sábado, 20 de julio de 2019

¿Los movimientos indígenas son movimientos de izquierda?


Ollantay Itzamná

Tomado de internet

En lo que transcurre del presente siglo, en América Latina emergieron con fuerza nuevos sujetos sociopolíticos transgresores con el sistema hegemónico vigente. Estos actores son: indígenas, campesinos, mujeres, jóvenes, etc.

Sea por pereza mental o por las ficciones del binarismo izquierda/derecha, estos nuevos movimientos sociales, per se, fueron catalogados como movimientos de izquierda, tanto por cientistas sociales, como por los generadores de opinión pública.

El resultado: ni todos los movimientos indígenas se siente o se auto afirman como “revolucionarios de izquierda”, ni los intelectuales de izquierda logran comprender del todo a los movimientos indígenas porque las categorías de análisis y comprensión de la socioanalítica marxista son insuficientes para comprender al indígena como sujeto, con agendas, dinámicas y horizontes propios.

¿Son los movimientos indígenas movimientos de izquierda?

Para la socioanalítica marxista, los sujetos de cambios estructurales son los proletarios (obreros dependientes). Para los movimientos indígenas los sujetos de cambio son comunidades organizadas en resistencia.

Para la izquierda, el enemigo principal a vencer es el sistema capitalista. Para los movimientos indígenas el enemigo central es el sistema mundo occidental, llamado también civilización de la muerte. El indígena organizado no busca únicamente cambio del sistema económico, sino cambio civilizatorio.

La izquierda exige cumplimiento de derechos para los seres humanos (justicia social). Los movimientos indígenas exigen derechos de la Madre Tierra, y dentro de dichos derechos va incluido los derechos humanos (Ecopolítica).

Si para la izquierda el sujeto de derechos es el ser humano (proletario), para los movimientos indígenas el sujeto de derechos es la comunidad cósmica que cohabita en y con la Madre Tierra. La izquierda es antropocéntrica. Los movimientos indígenas, cosmocéntricos.

La izquierda asume como su principal categoría de análisis y comprensión de la realidad la “lucha de clases” (trabajadores contra empleadores). Los movimientos indígenas se auto afirman, ante todo, como identidades (pueblos indígenas) despojadas. La categoría “clase” estaría contenida en la categoría “pueblo”.

La izquierda plantea la superación del capitalismo por un sistema socialista. Los movimientos indígenas plantean la superación del sistema mundo occidental moderno por el Buen Vivir. Para la izquierda la realidad está determinada por la economía. Para los movimientos indígenas la “felicidad” no depende únicamente de la economía.

Los movimientos indígenas emprenden sus luchas en defensa de sus territorios, exigiendo reconocimiento y auto determinación. La izquierda asume que el territorio es un elemento esencial del Estado nación, por tanto no logra comprender que indígenas y campesinos aleguen derecho al territorio. Como tampoco logran asimilar que indígenas y campesinos pueden auto representarse y autogobernarse. La izquierda, sea vanguardia o no, tiene la falsa conciencia de dirigir/asesorar a las “masas” indígenas y campesinas.

La narrativa ideológica de la izquierda y de los movimientos indígenas

La narrativa ideológica de la izquierda está constituida de: lucha de clases, socialismo, proletariado, derechos humanos, economía marxista, Estado nación, identidad y soberanía nacional, anti imperialismo, etc.

En cambio, la narrativa ideológica de movimientos indígenas está constituida de: Buen Vivir, reconocimiento y emancipación de los pueblos, comunidades en resistencia, derechos de la Madre Tierra y derechos humanos, autonomías territoriales, autogobiernos de pueblos dentro de estados plurinacionales, contienda civilizatoria entre la Vida y la Muerte.

Al parecer, la izquierda, incluso en un planeta devastado por la modernidad, apuesta más por la restauración del Estado de bienestar moderno (bienestar para pocos a costa del malestar de mayorías, incluida la Madre Tierra). En cambio, los pueblos indígenas, ante la crisis civilizatoria de la modernidad occidental, apuestan por cambios holísticos para instaurar el Buen Vivir y construir una civilización de la Vida.


Ollantay Itzamná
Defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos
@JubenalQ

PALESTINOS RECHAZAN SOBORNO DE TRUMP


Por Manuel E. Yepe

El administrador y yerno del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump ofreció $ 50.000 millones en inversiones futuras como soborno para obtener la rendición palestina. En eso consistía su misterioso e hiper propagandizado “acuerdo del siglo”.

Durante décadas, la diplomacia estadounidense ha fracasado por completo en lo que respecta a la solución de esta amarga disputa. Por tanto, era ingenuo esperar que la administración de Trump pudiera tener éxito. Lo más probable era que sus errores y sesgos sólo empeoraran este conflicto histórico. Así ha sido, Jared Kushner, yerno y asesor principal del presidente Donald Trump en asuntos del Medio Oriente, intentó la semana pasada vender su proyecto de “acuerdo para la paz palestino-israelí”.

El núcleo de la propuesta resultó ser un supuesto plan de inversión extranjera por ese monto a cambio de la aceptación por Palestina de la ocupación permanente de sus tierras ancestrales. Kushner la rebautizó tal oferta como la “oportunidad del siglo”.

En su discurso de formulación de la oferta en una conferencia que tuvo lugar en Barhrein, Kushner afirmó que la paz política depende de un plan económico viable y la prosperidad depende de una solución política a décadas de injusticia contra los palestinos.

El prominente experto irlandés en asuntos internacionales Finian Cunningham (n. 1963) ha revelado en un ensayo que publica la Stratrgic Culture Foundation, que al igual que su suegro en la Casa Blanca, Kushner proviene de un entorno inmobiliario antes de que Trump lo nombrara su principal ayudante en la cuestión palestino-israelí.

Durante los últimos dos años, Kushner ha estado trabajando en un “plan maestro” para poner fin al conflicto de ocho décadas de antigüedad.

Trump ha calificado el plan de paz de su yerno como el “trato del siglo”.

En Bahrein, la administración Trump dio el primer paso de avance de sus planes de paz. Kushner, de aspecto infantil, presentó su visión de los negocios y la inversión como la supuesta clave para la paz. Invitó a la audiencia a “imaginar” los territorios palestinos en Cisjordania y Gaza llenos de empresas y comercio. Si los palestinos aceptaran la visión de Kushner esa “tierra prometida” empresarial se  haría presente.

A lo que se reduce todo esto es a que los palestinos acepten el actual statu quo de la ocupación ilegal por Israel y renuncien a sus reivindicaciones históricas de soberanía estatal. Además, los 50.000 millones de dólares en inversiones que Kushner tenía en mente no son fondos existentes sino apenas promesas de inversión potencial, que tal vez nunca materialicen.

Al igual que su suegro en la Casa Blanca, Kushner proviene de un entorno inmobiliario. Antes de que Trump lo nombrara principal ayudante en la cuestión palestino-israelí, durante los últimos dos años, Kushner ha estado trabajando en un “plan maestro” para poner fin al conflicto de ocho décadas de antigüedad. Ese conflicto ha estado en el centro de la mayoría de las demás disputas y tensiones en la región. Fue Trump quien calificó el plan de paz de su yerno como el “trato del siglo”.

En Bahrein, la administración Trump dio el primer avance de sus planes de paz. Kushner, invitó a la audiencia a “imaginar” los territorios palestinos en Cisjordania y Gaza llenos de empresas y comercios. La “tierra prometida” empresarial llegaría si los palestinos aceptaban la visión de Kushner.

A lo que se reduce todo esto es a que los palestinos acepten el actual statu quo de la ocupación ilegal por parte de Israel y renuncien a sus reivindicaciones históricas de soberanía estatal. Súmese  a ello que los $50.000 millones en inversiones que tiene Kushner en mente no son fondos existentessino promesas de inversión potencial que tal vez nunca se cumplan.

En ninguna parte del “trato del siglo” de la administración Trump hay intento alguno de reparar las violaciones históricas de los derechos nacionales palestinos. No se menciona el derecho al retorno de millones de palestinos desplazados por la guerra de 1948 que estableció el estado de Israel. Ni de devolver las tierras anexionadas durante la guerra de 1967. La ocupación ilegal es simplemente un hecho sobre el terreno que debe ser reconocido oficialmente como territorio israelí, según la administración Trump.

Durante una entrevista reciente en Estados Unidos, Kushner afirmó que "los palestinos aún no estaban preparados para el autogobierno". El supuesto mediador predice que no habrá un Estado palestino, los palestinos deben aceptar su condición de pueblo ocupado mientras se permite al Estado de Israel seguir anexando cada vez más tierras ancestrales palestinas.

Se cree que Kushner tiene inversiones personales en la construcción de nuevos asentamientos israelíes en los territorios ocupados.

No es de extrañar, por eso, que su llamado “trato del siglo” sea un plan de negocios poco profundo, carente de consideraciones históricas y políticas profundas al tiempo que se espera que los palestinos renuncien a sus derechos históricos a la estadidad.

La Habana, Julio 5 de 2019

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

Trump pide a víctima de la esclavitud sexual explicar por qué ganó un Nobel y "dónde está ahora" su familia asesinada por el Estado Islámico


RT  -   20 jul 2019 11:25 GMT

El presidente protagonizó un bochornoso momento ante unos supervivientes de persecución religiosa, entre ellos Nadia Murad, defensora de derechos humanos de origen yazidí, galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

Nadia Murad habla con Donald Trump en el Despacho Oval, el 17 de julio de 2019. Alex Brandon / AP

Un encuentro en la Casa Blanca entre Donald Trump y unos sobrevivientes de persecución religiosa ha dado de qué hablar por las incómodas preguntas del presidente de EE.UU. a una exesclava sexual yazidí, víctima del Estado Islámico (EI), que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz por luchar por sus "esfuerzos para acabar con el uso de la violencia sexual como un arma de guerra".

Rodeado por estos invitados el miércoles en el Despacho Oval, el mandatario permaneció sentado tras su escritorio mientras la activista yazidí Nadia Murad, torturada por el EI durante meses, le relataba sobre la cautividad y el terror de su pueblo a causa de ese grupo terrorista.

"Ellos asesinaron a mi mamá, a mis seis hermanos...", señaló la defensora de derechos humanos de 25 años cuando el presidente la interrumpió con una pregunta que la dejó aparentemente anonadada.

"¿Dónde están ahora?", indagó el inquilino de la Casa Blanca. Murad, que perdió a 18 miembros de su familia a manos del EI, guardó una breve pausa antes de responder. "Los mataron", reiteró, precisando que "están en fosas comunes en Sinyar", en Irak.

Con un "por favor, haga algo", la activista retornó a su objetivo de solicitar ayuda a Trump para facilitar que los yazidíes desplazados regresen de forma segura a su tierra, actualmente bajo disputa entre las autoridades kurdas e iraquíes.

Murad le informó que 3.000 mujeres y niños de su comunidad permanecen desaparecidos, y el presidente, manteniendo el mínimo contacto visual, le prometió que mirará a profundidad el asunto. Sin embargo, seguidamente le hizo una pregunta que al parecer también la desconcertó.

"¿Y tú tienes el Premio Nobel?", preguntó Trump, a lo que Nadia contestó afirmativamente. "Es increíble", reaccionó el mandatario. "¿Y por qué razón te lo dieron? ¿Puedes explicarlo?", indagó el inquilino de la Casa Blanca.

"¿Por qué razón?", hizo eco la activista, galardonada con el Nobel de la Paz en el 2018. "Porque después de todo lo que me pasó no me rendí. Dejé claro a todos que el EI violó a miles de mujeres yazidíes. Fue la primera vez que una mujer de Irak habló de lo que le pasó", relató Nadia al presidente.

"¿Oh, en serio? ¿Es verdad? ¿La primera vez?", se sorprendió Trump. "La primera vez", confirmó la nobel. "Entonces, ¿escapaste?", continuó preguntando el líder de EE.UU.

"Escapé, pero no soy libre aún. Porque no hemos visto al EI ante un tribunal. No sabemos si los mataron a todos, si están en prisión. Pero sabemos que hay 3.000 mujeres y niños yazidíes, incluyendo a mi sobrina, mi sobrino, mi cuñada… hace tres años nos llamó y dijo: "Estoy en Siria". Y ahora no sabemos nada de ella", resumió Nadia.

"Déjeme ver. Veremos, ¿de acuerdo?", prometió Trump antes de concluir su conversación con la defensora de los derechos humanos.

Mujeres yazidíes asisten a una manifestación en un campamento / Sertac Kayar / Reuters

Cabe mencionar que este no fue el único momento bochornoso de dicha reunión. En detalle, un invitado que se presentó como "un rohinyá de un campo de refugiados de Bangladés" preguntó a Trump sobre la existencia de algún plan para ayudar a su gente, a lo que el mandatario respondió: "¿Y dónde está eso exactamente?".

Historia de Nadia Murad

Nadia Murad, de 25 años, es una activista de los derechos humanos de origen yazidí, y sobreviviente de la esclavitud sexual a manos del grupo yihadista Estado Islámico en Irak. Ha utilizado su experiencia traumática, tras ser secuestrada, esclavizada y violada por combatientes del EI en Mosul en 2014, para convertirse en defensora del pueblo yazidí y de temas más amplios, como los derechos de los refugiados y las mujeres.

En 2018, recibió el Premio Nobel de la Paz por sus "esfuerzos para acabar con el uso de la violencia sexual como un arma de guerra".

Murad fue tomada cautiva por miembros del EI en el 2014, cuando los terroristas irrumpieron en su aldea natal, en la región montañosa de Sinyar (al norte de Irak), cerca de la frontera con Siria. Los combatientes del EI mataron a los hombres, se llevaron a los niños para entrenarlos como soldados y condenaron a miles de mujeres a una vida de trabajo forzado y esclavitud sexual.

Al igual que miles de yazidíes, Murad fue vendida en un mercado de esclavos, organizado por el EI, y se casó por la fuerza con un líder yihadista. La obligaron a cambiar su religión, la mantuvieron cautiva y en repetidas ocasiones fue torturada, golpeada y violada en grupo, experiencia que luego relató ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el 2015.

"Las violaciones fueron llevadas a cabo para destruir a las mujeres y a las niñas y garantizar que nunca lleguen a vivir una vida normal de nuevo […] El Estado Islámico convirtió a las mujeres yazidíes en carne para la trata", contó la joven, que luego logró escapar de su cautiverio con la ayuda de una familia musulmana de Mosul hacia el Kurdistán iraquí, uniéndose a multitudes de otros yazidíes desplazados en los campos.

Allí supo que seis de sus hermanos y su madre habían sido asesinados. Con la ayuda de una organización que asiste a los yazidíes, se unió a su hermana en Alemania. Murad se ha convertido ahora en una voz global, usando su terrible experiencia para hacer campaña por la justicia para su pueblo y para que los actos cometidos por los yihadistas sean reconocidos internacionalmente como genocidio.

El presidente Trump redefine el concepto de “Casa Blanca”


DEMOCRACY NOW  -  19 DE JULIO DE 2019

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le ha dado un nuevo significado a la “Casa Blanca”. Desde su sillón ubicado en el número 1600 de la avenida Pennsylvania, en Washington, D.C. lanza epítetos racistas por Twitter mientras da órdenes a los agentes armados de que aterroricen a los inmigrantes en la frontera y en las comunidades de todo el país.

La presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, lo sintetizó de una manera muy clara en sus comentarios de la semana pasada sobre los intentos de Trump de incluir una pregunta sobre ciudadanía en el próximo censo nacional, incluso luego de que la medida fuera rechazada por la Corte Suprema. Parafraseando el slogan de campaña de Trump, Pelosi lo acusó de intentar “hacer que Estados Unidos sea blanco otra vez”.

Es un hecho conocido que Trump es un voraz consumidor de la cadena de noticias Fox. El domingo por la mañana, apenas 20 minutos después de que el programa “Fox & Friends” emitiera un segmento en el que se atacaba a las congresistas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib, Trump tuiteó:

“Qué interesante ver a las congresistas demócratas ‘progresistas’, que provienen de países cuyos gobiernos son una completa y total catástrofe… diciéndole a Estados Unidos a los gritos y de forma agresiva… cómo se debería ejercer nuestro gobierno. ¿Por qué no vuelven y ayudan a arreglar esos lugares completamente quebrados y plagados de crimen de donde provienen?”.

¿Volver al lugar de donde vinieron? Tres de las congresistas a las que atacó nacieron en Estados Unidos: Ocasio-Cortez, oriunda del Bronx, es la mujer más joven en ser electa para el Congreso; Pressley, nacida en Cincinnati, es la primera congresista afroestadounidense en representar el estado de Massachusetts. Tlaib, de Detroit, es palestino-estadounidense; junto con Ilhan Omar, son las primeras mujeres musulmanas en ocupar escaños del Congreso.

Omar también es la primera congresista en usar hiyab. Nacida en Somalia, llegó a Estados Unidos cuando era niña como refugiada política. Como indica un video que se volvió viral, Omar es ciudadana estadounidense desde hace más tiempo que la tercera esposa de Trump, la primera dama Melania Trump, nativa de Eslovenia.

Los tuits racistas de Trump unieron al fracturado Partido Demócrata y activaron rápidamente una demostración de apoyo hacia las cuatro flamantes congresistas, ahora llamadas colectivamente “el escuadrón”.

Para el martes, se estaba debatiendo en la Cámara de Representantes la resolución número 489, caratulada “En condena a los comentarios racistas del presidente Trump dirigidos a miembros del Congreso”. Los republicanos lograron obstruir temporalmente el debate al invocar un ítem poco claro presente en las reglas del Congreso que dice: “Las referencias a la discriminación racial o de otro tipo por parte del presidente no corresponden”. El libro de normas original que prohibía el uso de la palabra “racista” estaba escrito por Thomas Jefferson, que fue él mismo dueño de esclavos, pero la ironía del hecho no fue percibida por los republicanos. La resolución finalmente fue aprobada, con cuatro republicanos que se sumaron a la mayoría demócrata. Si bien fue la primera reprimenda formal de la Cámara de Representantes hacia un presidente en ejercicio en más de un siglo, Pelosi bloqueó una moción más seria que procuraba censurar a Trump.

Trump redobló sus ataques verbales contra las cuatro congresistas al acusarlas de socialistas y comunistas. El uso de ataques típicos de la era del macartismo por parte de Trump no debería sorprender a nadie, ya que su primer mentor fue Roy Cohn, quien se desempeñó como el principal abogado del senador Joseph McCarthy en la década de 1950, época en la que destruyó miles de vidas con su política de persecución anticomunista.

El presidente Trump viajó el miércoles a Carolina del Norte para participar de un acto de campaña. Una vez más, apuntó contra sus víctimas favoritas: mujeres y personas de color, revelando lo que probablemente sea una de sus estrategias de campaña, la de usar retórica racista para encender a su base electoral blanca. En medio de su larga diatriba dirigida contra Ilhan Omar, la multitud comenzó a corear: “¡Envíenla de regreso! ¡Envíenla de regreso!”.

En su libro “Historia negra de la Casa Blanca”, el profesor de la American University Clarence Lusane narra la historia de la mansión presidencial, desde los tiempos de su construcción, realizada con trabajo forzado de esclavos negros, hasta la primera familia presidencial afroestadounidense, los Obama.

Lusane escribió: “Para muchos afroestadounidenses, el ‘blanco’ de la Casa Blanca ha implicado mucho más que el color de la mansión; ha simbolizado la tonalidad y la fuente de la crueldad deshumanizadora, la dominación y la exclusión que han definido la larga narrativa de las relaciones de los blancos con las personas de color en Estados Unidos”.

El lunes, las cuatro congresistas que tan claramente amenazan a Trump dieron una conferencia de prensa, donde denunciaron el racismo que experimentan ellas y la gente de color en general, señalaron las políticas del presidente sobre la detención de inmigrantes, la separación familiar y las amenazantes redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Sin mencionar a Trump por su nombre, la integrante del congreso Ayanna Pressley dejó en claro de quién es este país:

“A pesar de los intentos del ocupante de la Casa Blanca de marginarnos y silenciarnos, sepan que somos más de cuatro personas. Seguimos el mandato de defender y representar a aquellos ignorados, excluidos y abandonados. Nuestro escuadrón es grande. Nuestro escuadrón incluye a cualquier persona que se comprometa a construir un mundo más equitativo y justo. Ese es el trabajo al que queremos volver. Dado el tamaño de este escuadrón y de esta gran nación, nadie nos podrá silenciar”.


© 2019 Amy Goodman