miércoles, 24 de julio de 2019

REPORTE DESDE EL SALVADOR PARA RADIO HABANA CUBA DE 26 DE JULIO DE 2019


AUDIO

El escenario de la actualidad política y social de El Salvador parece haberse ya clarificado respecto al rumbo que la actual administración del país ha proyectado, en plena conjugación con los designios e intereses geopolíticos de la mayor potencia económica y militar del planeta, amparados en el argumento o justificación de pretender ser socios estratégicos, a pesar que la abismal asimetría sea inocultable.

Con más claridad las coincidencias se plasman con gestos políticos y promesas de planes de desarrollo de los pueblos e inversiones millonarias, con la real pretensión, que tampoco se oculta, de contener la migración - que llaman ilegal - que conmociona y afecta a los países de donde fluye, y que provoca aversión en el principal destino del área, los Estados Unidos de América.

Con recibimiento que recuerda a los de un jefe de estado, el presidente Nayib Bukele Ortez, ha esperado al borde de la pequeña escalinata de ingreso de casa presidencial al secretario de estado de los Estados Unidos de América, Mike Pompeo; y luego de conversaciones privadas han signado documentos que corroboran los acuerdos – cuyo contenido no se conoce - que dicen servirán para combatir el narcotráfico y contener la ola de inmigrantes indeseables en la potencia del norte.

De igual manera se han citado otras coincidencias de carácter político que no pueden faltar en estos encuentros cargados de tareas acordadas por realizar por el bien de la democracia, como es el caso de la situación de Venezuela, que sobresale casi como obstinación de los estrategas y políticos que representan los intereses de Washington.

Por su lado, el mandatario del llamado Pulgarcito de América por la Nobel de literatura Gabriela Mistral, se planta muy bien en escena con sus tareas bien hechas; esta vez referidas a este último tema, luego que su canciller Alexandra Hill, desconociera oficialmente al gobierno del país sudamericano durante la última asamblea general de la OEA en Medellín, Colombia, de fines de junio de este año.

De igual manera, el discurso concertador y concordante con el jefe de la diplomacia estadunidense y ex jefe de la inteligencia de los Estados Unidos, da a entender que la ocasión sirve para reafirmar lo que el mandatario Bukele ha pretendido lograr persistentemente desde que fuera electo por el 53 por ciento de los votantes, de estrechar la relación en todos los niveles con esa nación del norte.

Mientras tanto, voceros de sectores políticos, empresariales y financieros ligados a la derecha salvadoreña, han recibido con beneplácito y entusiasmo la dirección mostrada por la política exterior del nuevo gobierno, y las perspectivas de inversión extranjera ofrecida, predominantemente de los Estados Unidos, y que parecen satisfacer sus intereses.

Los salvadoreños, por muchos años, han debido coexistir con diferentes modalidades de relaciones que los gobiernos nacionales han mantenido con las administraciones estadunidenses, predominantemente más a favor de sus intereses geopolíticos de ocasión, tanto en dictadura como en la democracia que llaman; así como, con diferentes matices de su actitud mostrada, entre sumisa o, por el contrario, más independiente; pero el actual gobierno pareciera ufano en mostrarse con una posición de sintonía casi total, sin críticas ni reclamos; más bien  alejada de la doctrina de autodeterminación y la no intervención.

Algunos sectores de la izquierda del país son quienes por el momento han mostrado tímidamente algunas reservas a esa política exterior revestida de pragmatismo; y parece faltar mucho para que se afirme una postura más consolidada y aceptable de su parte; todo, mientras la izquierda organizada, principalmente, alrededor del exgobernante Fmln, se reconfigure o transmute; luego de la derrota sufrida el 3 de febrero de 2019, y que ello permita su reencuentro con la población salvadoreña que, según las últimas encuestas de opinión, apenas le acepta en menos del 10 % de las preferencias.

Mientras tanto se vislumbra un derroche sin límites de decisiones y acciones conjuntas inspiradas por la conducción de la política exterior de los Estados Unidos, con el riesgo de reducirse el perfil de El Salvador como país soberano e independiente.

Para los amigos oyentes de Radio Habana Cuba, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta.


Para Radio Bahía en la Ciudad de Estocolmo, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta, corresponsal de Radio Habana Cuba.


Para Radio Sur, desde Gotemburgo, en Suecia, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta, Corresponsal de Radio Habana Cuba.


Para el programa El Club de la Pluma, desde la provincia de Córdoba, Argentina, Mario Zavaleta, Corresponsal de Radio Habana Cuba.


LAS HERRAMIENTAS IMPERIALISTAS DE TRUMP


Por Manuel E. Yepe

La política exterior de Donald Trump se basa en gran medida en el uso de las herramientas de que dispone el Imperio: terrorismo económico, amenazas de guerra, presión diplomática, guerras comerciales, etc.

Pero al recurrir a ellas Washington se aísla internacionalmente de sus aliados tradicionales y eleva las tensiones en el tablero de ajedrez mundial a nivel sin precedentes.

Así lo aprecia el profesor Federico Pieraccini en un ensayo que publicó el 25 de mayo la Strategic Foundation con título de Proteger al mundo del  caos estadounidense no es tarea fácil (Shielding the World From US Chaos Is No Easy Task).

El bloqueo contra Cuba se ha mantenido durante 60 años con etapas más o menos intensas de agudización, junto a amenazas de guerra contra Venezuela, la R. P. D. de Corea Democrática, Siria e Irán que se repiten a diario, las sanciones económicas que implican aranceles son, en muchos sentidos, comparables con declaraciones de guerra, y pueden estar dirigidas contra países amigos o aliados de EEUU.

China y Rusia luchan por medios diplomáticos, económicos y a veces militares por promover el surgimiento de un mundo multipolar, ofreciendo a los enemigos de Washington algún tipo de escudo con que resistir los escandalosos embates de la administración Trump. Pekín y Moscú proyectan su resistencia con vistas a sus objetivos a largo plazo, dado que en el corto enfrentan la implacable hostilidad de Washington y sus lacayos.

El destino del nuevo orden mundial multipolar depende de la efectividad con que China y Rusia puedan capear la tormenta que desata Washington.

A los aliados europeos de Washington se les sanciona por importar petróleo iraní, no pueden participar en la reconstrucción de Siria, se les induce a abandonar proyectos conjuntos con Rusia (Nord Stream II); se les pide reducir las importaciones tecnológicas de China, y que no se involucren en el proyecto más grande que el mundo haya conocido, la Iniciativa del Cinturón y la Carretera (BRI). Todas estas exigencias llegan en un momento en el que Donald Trump sigue socavando el orden globalista mundial vigente en el que sus aliados habían llegado a confiar para mantener el statu quo. Los aliados de EEUU son obligados a cumplir las peticiones de Washington, aun cuando ello perjudique sus intereses comerciales y, a medio y largo plazo, tengan graves consecuencias. Esta es la principal motivación de los países europeos para querer diversificar su comercio y desdolarizar sus economías.

Con una administración estadounidense fragmentada en varias facciones, cambios constantes en la estrategia y enfoque que terminan por debilitar la estatura internacional de Washington, los planificadores militares del Pentágono temen un conflicto abierto con Irán o Venezuela, más de otra cosa por razones puramente propagandísticas. La formidable potencia de fuego de Washington probablemente sería capaz de vencer cualquier defensa que Teherán o Caracas pudieran ofrecer, pero ¿a qué precio? El mito de la invencibilidad de las armas estadounidenses está siendo desafiado por las capacidades defensivas de Moscú desplegadas en Siria y Venezuela. Estas mismas capacidades están fácilmente disponibles para Teherán en caso de que Washington decida atacar al país persa. Pero la probabilidad de una guerra de este tipo es cada vez menor y los planificadores militares del Pentágono temen un escenario mucho peor para Estados Unidos porque Irán es tres veces mayor que Irak y necesitarían alrededor de 1,2 millones de tropas estadounidenses para ocupar el país de forma permanente.

Irán, además, es una de las 15 principales potencias mundiales y Washington se enfrentaría por primera vez a un oponente de altas capacidades, algo que los estadounidenses han estado tratando de evitar durante décadas, temerosos de revelar la vulnerabilidad de sus sistemas de armas como resultado de la corrupción y de decisiones estratégicas equivocadas. Los planificadores del Pentágono no tienen intención de revelar sus vulnerabilidades militares en una guerra con Irán. La pérdida del prestigio militar estadounidense también demostraría a los países que hasta ahora han estado bajo el control de Washington que este perro ladra más que muerde, lo que hace aún más difícil para los Estados Unidos intimidar a los países con la amenaza de la fuerza militar en el futuro.

Lo que parece difícil que Trump de entienda es que su política exterior está erosionando lentamente el estatus de superpotencia de Estados Unidos. Como Trump no está realmente comprometido con ninguna guerra, esto sólo llevará a un humillante retroceso.

Un compromiso de no más guerras pudiera ser una de las últimas promesas electorales a las que Trump quiera permanecer fiel.

La Habana, Julio 24 de 2019.


Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

ORMUZ, UN LUGAR DEMASIADO ESTRECHO


Jorge Gómez Barata

El diferendo bilateral de los Estados Unidos con Irán no es nuclear sino  visceral, y no es reciente, sino que se remonta a 1953, cuando sesenta años atrás, en connivencia con Gran Bretaña, la CIA tomó parte activa en el derrocamiento de Mohammadn Mossadegh, el primero y hasta hoy único gobernante liberal electo democráticamente en el Oriente Medio. Fue una oportunidad perdida.

Entonces se trataba del petróleo nacionalizado por Mossadegh, a lo cual, en 1979, se sumó el derrocamiento del sha Reza Pahlavi, aliado carnal de Estados Unidos, y la llegada al poder de un gobierno de inspiración islámica y definidas posiciones antiimperialistas, resuelto a suprimir la influencia occidental en el país. Desde entonces no ha habido un solo día de tregua, ni se han realizado esfuerzos para saldar el diferendo, sino todo lo contrario.

La presente crisis bilateral, precipitada por la retirada de Estados Unidos del Plan Integral de Acción Conjunta, conocido como acuerdo 5+1, destinado a impedir, por vía negociada, que Irán disponga de capacidades industriales para fabricar armas nucleares, agravada por el recrudecimiento extremo de las sanciones económicas a ese país vuelve a amenazar con un conflicto militar de grandes proporciones.

Siempre que la situación en el estrecho de Ormuz escala hasta volverse extrema, se recuerda el incidente del vuelo 655 de Irán Air, operado por un Airbus 300, que el tres de julio de 1988 fue derribado sobre el estrecho por el crucero lanzamisiles de Estados Unidos, USS Vincennes.

El error costó la vida de 290 pasajeros.

La dolorosa anécdota nos advierte de que, mientras un incidente nuclear en torno a Irán puede demorar años o no ocurrir nunca, una confrontación aéreo-naval en el estrecho de Ormuz puede tener lugar en cualquier momento, y convertirse en un conflicto de grandes proporciones, en una región sumamente volátil.

En este momento el peligro de confrontación armada entre Estados Unidos o Gran Bretaña con Irán, que pudiera involucrar a Israel, la OTAN, y otros países árabes, no se relaciona con la cuestión nuclear ni con la cohetería, sino con arriesgadas maniobras de intercepción, abordaje, y ocupación de buques, vuelos de drones, y contrabando de petróleo.

El estrecho de Ormuz, teatro en el cual tienen lugar estas operaciones, es apenas un canal de 275 metros de largo por entre 50 y 80 de ancho, y una profundidad media de 80 metros y máxima de 200, que une al Golfo Pérsico con el Mar Arábigo, y separa a la península del mismo nombre de Irán. Más o menos en el centro de ese brazo de mar se encuentran las islas de Qeshm, bajo soberanía plena de Irán, y las de Tumb (mayor y menor), así como la de Abu Musa, ocupadas por Irán en 1971, y reclamadas por los Emiratos Árabes Unidos.

Por ese angosto y problemático espacio marítimo transita el petróleo y el gas exportado por Irán y otros estados ribereños, entre ellos Arabia Saudita, Iraq, Kuwait, Qatar, Abu Dhabi, Dubai, y Emiratos Árabes Unidos, lo cual representa alrededor del 30 por ciento comercio marítimo mundial de crudo y gas que cada día son trasladados por unos 14 supertanqueros.

Debido a los recientes incidentes que han involucrado a varios buques y naves militares de Irán, Gran Bretaña, y Estados Unidos, varios países han dado pasos para formar patrullas aeronavales multinacionales, una de ellas constituida por naves de Gran Bretaña y algunos países europeos, y otra compuesta por buques y efectivos de varios países árabes.

Cuando la lógica y la legislación internacional debería llevar a la búsqueda de la desmilitarización del estrecho de Ormuz, ocurre todo lo contrario. Iniciar una guerra es tan sencillo como liberar los pájaros de una jaula, el problema es lograr hacerlos entrar. Ha sido dicho: “No hay un camino para la paz, la paz es el camino”. Allá nos vemos.

La Habana, 24 de julio de 2019


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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto!