miércoles, 4 de julio de 2018

¡ARRIBA MÉXICO!


Jorge Gómez Barata

La Revolución Mexicana de 1910 abrió un período de fecundos cambios, pero también de inevitable inestabilidad política, prolongada por más de veinte años, hasta que en 1934 el país asumió un ritmo de normalidad institucional. Por espacio de 84 años, regidos por la Constitución de 1917, comenzando por Lázaro Cárdenas todos los presidentes, en total quince, fueron electos y terminaron sus mandatos.

Cooptada por fenómenos extremadamente negativos como la corrupción y la violencia; la democracia, la normalidad institucional, la regularidad electoral, y la legalidad, aunque a veces de modo precario, han sustentado el sistema político, gestando hallazgos como la elección de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que puede dar lugar a uno de los más importantes momentos políticos de la república mexicana.

La elección de AMLO no es un regalo de la providencia, ni un hecho casual, sino resultado del proceso histórico de la sociedad mexicana, en el cual los cambios cualitativos que provienen de necesidades y urgencias, se expresan a escala social, y prevalecen sobre los enfoques sectarios o partidistas, y los liderazgos efímeros.

El nuevo presidente, que no es un demagogo ni un líder de probeta fabricado mediáticamente, no ha llegado a la jefatura del estado y del gobierno como parte de manipulaciones políticas ni por obra de alguna maquinaria, sino como resultado de un largo proceso, el cual permitió al pueblo mexicano la posibilidad de expresarse y decidir. López Obrador no es ni quiere ser un mesías, sino el líder que reclama el país que lo escogió entre varios para regir su destino en los próximos seis años.

Según enseña la experiencia histórica y lo prueba el errático desempeño de las fuerzas políticas mexicanas en las últimas décadas, la democracia, que en términos generales garantiza la legitimidad de los gobiernos fruto de elecciones, no asegura la eficiencia y la eficacia de las administraciones así instaladas. Lograr eficiencia, probidad, y consecuencia son los retos que enfrenta AMLO.

México necesitaba de un liderazgo del perfil que ofrece López Obrador, que no podrá realizar en solitario ni pobremente acompañado la inmensa obra que tiene por delante, no solo en el plano interno sino también en el internacional, especialmente en el reordenamiento de las relaciones del país con los Estados Unidos.

Para cumplir su programa el nuevo presidente necesita, como ocurrió en otros momentos decisivos de su historia, que el país se una y lo respalde, formando una gran coalición nacional que no necesita de exhortaciones al radicalismo ni a la confrontación, con poderosas fuerzas internas y externas, no requiere de etiquetas ideológicas sectarias, ni de compromisos internacionales a priori, sino de unidad, apoyo, y comprensión.

El primer paso esta dado y el pueblo está erguido, firme, y listo para comenzar a caminar, no detrás ni delante, sino al lado del líder que ha elegido. Bienaventurados los hombres de buena voluntad, de ellos y de quienes los acompañen en estos años decisivos será la victoria.

¡Arriba México! Allá nos vemos.

La Habana, 03 de julio de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! al reproducirlo indicar la fuente.

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