lunes, 22 de julio de 2019

CONGRESISTAS OFENDIDAS RESPONDEN A TRUMP


Por Manuel E. Yepe

      “A pesar de los intentos del ocupante de la Casa Blanca de marginarnos y silenciarnos, sepan que somos más de cuatro personas.

      Seguimos el mandato de defender y representar a aquellos ignorados, excluidos y abandonados. Nuestro escuadrón es grande.

Nuestro escuadrón incluye a cualquier persona que se comprometa a construir un mundo más equitativo y justo. Ese es el trabajo al que queremos volver. Dado el tamaño de este escuadrón y de esta gran nación, nadie nos podrá silenciar”.

      Así han respondido las cuatro congresistas estadounidenses:

Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib, a la campaña de epítetos racistas lanzada contra ellas por el presidente Donald Trump que ha simultaneado las ofensas con sus órdenes a agentes armados de que aterroricen a los inmigrantes en la frontera y en las comunidades de todo el país.

      La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, parafraseando el slogan de campaña de Trump promoviendo su reelección, lo acusó de intentar “hacer que Estados Unidos sea nuevamente blanco (en vez de poderoso)”.

      Trump había tuiteado con ironía: “¡Qué interesante ver a las congresistas demócratas “progresistas”, que provienen de países cuyos gobiernos son una completa y total catástrofe diciéndonos, con gritos y de forma agresiva, cómo debemos ejercer nuestro gobierno en Estados Unidos!.¿Por qué no regresan a esos lugares completamente venidos a menos y plagados de crimen de donde provienen para ayudar a arreglar la situación?, les pregunta Trump por la misma vía.

       “¿Volver al lugar de donde vinieron? Sépase que tres de las congresistas atacadas por el Presidente nacieron en Estados Unidos.

Alexadria Ocasio-Cortez, es oriunda del Bronx, en Nueva York. Es la mujer más joven que haya sido electa para el Congreso; Ayanna Pressley, nacida en Cincinnati, es la primera congresista nacida en África (afroestadounidense) en representar el estado de Massachusetts.

Rashida Tlaib, de Detroit, es palestino-estadounidense; con Ilhan Omar, son las dos primeras mujeres musulmanas en ocupar escaños del Congreso”.

      Omar es ciudadana estadounidense desde hace más tiempo que Melania, la tercera esposa de Trump y actual primera dama, nativa de Eslovenia.

      Los tuits racistas de Trump han venido a unir al fracturado Partido Demócrata y activaron rápidamente una demostración de apoyo a las cuatro flamantes congresistas, colectivamente llamadas ahora “el escuadrón”. Si bien fue la primera reprimenda formal de la Cámara de Representantes hacia un presidente en ejercicio en más de un siglo, hay que tener en cuenta que Pelosi bloqueó una moción más seria que procuraba censurar a Trump.

      Trump redobló sus ataques verbales contra las 4 congresistas al acusarlas de socialistas y comunistas, ataques típicos de la era del macartismo. Ello no debería sorprender a nadie, ya que el primer preceptor de Trump fue Roy Cohn, quien se desempeñó como abogado principal del senador Joseph McCarthy en la década de 1950, época en la que destruyó miles de vidas con su política de persecución anticomunista.

      Probablemente el uso de una retórica racista para encender a su base electoral blanca sea una de las estrategias de campaña de Trump.

En su libro “Historia negra de la Casa Blanca”, el profesor de la American University Clarence Lusane escribió que “Para muchos afroestadounidenses, el ‘blanco’ de la Casa Blanca ha implicado mucho más que el color de la mansión; ha simbolizado la tonalidad y la fuente de la crueldad deshumanizadora, la dominación y la exclusión que han definido la larga narrativa de las relaciones de los blancos con las personas de color en Estados Unidos”.

      La semana pasada, las cuatro congresistas que tan claramente desafiaron a Trump dieron una conferencia de prensa, en la que denunciaron el racismo que experimentan ellas y la gente de color en general, señalaron las políticas del presidente sobre la detención de inmigrantes, la separación familiar y las amenazantes redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.

      Un enjundioso artículo suscrito por los periodistas y activistas sociales Amy Goodman y Denis Moynihan fue publicado en el sitio DEMOCRACY NOW  el  19 de julio con el título de “El presidente Trump redefine el concepto de Casa Blanca”, aporta importantes elementos de análisis sobre el crucial trasfondo de conflicto racial que está haciendo resurgir  con su “alegre” twitter y su banda de chacales.

La Habana, Junio 22 de 2019

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

A GRANDES DESAFÍOS, MAYORES VICTORIAS


Jorge Gómez Barata

Para Raúl Castro los acuerdos alcanzados con Obama no fueron un punto de partida, sino de llegada. Desde 2007, como antes lo había hecho su hermano Fidel, abogó por negociar con Washington las diferencias, reclamando respecto mutuo. Lo alcanzado hizo creer que se abría una nueva etapa. El éxito electoral de Donald Trump reveló que no era así.

Al dar por segura la victoria de su partido en las elecciones de 2016, Obama no comprometió al stablishment para blindar sus decisiones respecto a Cuba, que significaban un cambio radical de política hacia la Isla, incluyendo el levantamiento del bloqueo.

A la errónea percepción del nuevo presidente respecto a Cuba, se sumó la oportunista intervención de la extrema derecha emergente, heredera de la contrarrevolución cubana, radicada en Miami que, a cambio de influencias políticas, trabaja para asegurarle el voto cubano en los comicios del 2020. Semejante encaje es aprovechado por el inescrupuloso y ambicioso senador Marcos Rubio.

Aunque se conoce la convicción de Barack Obama acerca del agotamiento de la política seguida respecto a Cuba que, a la altura del siglo XXI aislaba más a Estados Unidos que al gobierno cubano, no se dominan los detalles de cómo los presidentes de Estados Unidos y Cuba encontraron el camino hacia la mesa de negociaciones, en torno a la cual, con pragmatismo y sabiduría, los equipos diplomáticos alcanzaron acuerdos trascendentales.

Sin embargo, hubo otros actores, entre ellos el papa Francisco, el cardenal y obispo de La Habana Jaime Ortega (ahora gravemente enfermo), y el gobierno de Canadá, que sirvió como sede para los encuentros.

El resto de la historia es conocida. Con la elección de Trump el viento sopló en sentido opuesto. No obstante, ha quedado la enseñanza de que, según una expresión preferida por Raúl Castro: “Si se puede”.

En efecto, otra vez se puede, aunque para ello se necesita una mentalidad que lo crea posible, privilegie el pragmatismo, trabaje para procurar entendimientos y convoque apoyos. Debido a la incomunicación vigente, tal vez se requiera alguna asistencia externa.

Cuando Putin, un aliado de Cuba, se reúne con Trump, además de los problemas bilaterales, dialogan sobre Siria, Venezuela, y Ucrania, pero nunca hablan de Cuba.

También Xi Jinping, además de su complicada agenda con Estados Unidos, encuentra espacios para aludir el tema de Corea y otros. ¿Por qué no mencionar a Cuba? Shinzo Abe, primer ministro de Japón, quien parece estar desempeñando un importante papel a favor del entendimiento entre Trump y King Jong-Un, tal vez, si se le pide, pudiera interponer sus buenos oficios.

Cuba necesita reencontrar la senda para, como mismo hizo Raúl Castro, abrir caminos que conduzcan, como mínimo, a un “alto al fuego”.
Obviamente no se puede impedir que Bolton y Rubio le hablen al oído a Trump, y destilen su bilis contra Cuba, pero tal vez se pueda procurar que lo hagan otros más calificados y de mejor buena fe.

Conseguir apoyos para ir a la guerra o acentuar conflictos es difícil, pero no lo es tanto cuando se trata de atenuar tensiones y trabajar por el arreglo pacífico de los conflictos. En Noruega, por ejemplo, mediar es una especie de deporte nacional, sus gobiernos, en varios escenarios, incluso han trabajado con Cuba.

La tarea de la diplomacia es allanar caminos y tender puentes, incluso sobre los abismos. Nada se pierde con intentarlo. Parafraseando al presidente Díaz-Canel: “Las victorias son mayores mientras más grandes son los desafíos”. Allá nos vemos.

La Habana, julio de 2019