miércoles, 31 de julio de 2019

BLOQUEO NAVAL A CUBA ¿TRUMP SABE ADONDE VA?


Jorge Gómez Barata

El bloqueo naval es la medida más extrema que puede ser adoptada contra una isla. Hasta ahora se conocían tres maneras de hacerlo: (1) ocupar con naves militares los accesos marítimos, (2) decretar una zona exclusión naval, y (3) minar los puertos, como hizo Estados Unidos en Vietnam. Aconsejado por John Bolton y Marcos Rubio, Donald Trump aplica una cuarta manera que es mediante sanciones a los buques y los armadores de terceros países.

A principios del mes de abril de 2019, Estados Unidos sancionó a 34 buques y dos compañías por transportar petróleo a Cuba. Desde entonces la lista ha crecido, agregando embarcaciones, armadores, países con cuyas banderas navegan los barcos, firmas comerciales, y aseguradoras.

Se trata de un hallazgo demoníaco, que sin utilizar efectivos militares, puede establecer un cerco total.

Quizás haga falta recordar que Cuba es una isla de economía abierta, dependiente en grado sumo del comercio exterior, que se realiza exclusivamente por vía marítima. Por añadidura, desde hace 60 años soporta un bloqueo económico, comercial, y financiero impuesto por Estados Unidos con ramificaciones mundiales.

En los primeros treinta años de vigencia del bloqueo, la economía de la isleña operó amparada en la asistencia de la Unión Soviética y las relaciones económicas y comerciales con los países socialistas de Europa Oriental, que disponían de grandes flotas de travesía, a lo cual se sumaba una marina mercante propia, que en los años ochenta llegó a disponer de 127 buques con más de un millón y medio de toneladas a flote.

En los últimos treinta años, desde que sucumbieron los regímenes socialistas de Europa Oriental y colapsó la Unión Soviética, privada de cualquier asistencia y de acceso a las organizaciones financieras y de inversión extranjera, Cuba ha sobrevivido básicamente con sus propios recursos, entre ellos la exportación de servicios técnicos, principalmente médicos, a países como Venezuela, Brasil, Sudáfrica y otros, desarrollando el turismo, exportación de medicamentos y otras producciones en pequeña escala, con lo cual obtiene básicamente petróleo, alimentos, y algunas materias primas.

  Esa supervivencia, ciertamente precaria, se ha logrado a pesar de los obstáculos que representa el bloqueo de los Estados Unidos recientemente acrecentado con la aplicación del Capitulo Tres de la ley Helms-Burton. Ir más allá e impedir el comercio marítimo, puede representar el límite de lo admisible.

En 1962, durante la Crisis de los Misiles, el presidente John F. Kennedy desoyó las presiones de los halcones de su gabinete para que bombardeara la Isla y las instalaciones nucleares soviéticas mediante bombardeos masivos, y ordenó un bloqueo total a la Isla para impedir que ingresaran nuevos armamentos. De ese modo se estableció una barrera ante la cual las naves soviéticas serian inspeccionadas, deteniendo a los que transportaban armas, y dejando pasar los demás.

Kennedy trataba de preservar la seguridad de su país, no matar de hambre a los cubanos.

Ignoro si Donald Trump se ha percatado de que un bloqueo naval a Cuba, que impida por vía de sanciones a terceros el arribo de embarcaciones, puede conducir a tensiones políticas bilaterales al límite, radicalizar a las autoridades cubanas, y empujarlas a decisiones extremas, así como desatar una crisis humanitaria.

A la altura del siglo XXI, la búsqueda de soluciones políticas con métodos barbaros, no solo son erróneas e injustas, sino que desmienten la condición humana. Allá nos vemos.

La Habana, 31/07/2019


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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto!

Las barbaridades del bárbaro


Por Eric Nepomuceno - Desde Río de Janeiro
Página 12  -  30 de julio de 2019

Bolsonaro ocupa desde enero el sillón presidencial de Brasil.  (Imagen: AFP)

Un buen amigo mío suele decir que hay límites para todo, incluido para sacar dinero en cajeros automáticos.

El presidente Jair Bolsonaro lo desmiente. Cada día de hartas y pruebas de su capacidad de disparar estupideces y aberraciones carece de cualquier límite.

A lo largo de sus casi treinta años como diputado nacional, ese primado ultraderechista que desde enero ocupa la presidencia brasileña mera atención gracias a esa capacidad. Esa es la razón exclusiva: en todos esos años exclusivamente, solo dos proyectos de ley, ambos rechazados por sus pares.

Las perlas disparadas son del tipo "el período militar" (él nunca se refirió a la dictadura que duró de 1964 a 1985 como dictadura) cometió algunos errores. Torturar fue un equívoco: haber tenido fusilado a lo menos unos treinta mil, empezando por Fernando Henrique Cardoso '.

O cuando se solicite una diputada, diciendo "'no te estupro porque no lo mereces", o confesar que utilizaba el auxilio vivienda a que todo diputado tiene derecho' para comer gente ', en referencia a pagar prostitutas. O cuando dijo que prefería un hijo muerto a un hijo gay. La lista de ejemplos sigue y es casi infinita.

Pese a esa conducta olímpicamente absurda ya su desequilibrio incontestable emocional (bueno: emocional, en el mejor de los casos ...), fue electo para presidir el país más extenso, más poblado y de economía más fuerte de nuestro continente.

Lo mínimo que se podría esperar entonces de similar esperpento es que trata de contener sus ímpetu de producir una aberración tras otra. O que alguien lo contuviese.

Qué va: ni se contuvo ni nadie lo contiene.

En todos esos días no hizo más que dejar en evidencia lo que los mínimamente informados sabían: Jair Bolsonaro es un descerebrado que no tiene absoluta idea no solo de lo que es presidir una nación, como tampoco las reglas que determinan la liturgia del cargo que ocupa. Tampoco tiene la menor idea de lo que es la convivencia social, e ignora cualquiera de las bases más elementales de educación. Por si fuera poco, sus relaciones con la realidad son inexistentes.

A lo largo de los últimos diez días propició otra formidable secuencia de falsedades, perjuicios y, claro, sarcasmo.

Pero nada comparable a la secuencia disparada ayer, cuando su metralleta de barbaridades actuó con precisión absoluta.

Por la mañana, dijo que el periodista norteamericano Glenn Greenwald cometió delito al publicar en su revista digital 'The Intercept' audios y textos filtrados de los celulares tanto del entonces juez (actual ministro de Justicia) Sergio Moro y de los fiscales. Ese material deja absolutamente claro que Moro era el verdadero coordinador de la 'Operación Lava Jato' que condenó a Lula sin pruebas y lo mandó a la cárcel, abriendo espacio para la elección de una sociedad.

Greenwald fue el responsable de divulgar los papeles del 'caso Snowden', lo que le valió el premio Pulitzer, auge del reconocimiento periodístico. Vive en Brasil desde hace quince años, y está casado con David Miranda, diputado nacional por el izquierdista Partido Socialista y Libertad (PSOL).

El pasado viernes Bolsonaro ya había afirmado que 'a lo mejor' Greenwald podría ser detenido. Ayer reforzó la presión.

Alrededor del mediodía avanzó contra Felipe Santa Cruz, presidente nacional de la OAB (Orden de los Abogados de Brasil). En un surto de agresividad, recordó que se trata del hijo de Fernando Santa Cruz, militante de la resistencia de izquierda a la dictadura desaparecida luego de haber sido detenido en 1974, auge de la dictadura. 'Si él quiere, el cuento lo que tendría con el padre. Cuento la verdad sobre su padre. Él no querrá oír, pero cuento '.

Cuando Fernando fue detenido y luego desaparecido, su hijo tuvo dos años. Bolsonaro, de 19 años, estaba en la academia del Ejército.

Las reacciones a lo dicho por el presidente fueron inmediatas, y todas absolutamente negativas. Fue clasificado por el abogado Miguel Reale Junior, que puede ser señalado de cualquier cosa menos de izquierdista o incluso progresista, como un caso clarísimo de un insano mental.

Por la tarde, Bolsonaro suspendió un encuentro con el ministro francés de Relaciones Exteriores. Prefirió aparecer vía redes sociales con su peluquero cortándole el pelo en el despacho presidencial.

Y contó, entonces, lo que pasó con el padre de Felipe Santa Cruz: 'vino a Río sin avisar a su organización. Cuando lo vieron en Río, sus compañeros desconfiaron que habían pasado por el lado nuestro (en referencia a la dictadura). Y lo mataron. Lo supe de militares que sabían '.

Felipe Santa Cruz avisó que presentó acciones a la Corte Suprema para que el presidente revele dónde están los restos mortales de su padre.

¿Quién contactará al servicio de emergencia psiquiátrica?

Bolsonaro es un tipo sin límites en su barbaridad.