martes, 29 de octubre de 2019

¿Si Evo Morales fuese blanco?


Ollantay Itzamná

Tomado de internet

Las reacciones simbólicas y materiales, incluso antes de los resultados finales del reciente proceso electoral boliviano, evidencian que las condiciones ontológicas de la “bolivianidad plurinacional” aún continúan presas del atavismo racista.

Los 13 años del “proceso de cambio” hacia el Estado Plurinacional, muy aplaudido en el exterior, al parecer, fue un barnizado muy delgado que a la primera “arenga contra el indio” se descascara mostrando las convicciones racistas más despreciables en distintos nichos sociales. Y lo más irrisorio es que justamente esta enfermedad social supura desde bolsones sociales de la clase media, y sectores urbanos, rotulados con sendos títulos académicos.

¿Si Evo fuese blanco?

Si bien en las cortes de Cádiz (1810), y en la Constitución Política de España (1812), se había debatido y aprobado que “todos los habitantes de las Américas, en igualdad de condición, podían ser electos representantes políticos”. Más sin embargo, los registros documentales indican que cuando los representantes indígenas ganaban curules o gobiernos locales (ayuntamientos), los españoles y/o los criollos, mediante impugnaciones legales (o anulación de procesos electorales) impedían que los indígenas electos asumiesen sus funciones. Casos como los de Arequipa, Perú, son ilustrativos de estas prácticas.

El 20 de octubre pasado, mediante una jornada electoral participativa, tranquila y transparente, Evo Morales ganó las elecciones presidenciales en Bolivia por cuarta vez consecutiva. Pero, los actores políticos opositores (la gran mayoría provenientes de la vieja clase media), sin presentar prueba alguna de fraude que reclamaban, difundieron y difunden sendos mensajes racistas contra Morales y sectores indígenas.

La Reina Isabel II de Inglaterra puede estar en el poder 65 años consecutivos (sin que medie elección popular alguna), pero un indígena no puede ser reelecto Presidente de forma indefinida.

Ángela Merkel, Canciller de Alemania, puede gobernar su país democráticamente por más de 14 años consecutivos, o los franceses pueden reelegir de forma indefinida a sus gobernantes, pero si los indígenas de Bolivia lo hacen, es considerado antidemocrático, dictatorial. Mucho más si el Presidente es indígena.

El Jefe de Gobierno del Estado del Vaticano puede ser electo de forma vitalicia (de por vida) como gobernante, pero, si los pueblos indígenas reeligen a uno de los suyos como su gobernante, hasta los obispos y cardenales convocan a su feligresía a la desobediencia civil.

En los 13 años de gobierno, Evo Morales legó grandes transformaciones materiales a Bolivia y evitó que este país se convirtiese en la Honduras o Guatemala de América del Sur. Pero, como es indígena, la esquizofrénica clase media boliviana asume que dichos cambios no son cambios positivos. Al “indio” no se le reconoce ningún mérito.

Uno de los legados morales del Presidente Morales es la ética del trabajo. No existió en América Latina otro dignatario que haya trabajado un promedio de 18 horas diarias como Morales. Pero, como para los “patrones y sus caporales” de América Latina el indio es haragán por naturaleza, entonces la laboriosidad de Morales no es ninguna virtud.

Sectores clasemedieros, encabezados por el triste y pusilánime historiador Carlos Mesa, presumen (sin prueba alguna) que Evo Morales hizo fraude en las recientes elecciones porque para ellos el indígena por natura es delincuente. En el imaginario de ellos, no existe un indígena honesto. Es más, su certeza de la natura delictiva de Evo se afianza en que quien Preside el Organismo Electoral Plurinacional de Bolivia es una mujer indígena con pollera. “Entre indios se socapan”, es la convicción que habita a “los mistis”, al parecer.

Lecciones de las reacciones al resultado electoral

Bolivia, en 13 años de proceso de cambio, evolucionó materialmente, pero moralmente continúa atávica a sus taras fundacionales. El país, a nivel general, aparenta transitar por los senderos de la democracia liberal, pero en el fondo se encuentra atascada en la repugnante estratificación social castiza. Se constata que las diferentes protestas sociales contra el “supuesto fraude electoral” expresan más la convicción racista que la vocación democrática.

La estructura estructurante de la colonialidad republicana que subsiste incólume en la Bolivia Plurinacional no puede continuar siendo “la postergada tarea” durante el proceso de cambio boliviano. Urge desmontar los mitos de la modernidad racista que se afianzaron aún más en estos últimos años.

No es suficiente con distribuir dinero a los empobrecidos para afianzarles en el sueño del “desarrollo” suicida. No es suficiente con abrir escuelas y entregar títulos universitarios que a  su vez afianzan el “orgullo individual” racista del boliviano.

Quienes habitamos en Bolivia podremos tener dinero, títulos, carreteras, satélites… pero, si continuamos escupiendo a lo que en esencia somos (plurinacionales), la esquizofrenia identitaria y cultural jamás nos permitirá despegar del lastre en el que nos encontramos como sociedad (en especial en los sectores de la clase media).

Ollantay Itzamná
Defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos
@JubenalQ

Advierten sobre creciente brecha de desigualdad en EE.UU.


Cubasí   -   PL  -  Martes, 29 Octubre 2019 10:48


Mientras la clase trabajadora y las familias estadounidenses empobrecidas tienen hoy menos riqueza real que hace 20 años, el uno por ciento más rico del país duplicó su fortuna en una generación, advirtió MarketWatch.

El sitio digital de información financiera, que difundió datos recientemente publicados por la Reserva Federal, explicó la situación del siguiente modo: la mitad de los estadounidenses no tiene casi nada, en tanto una pequeña fracción posee casi todo el capital. Y la brecha entre unos y otros crece cada año.

Una sociedad que permite que unos pocos capturen la mayor parte de la riqueza no es justa ni eficiente. Nadie puede afirmar que la economía de Estados Unidos está funcionando mejor ahora que cuando uno por ciento más rico solo tenía la mitad de sus posesiones actuales, señaló un artículo de opinión del portal.

Según el texto, podría ser diferente si los ricos realmente estuvieran invirtiendo su fortuna en la economía futura, pero no lo hacen, al menos, no lo suficiente.

Un uno por ciento de los hogares norteamericanos, aproximadamente 1,2 millones de familias, tiene un patrimonio neto de 35 billones (millones de millones) de dólares, equivalente al 32 por ciento del total del país y un incremento desde el 27 por ciento que acumulaban en 2009.

Al mismo tiempo, un 10 por ciento de la población estadounidense posee un patrimonio de 74 billones de dólares, el 69 por ciento de toda la riqueza de la nación, mientras la mitad más pobre, unos 60 millones de hogares, cuenta solo con un dos por ciento de la fortuna nacional, alrededor de dos billones de dólares.

Este último dato está por debajo de los 2,4 billones de dólares que, según ajustes por la inflación, tenían esos hogares en 1999.

Cuando se cumplen 10 años de la expansión económica que comenzó tras la llamada Gran Recesión de 2008, la riqueza está creciendo para cada grupo demográfico, 'pero los pocos siguen obteniendo el máximo, mientras que muchos reciben migajas', señaló MarketWatch.

De acuerdo con el medio, en los tres años transcurridos desde que se realizó la más reciente Encuesta de Finanzas del Consumidor, el uno por ciento más rico incrementó su riqueza en 7,1 billones de dólares.

El siguiente nueve por ciento más acaudalado sumó a su fortuna 5,8 billones de dólares, y, por debajo de ellos, un 40 por ciento de la población norteamericana aumentó su patrimonio en 5,2 billones.

Pero la mitad inferior de los habitantes del país agregó solamente 680 millones de dólares en la misma etapa, a pesar de toda la retórica sobre cómo la creación de riqueza se ha 'democratizado'.

'Una pequeña porción de la sociedad estadounidense está obteniendo cada vez más partes de la recompensa mientras un número creciente de familias se están quedando atrás', remarcó el sitio web.

POR QUÉ TRUMP ODIA EL SOCIALISMO


Jorge Gomez Barata

Donald Trump odia el socialismo por las mismas razones que lo hacen otras muchas personas que no lo comprenden ni saben de qué se trata exactamente. La diferencia es que, con sus diatribas, él procura legitimar algunas de sus políticas y obtener ventajas electorales.

Seguramente existen muchas personas, tal vez la mayoría, que no conocieron a la Unión Soviética ni a ningún otro país socialista y presentan déficits de lecturas sobre el tema y rechazan al socialismo por razones más que ideológicas, culturales. Se trata de reacciones derivadas, no de un conocimiento bien fundado o de alguna experiencia, sino de una percepción inducida por la propaganda anticomunista.

Para las personas que operan con tales códigos, el socialismo es igual a comunismo, comunismo a stalinismo y todo ello asociado a la errónea práctica política en la Unión Soviética que en 1991 colapsó. Más que de un conocimiento real esa percepción responde a estereotipos ideológicos fomentados por la propaganda anticomunista que, aunque en muchos sentidos fue mendaz, resultó extraordinariamente eficaz.

LA HISTORIA

En el siglo XIX, en Europa Occidental, cuyo núcleo estaba formado entonces por Inglaterra, Alemania y Francia, impulsado por la Revolución Industrial, cobró auge una versión sumamente primitiva del capitalismo basado en la introducción masiva de las máquinas, la aparición de la gran industria, el crecimiento exponencial de la clase obrera y su acelerada depauperación. Las ideas liberales que ya marcaban la pauta sirvieron de sostén a aquel sistema luego denominado “capitalismo salvaje”. En la práctica el liberalismo económico precedió al liberalismo político y la explotación capitalista a la democracia.

En aquel contexto, teniendo como precedentes los estudios económicos realizados por Adam Smith y David Ricardo, Karl Marx realizó investigaciones fundamentales sobre aquel modo de producción y las relaciones entre el capital y el trabajo que le permitieron elaborar los más profundos estudios críticos del capitalismo hasta ahora conocidos. Así, con otros elementos surgió lo que después se llamó “teoría del socialismo científico”.

Obviamente, no se trataba solo de Marx y Engels, sino de toda una magnifica generación de intelectuales, entre otros muchos, Joseph Proudhon, Ferdinand Lasalle, Mijaíl Bakunin, Karl Kautsky y el papa León XIII que pusieron su talento al servicio de la causa de los trabajadores y contribuyeron a su organización y movilización. En aquel contexto aparecieron los partidos obreros y de inspiración cristiana, se desarrollaron los sindicatos, incluso la Asociación Internacional de Trabajadores, realizando extraordinarios aportes a la cultura política contemporánea.

En esa dinámica el pensamiento social se dividió en tres grandes corrientes: el comunismo o socialismo, la socialdemocracia y el pensamiento social cristiano. Todas tienen en común la crítica al capitalismo, aunque se diferencian en el nivel de radicalismo con que encaran la solución de los grandes problemas sociales de la contemporaneidad.

Apreciado en su conjunto, el socialismo es un refinado fruto de la cultura política europea que, aunque derivado de la lucha de clases, lo mismo que el nacionalismo y el liberalismo con los cuales es compatible, se asocia al pensamiento social de vanguardia y es portador de propuestas políticas avanzadas que, sin etiquetarse, han encontrado expresión en Europa y sorpresivamente debutan con fuerza en los procesos electorales en los Estados Unidos, precisamente confrontando el programa político del presidente Donald Trump.

De haber estudiado a Marx el presidente se asombraría al descubrir lo cerca que esta su país del socialismo. “Cuando la sociedad ―escribió Marx― haya crecido en todos sus aspectos y manen a chorros los manantiales de las riquezas, la sociedad podrá escribir en sus banderas: De cada cual según su trabajo y reciba según sus necesidades…” Un día ocurrirá, no por efecto de la revolución sino de la evolución. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de octubre de 2019


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El presente artículo ha sido publicado por el diario ¡Por esto!