sábado, 21 de abril de 2018

SIEMPRE HAY UNA PRIMERA VEZ


Jorge Gómez Barata

Por no haberlo practicado, las élites políticas cubanas, los militantes, y el pueblo, pueden no reparar en las posibilidades que ofrece un cambio de gobierno, especialmente cuando se viven coyunturas tan singulares como las de Cuba, que enfrenta desafíos nacionales e internacionales trascendentales, y está obligada, tanto a persistir como a innovar en uno y otro campo.

En los modelos presidencialistas, a los que Cuba trata de aproximarse, muchos asuntos, especialmente los más urgentes, dependen de la gestión personal de los mandatarios, quienes, desde sus primeros días en el gobierno, elaboran y exponen su propia agenda, que aun cuando persista en las políticas y enfoques de su predecesor, necesariamente introduce innovaciones.

Usualmente, los nuevos presidentes se concentran en puntos nodales decisivos para el país y marcaran el perfil de su gestión. En el caso de las Isla, en mi opinión se trata de tres asuntos:

  1. Avanzar rápida e integralmente en el proceso de reformas puestos en marcha por su predecesor, el general de ejército Raúl Castro.

  1. Urgente reactivación de la economía, que necesita, no solo de la actualización del modelo económico, sino de una importante inyección de capitales provenientes de la inversión extranjera.

  1. Aunque es difícil, es preciso el máximo de esfuerzo para avanzar todo cuanto sea posible en la normalización de las relaciones con los Estados Unidos lo cual, entre otros elementos, requeriría de audacia y una alta dosis de determinación para lidiar con un adversario sumamente complicado. No obstante, la tarea es impostergable y el camino está abierto. Díaz Canel no parte de cero.

En lo que se refiere a las reformas internas, es preciso identificar y exponer los errores cometidos, que se mencionan sin explicar, avanzar en su corrección y reiniciar la marcha que inevitablemente conduce a la ampliación del trabajo por cuenta propia, y al crecimiento del sector no estatal de la economía con amplia participación de las cooperativas, las micro, pequeñas y medianas empresas privadas y otras iniciativas análogas.

El anuncio de que en tres meses se pondrá en marcha la redacción de una nueva constitución, ofrece a la administración de Miguel Díaz Canel-Bermúdez, la posibilidad de dar integralidad y amplitud a las reformas, desplazándolas hacia los ámbitos políticos y jurídicos. 

En el segundo punto de lo que pudiera ser una agenda presidencial figura la reactivación de la economía, requerida de avances sustantivos en la solución de la dualidad monetaria, en lo cual es preciso al menos comenzar a andar. No por ser presentado en segundo término son menos necesarias e importantes las reflexiones acerca de la propiedad y la reforma del sistema empresarial, para dar a la empresa estatal socialista las dimensiones que tendrá en el nuevo modelo, y que tal vez no debería ser la de hoy cuando abarca alrededor del 80 por ciento de la economía. El problema de los salarios, las pensiones, y el empleo que tiende a la precarización son inaplazables.

 A mi juicio, el presidente, su ministro de relaciones exteriores, y su gabinete económico: integrado por los ministros de economía, inversión extranjera, Banco Central y algunos de la esfera productiva, deben echar sobre sus hombros la búsqueda de inversión extranjera, lo cual requiere una conducta proactiva que significa salir a buscar, no préstamos ni ayudas, sino inversión directa. Elaborar carteras y catálogos para ofertarlos como si fueran un menú, no basta.          

Una nueva administración, así como subraya su compromiso de continuidad, debe marcar territorios, imprimir nuevos estilos, practicar métodos propios, ejercitar la iniciativa y tomar riesgos, asistida por la transparencia y aprovechando la oportunidad de desplegar una dirección colegiada.

Al partido y al nuevo presidente les toca resolver no solo problemas funcionales sino estructurales, entre otros qué hacer con la prensa. La luna de miel ha comenzado, pero el contrato social es mucho más que eso. Por lo pronto el nuevo presidente requiere de respaldo y apoyo sin llegar al extremo de que un día pueda reprocharnos porque: “Supimos elogiarlo, pero no defenderlo”. Buena suerte compañero presidente. Allá nos vemos.

La Habana, 21 de abril de 2018

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El presente artículo fue publica por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo indicar la fuente

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