miércoles, 18 de septiembre de 2019

Comunicación indígena y sus desafíos


Ollantay Itzamná

Tomado de internet

Las y los indígenas en Abya Yala somos alrededor de 50 millones de personas. Representamos cerca del 10% de la población latinoamericana. Sin embargo, incluso en países mayoritariamente indígenas, como Guatemala, Bolivia, Perú, México, los pueblos indígenas aún “carecemos” de voz propia. No porque no nos asista el Logos (Palabra), sino porque para ser ciudadano/a en estos países “criollos” el o la indígena debe dejar de ser indígena, y asumir la identidad nacional criolla.

Y, si un indígena quiere ser periodista o comunicador, debe de conocer y aprender a decir las mentiras de los patrones como verdades “objetivas”. De lo contrario el o la indígena jamás será un periodista o comunicador cualificado para el sistema.

¿Qué significa tener voz propia para un indígena?

Tener voz propia no necesariamente significa informar o hacer comunicación en nuestros idiomas nativos. Nuestro idiomas indígenas son útiles para comunicar hacia adentro, pero lo que necesitamos es “anunciar nuestras verdades” hacia fuera.

En este sentido, para comunicar hacia fuera, y hacia adentro, la comunicación indígena debería ser:

Intercultural. En un Continente multicultural, como es América Latina, la comunicación indígena debe ser dialógica o polilógica (varias culturas conversando). Asumir que todas las culturas somos portadoras de verdades inconclusas. Por tanto, las y los comunicadores indígenas debemos escuchar también las otras verdades para liberarnos de prejuicios culturales que nos habitan.

La comunicación intercultural, para nosotros indígenas, implica estar seguros de nuestra identidad cultural, y salir al “encuentro” para enriquecernos mutuamente con nuestros interlocutores.

El o la comunicadora indígena, al ser portadora de dos o más culturas (la suya materna y la “cultura” nacional) debe colocarse simultáneamente en la situación cultural de su público receptor para estar seguro que lo que trasmite es copiado sin mayor “tergiversación”.

Comunitaria. Una impronta nuclear de lo indígena es la comunidad. Lo que existe coexiste tejiendo entramados comunitarios. Nadie existe fuera de la comunidad. Por tanto, la comunicación indígena no responde a los intereses del individuo que comunica. Es más, estos intereses individuales están supeditados al interés comunitario.

En este sentido, la comunicación indígena es esencialmente una comunicación comunitaria. Ningún comunicador indígena habla o debería hablar a título personal, o amparado únicamente en un cartón (título) profesional. Las y los indígenas debemos esforzarnos por ser “plumas”, “teclados”, “profetas”, de nuestros pueblos y comunidades. La comunidad es para el comunicador indígena lo que la tinta es para la pluma. Una pluma sin tinta no tiene sentido. Las verdades se construyen en comunidades, no sólo humanas, sino incluso cosmoteándricas.

Ascendente. Las verdades en los pueblos indígenas no obedecen a un autor individual. Las verdades se construyen en procesos asamblearios. De abajo hacia arriba. Con la mayor y amplia participación posible, incluso más allá de las murallas de lo público y lo privado.

Comunicación indígena que no hable desde las comunidades, aldeas, barrios… no puede ser comunicación. Noticia creada en las salas de edición, o sacadas únicamente de Google… no puede ser comunicación indígena.

Situada. La comunicación indígena es la voz, la herramienta, de pueblos subalternizados. Por tanto, para la o el comunicador indígena, el “eufemismo” de la “objetividad” o la “imparcialidad” no debería existir.

Somos plumas, teclados, o voces, de pueblos dominados/despojados, colonizados. En consecuencia la comunicación indígena es esencialmente político. No únicamente como vehículo de denuncia, sino también como el canal para proclamar las propuestas y agendas sociopolíticas y culturales de los pueblos y comunidades.

Comunicador o comunicadora indígena que no tiene claridad política, ni definición ideológica clara (más allá del binarismo izquierda-derecha) en pro de la liberación integral de nuestros pueblos no merece llamarse comunicador indígena.

El folclorismo, sea o no academicista, pervierte a la comunicación indígena. Más letal aún es para nuestra apuesta el o la comunicadora indígena “apolítica”. 

Transformadora. Por estar los pueblos en situación de despojados y subalternos, la comunicación indígena no puede agotarse en ser “un adorno cultural” más para mantener el mortal sistema de la comunicación hegemónica. Toda comunicación, para ser tal, debe ser transformadora de la realidad.

En los diferentes países latinoamericanos, bajo regímenes de estados criollos etnofágicos, las realidades son adversas para nuestros pueblos. El colonialismo interno/externo, el patriarcado, el mercantilismo…, son realidades que debemos transformar desde la comunicación indígena, y con propuestas sociopolíticas que contengan improntas de nuestros pueblos.

Biocéntrica. Por las condiciones planetarias sobrevenidas, fruto de la modernidad irresponsable en su expresión económica y cultural, la humana se adentra hacia una batalla global “inter civilizatoria” entre la civilización de la muerte y la civilización de la Vida. Vida entendida como nuestra Madre Tierra y toda la comunidad cósmica que cohabitamos en Ella. Y la comunicación indígena debe de estar del lado de la civilización de la Vida.

En este sentido, la comunicación indígena no debe ser únicamente intercultural, comunitaria, decolonial y feminista,  sino también tiene que ser eco comunicación para el Buen Vivir.



Ollantay Itzamná
Defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos
@JubenalQ

PODER, VULNERABILIDAD Y PELIGROS


Jorge Gómez Barata

Los atentados del 11/S introdujeron una variable trascendental en la política mundial al revelar que una pequeña organización no estatal como Al- Qaeda, liderada por un fanático desde las remotas cavernas de Tora-Bora en Afganistán, podía poner a Estados Unidos bajo ataque, cosa que ningún país había hecho.

Esa zaga volvió a evidenciarse el pasado sábado cuando Yemen, un estado con capacidades militares limitadas, usando drones operados desde más de mil kilómetros de distancia atacaron a Arabia Saudita, incendiando las refinerías Abqaiq y Khurais de las más grandes del mundo con capacidad para procesar más de seis millones de barriles diarios. Los rebeldes hutiés reivindicaron el ataque, mientras Estados Unidos sospecha que Irán está detrás de la operación.

Ante la trascendencia del hecho y de sus repercusiones en la economía mundial, el presidente Donald Trump autorizó la utilización de las reservas petroleras y manifestó disposición para, en caso de conflicto militar, prestar asistencia a Arabia Saudita, cosa a la que Estados Unidos está obligado en virtud del acuerdo suscrito en 1945 entre el presidente Franklin D. Roosevelt y el rey Abdelaziz bin Saud de Arabia Saudita.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dispuso de su propio petróleo, además del de Venezuela y otros países latinoamericanos que resultó suficiente para sus necesidades y para asistir a Inglaterra y la Unión Soviética. Todavía en medio de la Guerra, el 8 de agosto de 1944 Roosevelt y Churchill suscribieron el Acuerdo Petrolero Anglo-americano, mediante el cual las reservas del Oriente Medio se repartieron entre Estados Unidos y Gran Bretaña.

El 14 de febrero de 1945, de regreso de la Conferencia de Yalta, el acorazado USS Quincy, en el cual viajaba Franklin D. Roosevelt ancló en el Canal de Suez para recibir al rey Abdelaziz bin Saud de Arabia Saudita. Allí luego de cinco horas sellaron un pacto según el cual Arabia Saudita proporcionaría a Estados Unidos todo el petróleo que demandara, pagadero en dólares, a cambio de protección militar estadounidense. El acuerdo probablemente no escrito y sin fecha de caducidad, es “para siempre”.

Tan firme es este entendimiento que ha perdurado 74 años y sobrevivido a crisis como las guerras árabes-israelíes, el embargo petrolero y sobre todo a los sucesos del 11/S en el cual, además del líder Osama Bin-Laden y 15 de los 19 pilotos que estrellaron los aviones, eran sauditas. Esa alianza estratégica explica, entre otras cosas, la tolerancia de Estados Unidos frente al reciente asesinato del periodista Jamal Khashoggi, en el consulado saudí en Estambul, en el cual, según evidencias, estuvo implicado el actual mandatario saudí Mohamed Bin Salman.

Aunque con Venezuela e Irán impedidas de comercializar parte de su petróleo, debido a las sanciones de Estados Unidos, los ataques contra las refinerías sauditas, pueden dislocar los precios del crudo y tener implicaciones militares. Trump ha dicho que espera por las consideraciones del régimen saudí para actuar.

El escenario parece listo para un ataque de castigo contra Irán y Yemen en el cual, además de Estados Unidos y Arabia Saudita, puede involucrarse Israel. El pronóstico es reservado. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de septiembre de 2019

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto!

ELECCIONES EN ISRAEL: Gantz aventaja por poco a Netanyahu con el 90% del voto escrutado


El líder de la coalición Azul y Blanco afirma que trabajará para construir un ejecutivo "de unidad amplia" y que hablará con todos los partidos. El primer ministro saliente, por su lado, Netanyahu asegura que negociará para crear "un gobierno sionista fuerte" y alerta contra uno que dependa de los árabe

El Periódico  -  Ana Alba
Jerusalén -  18/09/2019 - 18:18

Un grupo de ultraortodoxos en el momento de votar en un colegio electoral en Bnei Brack. / AP / ODED BALITY

Con el 90% del voto escrutado en Israel, la coalición centrista-derechista de Azul y Blanco de Beni Ganzt mantiene una ligera ventaja frente al derechista Likud de Benjamín Netanayahu. Se mantiene pues el pulso entre los dos candidatos a dirigir el próximo Gobierno israelí.

Según datos del Comité Electoral Central, Azul y Blanco ha conseguido el 25,66 % de los sufragios, lo que correspondería a 32 escaños, uno más que el Likud, que con el 25,03 % de los sufragios se quedaría a 31 asientos.

Los sondeos a pie de urna de las televisiones israelís tampoco señalaron ayer noche un claro ganador de las elecciones generales tan solo cinco meses después de las anteriores y de que el proceso acabara sin la formación de un gobierno y la convocatoria de nuevos comicios.

Las encuestas mostraron un empate técnico entre los dos principales candidatos. El sondeo de la cadena de televisión Kan señaló un empate a 32 diputados entre el Likud, el partido de derechas liderado por Netanyahu, y la coalición centrista Azul y Blanco de Gantz. Los canales 12 y 13, en cambio, dieron la victoria a Gantz, por 33 o 34 asientos frente a 32 para Netanyahu. El escenario es similar al de los comicios de abril.

La gran incognita ahora, sea cual sea el resultado final, si algunos de los dos candidatos son capace de formar las coaliciones necesarias por poder formar un gobierno.

Alternativas

Los árabes solo entrarían en un gobierno israelí o le darían su apoyo externo si se aceptaran sus peticiones, a las que no va a atender ninguna formación. Gantz dijo durante la campaña que no quería el apoyo árabe.

La llave la tendrá, probablemente, el exministro de Defensa Avigdor Lieberman, cuyo partido de ultraderecha, Israel Nuestro Hogar, tendría entre 8 y 10 escaños. Netanyahu no puede formar un ejecutivo sin los escaños de Lieberman y parece claro que éste no tiene intención de ofrecérselos.

Lieberman se mostró partidario durante la campaña electoral de un Gobierno de unidad entre el Likud, Azul y Blanco y su partido, pero quizás exigirá que no esté liderado por Netanyahu. Otra posibilidad sería que el Likud y Azul y Blanco pactaran un Ejecutivo unitario.

Pero a juzgar por los dicursos que han pronunciado Netanyahu y Gantz ante sus simpatizantes en Tel Aviv, cada uno va a intentar formar Gobierno por su cuenta.

Unidad y reconciliación

Gantz subió al escenario del lugar donde se organizó el cuartel electoral de Azul y Blanco y prometió que trabajará para construir un "gobierno de unidad amplia" en Israel. "Debemos trabajar rápidamente" para reparar las divisiones en la sociedad israelí, indicó Gantz.

Israel "está herido y ha llegado el momento de curarlo (...) La unidad y la reconciliación están por delante", señaló el ex-general, e instó a sus rivales políticos "a trabajar juntos".

Gantz explicó que había hablado con los líderes de la coalición Laboristas-Gesher y de la Unión Democrática y Los tres acordaron reunirse pronto.

El líder de Azul y Blanco aseguró que tiene intención de llamar a Liberman pronto y que quiere hablar con "todos" los partidos.

"El viaje para reparar a la sociedad israelí comienza" esta noche, afirmó Gantz entre fervorosos aplausos de sus seguidores, que gritaban: "Aquí viene el próximo primer ministro de Israel".

"Por supuesto, esperaremos los resultados reales, pero parece que hemos cumplido nuestra misión" y "Netanyahu no", declaró Gantz.

Ataque a la Lista Conjunta árabe

El primer ministro israelí no tiene la misma sensación. Con voz ronca, pero con su contundencia habitual recalcó que Israel necesita "un gobierno fuerte, un gobierno estable, un gobierno sionista, un gobierno que esté comprometido con Israel como el Estado-nación del pueblo judío".

Ante los simpatizantes que se congregaron en la sede electoral del Likud, Netanyahu advirtió que "no puede haber un gobierno que confíe en los partidos árabes antisionistas, que alaban y glorifican a los terroristas, que matan a nuestros soldados, niños", en referencia a la Lista Conjunta árabe.

Desde el público, lo interrumpieron gritos de "no queremos la unidad", en referencia a un posible gobierno de unidad entre varias formaciones.

"Todavía estamos esperando los resultados. Pero una cosa está clara, el Estado de Israel se encuentra en un punto de inflexión histórico. Nos estamos enfrentando a inmensas oportunidades y desafíos, incluyendo la amenaza existencial de Irán", señaló Netanyahu.

Poder Judío, fuera

Los partidos ultraortodoxos Judaísmo Unido de la Torá y Shas, habrían obtenido 7 y 8 escaños, respectivamente. La formación nacional-religiosa Yemina (Derecha), de estrema derecha, habría logrado 7 asientos en el Parlamento, pero el partido más extremo, Otzma Yehudit (Poder Judío) quedaría fuera de la Cámara. 

Las coaliciones de centro-izquierda del Partido Laborista con Ghesher y la Unión Democrática, liderada por Meretz, tendrían solo cinco escaños cada una.

Mayor afluencia a las urnas

La afluencia a las urnas ha sido mayor de lo que esperaban la mayoría de analistas, que auguraban una apatía de muchos electores reacios a votar en comicios repetidos que no se ha producido. Según los datos del Comité Electoral, la participación en los comicios de hoy ha sido del 69,4%, un punto por encima de la del 9 de abril.

Casi 6,5 millones de israelís han votado en 10.885 centros electorales instalados en todo Israel y en las colonias judías en los territorios palestinos ocupados de Jerusalén Este y Cisjordania, así como en los Altos del Golán, zona siria ocupada.

Violación de la ley

"Espero que podamos cambiar al primer ministro. Quiero más igualdad y que se escuche a todo el mundo, no solo a algunos grupos", afirmaba Amnon Ramon, vecino de Jerusalén de 85 años, al salir de votar en un instituto del barrio de Rehavia.

"Ya no creo más en la división de derecha e izquierda, creo que hay gente preocupada por el país y otra más por ella misma. Netanyahu se está intentando salvar a él mismo", reiteró Ramon.

En cambio, Adina Messing, una enfermera de 25 años, madre de dos hijos, espera que Netanyahu vuelva a gobernar con la ayuda de partidos como el ultraderechista Yemina, el que ha votado para "crecer y construirnos como país judío y reconectar con nuestro pasado para conseguir un buen futuro".

La jornada electoral, que en Israel es festiva, ha transcurrido de forma pacífica, pero con pequeños incidentes, algunos protagonizados por Netanyahu, que ha violado la ley electoral al conceder dos entrevistas de radio. El mandatario se ha pasado el día llamando a los ciudadanos a votar para contrarrestar "la gran afluencia a las urnas en las zonas árabes y los bastiones de la izquierda".