sábado, 26 de octubre de 2019

Piñera pide la renuncia a todos sus ministros y propone el fin del estado de emergencia


RT  -   26 oct 2019 15:52 GMT

El presidente chileno ha anunciado un cambio de gabinete y posibles rebajas al precio de algunos servicios básicos.

El presidente Sebastián Piñera en Santiago, Chile, el 24 de octubre de 2019. Esteban Felix / AP

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, ha anunciado este sábado un cambio de gabinete y el posible levantamiento de los estados de emergencia decretados en varias partes del país.

"Quiero anunciar a todos mis compatriotas que, si las circunstancias lo permiten, es mi intención levantar todos los estados de emergencia a partir de las 24 horas del próximo domingo", declaró Piñera desde el Palacio de La Moneda.

"Adicionalmente, he pedido a todos los ministros poner sus cargos a disposición para poder estructurar un nuevo gabinete, para poder enfrentar estas nuevas demandas y hacernos cargo de los nuevos tiempos", aseveró el jefe de Estado chileno.

Piñera, por otra parte, ha propuesto al Congreso del país "una profunda y exigente agenda social" con el fin de introducir mejoras en los salarios de los trabajadores y las pensiones, así como de estabilizar los precios de los servicios básicos como la electricidad, el agua y los peajes.

Son 24 los ministros que fungen bajo la dirección del presidente chileno y que, según sus declaraciones, han debido renunciar. Piñera ha hecho un llamado a los chilenos a "iniciar la próxima semana con plena normalidad institucional y ciudadana".

La mayor marcha de Chile

Más de un millón de personas participó este viernes de la denominada 'marcha más grande de Chile' en contra de las políticas neoliberales del Gobierno.

Hasta ese día ascendía a 19 la cifra de fallecidos por la violencia en Chile en el marco de las masivas protestas antigubernamentales, en las que la Administración de Piñera ha sido señalada por el uso excesivo de la fuerza.

El mandatario ha calificado la marcha multitudinaria de un evento "alegre" y pacífico, mediante el cual "los chilenos piden un Chile más justo y solidario". "Todos hemos escuchado el mensaje. Todos hemos cambiado", aseguró el presidente.

Este sábado, los militares chilenos anunciaron la suspensión de los toques de queda que se habían decretado en múltiples zonas del país, entre ellos en Valparaíso, Concepción y Santiago.

MILITARIZAR LA DEMOCRACIA


Jorge Gómez Barata

Cuentan que Charles Maurice de Talleyrand, ministro de exteriores de Napoleón Bonaparte, advirtió al emperador: “Señor, las bayonetas sirven para muchas cosas, menos para gobernar sentado sobre ellas.”

Sebastián Piñera, presidente de Chile debería conocer la anécdota.

Un liberal consecuente y un demócrata militante, nunca llamaría a los militares para que, al amparo del estado de excepción, se hagan cargo de reducir a jovencitos que protestan y a los mayores que los apoyan.
Otorgar al ejército la custodia del orden público, los habilita para reprimir y mediante toques de queda encerrar a las personas en sus casas.

En Chile, el país que ha vivido la más reciente y cruenta experiencia de una dictadura militar, nunca debió ocurrir. El fantasma de Pinochet, debería haber impresionado al presidente más que las movilizaciones populares.

En casi todos los países latinoamericanos, circunstancialmente los militares se han apoderado del gobierno en detrimento de las instituciones civiles; en esta ocasión, un presidente civil, electo y en posesión de todas las prerrogativas constitucionales de su cargo, se los ha entregado gratuitamente. La excusa de que es algo temporal recuerda a quien reivindica la virginidad alegando que la penetración no fue total.

En América Latina, donde a lo largo de doscientos años los golpes de estado han sido una acción política común y los ejércitos han desempeñado el papel que corresponde a los partidos políticos, los militares se han apoderado del poder con los más diversos pretextos y es muy socorrida la excusa de que se trata de mediar en la lucha entre facciones, presentando a los uniformados como una entidad neutralmente impoluta.

El caso de Chile y del golpe de estado protagonizado por Augusto Pinochet contra el gobierno legítimo de Salvador Allende y que mantuvo a la élite militar en el poder por 17 largos años, fue de naturaleza típicamente ideológica. De lo que se trataba entonces era de, en connivencia con la oligarquía nativa y el imperialismo estadounidense, en nombre del anticomunismo, liquidar un gobierno de inspiración socialista y matriz genuinamente popular.

La primera medida que suelen adoptar los militares golpistas es decretar el “estado de emergencia” como parte del cual se suspenden las garantías constitucionales lo cual, de oficio implica, la prohibición de las manifestaciones, el establecimiento de la censura y por lo general a alguna moratoria en el funcionamiento de los parlamentos.

Los militares de hoy no tuvieron que acudir a esos extremos porque Piñera les hizo el trabajo sucio. Los llamó para que salieran de los cuarteles, les desató las manos al decretar el estado de emergencia y les permitió declarar toque de queda en urbes de la magnificencia de Santiago de Chile y Valparaíso.

Los chilenos a quienes les tomó diecisiete años desplazar del poder a Augusto Pinochet y reducir a los militares a la autoridad del poder civil, contemplan atónitos como Sebastián Piñera, retrotrae al país a las más amargas experiencias.

En América Latina, cuando los militares dan un golpe de estado, disuelven las instituciones, en Chile el presidente Sebastián Piñera ha pretendido disolver al pueblo para entregarle el poder a los militares. Abrir la puerta de la jaula es fácil, lo difícil es volver a encerrar a los gorriones. Allá nos vemos.

La Habana, 23 de octubre de 2019


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El presente artículo ha sido publicado por el diario ¡Por esto!

Neoliberalismo y pueblos indígenas en América Latina


Ollantay Itzamná

Tomado de internet

El neoliberalismo, como una etapa de la acumulación/especulación del capital por despojo, se fundamenta en la transferencia de bienes comunes y servicios públicos al sector privado, apertura de las fronteras comerciales (para el ingreso de los productos), reducción de las potestades estatales, disminución de la inversión social y precarización laboral.

Allá, por la década de los 60 del pasado siglo, cuando la oligarquía católica de Chile, en convenio con la USAID, importaban los “cerebros” neoliberales de la Universidad de Chicago, para implantar en Chile el “prototipo” del “desarrollo neoliberal” latinoamericano, casi nadie prestó resistencia.

Por mucho tiempo, este país suramericano se constituyó, con sus sistema económico, en el “modelo” a imitar para toda Latinoamérica.

Desde mediados de la década de los 80, inicios de los 90, en la mayoría de los países de América Latina se impulsó el modelo neoliberal, sin mayor resistencia social, mucho menos, política.  

El neoliberalismo se vendió como la panacea para el “subdesarrollo latinoamericano”. “El Estado es un mal administrador de los bienes y servicios, debemos dejar que el libre mercado decida todo”, fue la consigna.

A finales de la década de los 90 se vivió una de las primeras revueltas populares contra los impactos perversos del sistema neoliberal en la región. Primero fue el caracazo. Luego, emergieron las revueltas sociales en Ecuador, Argentina, Brasil y Bolivia. Fue en este último, donde, en el año 2000, se logró renacionalizar el agua que había sido privatizado.

En los casos de Ecuador y Bolivia, los movimientos indígenas y campesinos se constituyeron, y se constituyen, en el núcleo central de las acciones de resistencia al devastador sistema privatizador.

Gobiernos progresistas y agenda indígena

Las fuerzas sociales antineoliberales, vía elecciones, lograron colocar gobiernos progresistas (post neoliberales) en Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela. Éstos, a su vez, impulsaron inéditos procesos de integración regional sin la presencia de los EEUU, ni Canadá.

Bolivia fue y es el único país donde indígenas y campesinos “insubordinados” frente a los abusos del sistema neoliberal, mediante proceso democrático, lograron colocar en la Presidencia de la República a uno de sus dirigentes, Evo Morales. Además impulsaron un proceso constituyente incluyente, redactaron una nueva Constitución Política, y crearon un Estado Plurinacional en proceso de construcción.

Así, Bolivia, desde las honduras del desprecio a la que se había acostumbrado como país, resurgió refulgente como el Ave Fénix en el presente siglo, hasta constituirse en el modelo “referente” por su crecimiento económico, estabilidad social y democracia intercultural.

Los registros bibliográficos indican que durante los tres siglos de la Colonia europea las sublevaciones indígenas fueron constantes que durante las repúblicas. Muchas de ellas abonaron los inconclusos procesos de las “independencias republicanas” hace dos siglos atrás.

Durante las repúblicas bicentenarias, los pueblos indígenas subsistieron “reducidos” en sus territorios, en buena medida, fuera del alcance del poder del Estado nación. Hasta que apareció el depredador sistema neoliberal que busca y escarba todo por todas partes. Disputando, sobre todo, los bienes naturales cultivados o conservados en los territorios indígenas.

Las concesiones hidromineras y/o hidrocarburífereas activaron y activan acciones de resistencia sin precedentes, en países menos sospechados. Fue el pueblo Mapuche quien, con perseverancia estoica, inició la actual resistencia social en Chile (la Meca del neoliberalismo latinoamericano). Son los quechuas, shipibos, aymaras… quienes realizan acciones de protesta/resistencia al sistema neoliberal en el Perú.

Son los pueblos indígenas (que apenas suman el 7% del total de la población nacional) del Ecuador que, una vez más, hicieron “retroceder” a la desahuciada receta del FMI.

En Honduras, Guatemala, México… son los pueblos indígenas y campesinas, en buena medida, que denuncian y resisten al saqueo que sufren por parte de los agentes del sistema neoliberal.

Está claro que el sistema neoliberal avanzó en América Latina hasta encontrar resistencia social en los territorios indígenas. Al parecer que la “soberanía” y la “dignidad” ya no se disputan en la jurisdicción de los estados nacionales, sino en los territorios indígenas.

El reto está, para los pueblos indígenas en resistencia, en transitar de la resistencia social a la acción política, mediante organizaciones políticas propias, para disputar el poder y construir estados plurinacionales


Ollantay Itzamná
Defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos
@JubenalQ