internacional.

La política de cooperación y asociación entre iguales descrita por Putin y Xi se basa en el respeto mutuo y la prosperidad pacífica. Esta visión no es para esas dos naciones, sino para todas las demás porque está política implica un mundo multilateral sin sujeciones de ningún tipo. En el contexto a estos principios la consolidación de alianza entre Rusia y China es una esperanza para un futuro pacífico del planeta, afirma la revista rusa de la FCE .

Esta visión positiva es especialmente bienvenida en un momento en que Estados Unidos, bajo el presidente Donald Trump, ha desatado una gran tensión y múltiples conflictos en su intento por apuntalar su deteriorado dominio mundial.

Los Estados Unidos están ejerciendo sanciones y amenazas a numerosas naciones, incluidas Rusia y China, y lo hacen, incluso, hacia sus supuestos aliados en Europa; todo en un intento desesperado por afirmar su poder hegemónico y unipolar.

Esta política Imperial es la negación de las políticas de solidaridad y asociación delineada por los liderazgos ruso y chino. El estilo estadounidense no solo es inútil, sino que sobre todo conduce a la destrucción y la guerra. Un camino por el que, en definitiva, nadie gana, dice el editorialista de la FCE.

La historia ha mostrado a donde lleva una política como la estadounidense. En el siglo XX se libraron dos horrendas guerras mundiales – con cerca de 100 millones de muertos – en gran parte debidas a la rivalidad imperialista.

Rusia y China fueron las dos naciones que más sufrieron en esas conflagraciones. Ambos conocen el horrible costo del conflicto, pero también lo precioso que es la paz. Por eso es alentador ver a esos dos países forjando un nuevo paradigma de cooperación internacional basado en la solidaridad y el compromiso con el desarrollo del bien común de todas las naciones.

Mientras Putin y Xi  aportan a un sólido  proyecto de futuro, los de Estados Unidos y algunos otros países occidentales muestran en público sus desavenencias. La falsa camaradería de los líderes occidentales es desmentida por sus continuas disputas y rivalidades. Trump y otros mandatarios europeos han celebrado el 75º aniversario del desembarco de Normandía en junio de 1944, acontecimiento militar que anunció la apertura del frente occidental en la Europa ocupada por los nazis y contribuyó a la derrota del Tercer Reich, pero no fue ni de lejos la batalla más importante. El llamado Día D no  fue un hito definitivo en el devenir de la guerra.

La verdad histórica es otra. Es indiscutible que fue el Ejército Rojo Soviético y los colosales sacrificios de ciudadanos soviéticos los que constituyeron la fuerza fundamental para derrotar a la Alemania nazi y lograr la liberación de Europa del fascismo. La trascendental Batalla de Stalingrado, que destruyó la máquina de guerra nazi, concluyó en febrero de 1943, unos 16 meses antes de que los aliados occidentales lanzaran su día “D”.

Los líderes occidentales disfrutan engreídamente especulando sobre presuntas glorias pasadas. Esta feria de vanidades no cambia el registro histórico ni la verdad objetiva. Quienes no aprenden de la historia repiten sus errores y caen nuevamente en un callejón sin salida. Son líderes a los que el futuro espanta, dice la FCE.

La Habana, Junio 10 de 2019

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.